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Mundiario 12 Aug, 2026 01:13

El Teresa Herrera recupera su grandeza con un Deportivo-Real Madrid de otro tiempo

La Torre de Hércules volverá a levantarse este miércoles sobre el césped de Riazor. No será la original, sino su imponente réplica de plata y oro, una pieza de alrededor de 40 kilos que resume mejor que ningún discurso la singularidad del Trofeo Teresa Herrera. Pocos torneos amistosos pueden presumir de un galardón semejante; todavía menos, de una historia que comienza en 1946 y alcanza ya su 81ª edición.

El partido entre el Real Club Deportivo de A Coruña y el Real Madrid –a las 21.00 horas, con emisión de La 1, Realmadrid TV y RM Play– contiene algo más que el interés habitual de la pretemporada. Supone el reencuentro de dos equipos que han cambiado profundamente desde su última coincidencia en este escenario, hace 13 años. También representa un intento de recuperar el prestigio de una competición que durante décadas convirtió a A Coruña en una de las capitales estivales del fútbol internacional.

El Teresa Herrera fue, antes de que el mercado global alterase las pretemporadas, una especie de campeonato oficioso entre grandes clubes. Por Riazor pasaron siete campeones de Europa –Real Madrid, Barcelona, Benfica, Oporto, PSV Eindhoven, Estrella Roja y Bayern de Múnich– y otros siete ganadores de la Copa Libertadores: Peñarol, Vasco da Gama, Nacional de Montevideo, Santos, Botafogo, São Paulo y Fluminense.

El regreso del Madrid devuelve al torneo parte de su dimensión internacional. El Deportivo convierte la fiesta en el último ensayo antes de la Liga

Aquellos carteles resultan hoy casi irrepetibles. Las giras por Estados Unidos y Asia, los compromisos comerciales y un calendario cada vez más congestionado desplazaron a los torneos tradicionales. El fútbol de agosto dejó de servir para presentar a los equipos ante sus aficionados y pasó a organizarse, sobre todo, allí donde aparecían mayores ingresos. El Teresa Herrera sufrió esa transformación, agravada por la pandemia y por el descenso deportivo del propio Deportivo.

La visita del Real Madrid no devuelve automáticamente el torneo a su edad de oro, pero sí interrumpe ese progresivo alejamiento de la primera línea. El último gran invitado había sido el Betis, en 2019. La presencia del conjunto blanco, aunque llegue sin varias de sus principales figuras, permite recuperar una noche reconocible para una ciudad que siempre entendió este trofeo como parte de su patrimonio deportivo y sentimental.

El laboratorio de Mourinho

José Mourinho afronta en Riazor el penúltimo ensayo antes del comienzo de la Liga, previsto diez días después en Cornellà-El Prat. El Madrid viaja sin Mbappé, Bellingham, Tchouaméni, Konaté, Cucurella ni Diomande, pero con una convocatoria suficientemente atractiva para medir la evolución de un equipo todavía en construcción.

Entre los citados figuran Lunin y Sergio Mestre como porteros; Huijsen, Trent Alexander-Arnold, Álvaro Carreras, Rüdiger, Dumfries, Joan Martínez, Lamini y Mario Rivas en defensa; Camavinga, Valverde, Arda Güler, Bernardo, Cestero, Lacosta y Alexis Ciria en el centro del campo; y Vinícius, Endrick, Brahim, C. Espí y Daniel Yáñez en ataque.

Los 18 años que encadenó el Real Madrid sin ganar en Riazor aún perviven en la memoria del equipo que vuelve a liderar Mourinho

La ausencia de varios mundialistas ofrecerá oportunidades a jóvenes y secundarios, pero la principal atención recaerá probablemente sobre Arda Güler. El futbolista turco dejó ante la Fiorentina y el Ferencváros dos asistencias que volvieron a mostrar su mayor virtud: la capacidad para descubrir soluciones cuando el partido se cierra y la velocidad deja de ser suficiente. En el trasfondo, un dato inolvidable: los 18 años que encadenó el Madrid sin ganar en Riazor, que aún perviven en la memoria del equipo que vuelve a liderar Mourinho. 

El Madrid que empieza a dibujar el técnico portugués parece orientado hacia la intensidad, la presión y las transiciones rápidas. Las incorporaciones de jugadores como Dumfries encajan en esa idea de un equipo poderoso y agresivo en los desplazamientos. Sin embargo, ninguna gran plantilla puede vivir exclusivamente del espacio abierto. Cuando el adversario se repliega, reduce las distancias y obliga a atacar en pocos metros, hacen falta futbolistas capaces de interpretar los huecos antes de que aparezcan.

Ahí reside la importancia de Güler. La duda no está tanto en su talento como en el lugar desde el que podrá ejercerlo. Durante la pretemporada ha ocupado posiciones próximas al área, en una zona que previsiblemente pertenecerá a Bellingham cuando el inglés se reincorpore. También podría retrasar su ubicación e intervenir en la organización, aunque su encaje en un doble pivote plantea mayores exigencias defensivas y de equilibrio.

Riazor será otra prueba para determinar si el turco puede convertirse en una pieza estructural o continuará siendo un recurso de enorme calidad, pero condicionado por el dibujo. En una plantilla con Vinícius, Mbappé, Bellingham y otros futbolistas acostumbrados a ocupar los espacios decisivos, encontrar un lugar estable puede resultar tan difícil como demostrar el talento.

Mourinho también podría abandonar la pareja de centrales formada hasta ahora por los canteranos Joan Martínez y Mario Rivas para juntar a Rüdiger y Huijsen. Será un paso hacia una alineación más reconocible, aunque todavía provisional. La pretemporada permite sacar conclusiones, pero también invita a exagerarlas: ni una victoria convierte un ensayo en una certeza ni una mala noche define el curso que comienza.

Vinícius, la figura del cartel

En ausencia de Mbappé y Bellingham, Vinícius será el principal reclamo madridista. El brasileño disputó ya algunos minutos en Hungría y todo apunta a que tendrá en A Coruña un protagonismo mayor. Después de un prolongado proceso de renovación, su presencia simboliza la apuesta conjunta del jugador y del club hasta 2032.

Vinícius continúa siendo uno de los futbolistas más determinantes del mundo cuando dispone de espacio, aunque el nuevo Madrid deberá resolver cómo coordinar su peso ofensivo con el de Mbappé y Diomande. La cuestión no consiste únicamente en reunir talento, sino en distribuir responsabilidades y evitar que varios atacantes pretendan iniciar sus acciones desde las mismas zonas.

El Teresa Herrera no despejará todas esas incógnitas, especialmente porque Mourinho no dispone aún de su plantilla completa. Sí permitirá observar el grado de compromiso del equipo y su capacidad para responder ante un rival estimulado por el ambiente. Riazor no juzgará el resultado como si estuviera en juego un título oficial, pero tampoco recibirá al Madrid con indiferencia.

El regreso del Deportivo

Si el Madrid llega en pleno proceso de reconstrucción, el Deportivo comparece después de una reconstrucción mucho más larga y dolorosa. El club coruñés ha necesitado superar tres temporadas en la tercera categoría, regresar a Segunda y culminar después el ascenso a Primera. Ese recorrido explica que el encuentro se viva como algo más que una presentación.

También ha cambiado el nombre oficial de la entidad, ahora Real Club Deportivo de A Coruña tras la modificación aprobada ampliamente por sus socios para adaptarlo a la toponimia oficial de la ciudad. Pero la transformación verdaderamente importante ha ocurrido sobre el césped y en las gradas: el Deportivo vuelve a sentirse parte del fútbol que durante demasiado tiempo contempló desde lejos.

Antonio Hidalgo ha construido un equipo reconocible, competitivo y con una interesante combinación de experiencia, cantera y talento diferencial. Aubameyang, a sus 37 años, aporta una trayectoria internacional excepcional. Angeliño regresa al club en el que se formó después de una larga carrera europea. Kevin Fernández representa la continuidad de Abegondo, mientras que Yeremay encarna la imaginación y el desequilibrio que enamoraron a la afición durante la pasada temporada.

El club ha invertido para que el ascenso no sea una escala fugaz. La llegada de Leo Román, Aubameyang y Angeliño revela ambición, aunque también eleva las expectativas y obliga a gestionar con prudencia los recursos. La historia reciente del Deportivo aconseja celebrar el regreso sin confundirlo con una recuperación completa. Volver a Primera era el primer gran objetivo; consolidarse será probablemente más difícil.

La pretemporada invita al optimismo. El equipo permanece invicto después de tres victorias y tres empates y logró igualar con la Fiorentina, el mismo rival ante el que también empató el Real Madrid días después. La comparación tiene un valor limitado, pero confirma que el conjunto coruñés llega preparado para competir.

Con todo, el partido decisivo no será el de este miércoles, sino el del lunes frente al Elche. El Teresa Herrera es la fiesta; la Liga será el examen. Hidalgo deberá equilibrar el deseo de ofrecer una buena imagen ante su afición con la necesidad de reservar fuerzas y evitar contratiempos a cinco días del estreno oficial. @mundiario

Voa. / YouTube

Un himno para acompañar el regreso

La presentación del himno Voa, concebido como una canción colectiva de pertenencia y resistencia, completa una noche cargada de simbolismo. El Deportivo busca reconstruir no solo un equipo, sino también el vínculo emocional entre el club, la ciudad y las nuevas generaciones de aficionados.

En eso consistían antiguamente los grandes torneos de verano. Presentaban fichajes cuando todavía no existía la exposición permanente de las redes sociales, permitían reencontrarse con el estadio y ayudaban a sobrellevar las últimas semanas sin competición oficial. Había curiosidad, ilusión y una cierta inocencia que el fútbol contemporáneo, sometido a un flujo inagotable de información, ha ido perdiendo.

El Teresa Herrera nació en 1946 para honrar a Teresa Herrera, benefactora vinculada al primer hospital público de A Coruña, y tuvo inicialmente una finalidad benéfica. El Deportivo no participó hasta 1955, pero acabaría convirtiéndose en el equipo que más veces levantó el trofeo. El Real Madrid ocupa el segundo lugar en el palmarés histórico, con nueve títulos en 19 apariciones.

Sus últimas visitas resumen épocas muy distintas. Perdió en 2001 y 2003 frente al Superdépor, cuando el conjunto coruñés discutía títulos a los grandes. Regresó en 2013 y ganó con Carlo Ancelotti recién llegado al banquillo, al comienzo de la temporada que culminaría con la Décima. Desde entonces, el Madrid y el Deportivo recorrieron caminos radicalmente diferentes.

Ahora vuelven a encontrarse con Mourinho como único superviviente madridista de aquella edición y con un anfitrión que ha logrado regresar de su particular travesía. No será el Superdépor frente al Madrid de las grandes figuras, pero tampoco pretende serlo. El valor de esta 81ª edición reside precisamente en unir memoria y presente sin confundirlos.

Riazor recupera una de esas noches que parecían pertenecer a otro fútbol. El Real Madrid probará sus nuevas ideas; el Deportivo celebrará ante su gente que vuelve a Primera; Arda Güler intentará ganarse un lugar; Vinícius dará brillo al cartel; y la gran Torre de plata y oro aguardará al vencedor. Será un amistoso, sí, pero algunos amistosos custodian una historia que merece seguir siendo contada. @mundiario

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