Mexicali, B.C–Lo que comenzó en 1997 con un joven que decidió compartir café y donas en las calles de Mexicali terminó convirtiéndose en un ministerio que lleva alimento, ropa, acompañamiento a personas necesitadas y, sobre todo, un espacio donde puedan sentirse escuchadas.
Fernando Jaquez Ruiz, fundador y pastor del Ministerio El Buen Samaritano, recordó que uno de los momentos que marcó el rumbo de esta labor ocurrió cuando observó a niños en situación de calle en la colonia Hidalgo, una zona que, señaló, siempre ha sido considerada problemática.
Más allá de señalar la situación, decidió buscar una manera de ayudar y comenzó a acercar sus esfuerzos a quienes se encontraban en condiciones de vulnerabilidad, una labor que posteriormente extendió hacia personas migrantes y otros sectores de la población.
Fernando Jaquez Ruiz, fundador y pastor del Ministerio El Buen Samaritano.?Foto: Juan J. MoralesCon el paso de los años, aquella iniciativa creció hasta convertirse en un ministerio que con 7 años desde su creación ha realizado recorridos por distintos puntos de Mexicali, principalmente en aquellos lugares donde consideran que otros programas de asistencia tienen menor presencia.
Los integrantes de El Buen Samaritano además de entregar alimentos y ropa, organizan actividades de pintura, música y convivencia, mientras mantienen contacto con personas que buscan algún tipo de acompañamiento principalmente con menores de edad a quienes buscan alejar de los peligros de las calles.
De ser solo una decena de colaboradores a más de 100
Fernando detalló que el Buen Samaritano comenzó con alrededor de 10 personas, pero con el paso del tiempo el número de colaboradores aumentó a más de 100 en Mexicali, quienes se organizan en grupos para llevar la ayuda a distintos sectores de la ciudad, actualmente el apoyo llega a alrededor de 300 personas.
El fundador del Buen Samaritano detalló que parte de los recursos utilizados durante las actividades proviene de empresas y colaboradores de distintos estados que se han sumado al proyecto, mientras que las redes sociales, principalmente Facebook, se han convertido en una herramienta importante para encontrar personas interesadas en colaborar.
Jaquez explicó que el ministerio no sale directamente a solicitar ayuda, sino que son empresas y organizaciones las que se acercan por iniciativa propia para donar comida, ropa e incluso aportar con distintos servicios.
Los integrantes de El Buen Samaritano además de entregar alimentos y ropa, organizan actividades de pintura, música y convivencia.?Foto: Juan J. MoralesLa pandemia representó otro punto de crecimiento para el ministerio, ya que durante ese periodo ampliaron sus recorridos y comenzaron a salir prácticamente cualquier día y horario.
La principal misión, explicó Fernando, era encontrar a las personas justamente en los momentos y lugares donde podían localizarlas.
Actualmente, los recorridos continúan por diferentes puntos de Mexicali, con la intención de acercarse a quienes enfrentan alguna situación de vulnerabilidad y que, por distintas circunstancias, pueden quedar fuera de otros esquemas de asistencia.
Para Fernando y los integrantes del ministerio, la intención no es esperar a que alguien llegue a pedir apoyo, sino acercarse directamente a los sitios donde detectan una necesidad.
La historia personal detrás del ministerio
Desde pequeño Fernando estuvo relacionado con la religión y aseguró que algunas de las experiencias que ha atravesado similares a quienes busca ayudar le han permitido comprender parte de las situaciones que viven las personas que actualmente se acercan al ministerio.
Sus problemas en el desarrollo de lenguaje que presenta desde los siete años no le han impedido continuar compartiendo su mensaje y participando en las actividades de El Buen Samaritano.
A la par de su trabajo en las calles, Fernando ha buscado capacitarse y conocer experiencias de trabajo comunitario en lugares como Washington, Pensilvania y California, con el objetivo de mejorar la atención que brindan.
El ministerio también mantiene vínculos con profesionales de la psicología y centros de rehabilitación, buscando que quienes se acercan puedan tomar sus propias decisiones y encontrar alternativas que vayan más allá de recibir una comida o una prenda.
Foto: CortesíaCon presencia en Mexicali y California, El Buen Samaritano también cuenta con cuatro personas que Fernando considera sus principales pilares y quienes se encargan de continuar con las actividades cuando él se ausenta.
Para el pastor, cada recorrido y cada caso representan una oportunidad de mantener vivo el propósito con el que comenzó hace casi tres décadas: “recuperar la empatía y volver a mirar al otro como ser humano”.
Esa búsqueda es la que lleva a los integrantes del Buen Samaritano a salir de los lugares habituales, recorrer nuevos puntos y tocar puertas donde quizá nadie más se ha detenido.
Porque para ellos, ayudar no siempre significa esperar a que alguien llegue; muchas veces significa salir a buscarlo.