Luiz Inácio Lula da Silva ha decidido acercarse al lugar donde se libra una de las grandes contradicciones de su tercer mandato. A 175 kilómetros de la costa del Amapá, frente a la desembocadura del río Amazonas, la estatal Petrobras ha encontrado petróleo y el presidente brasileño ha querido estar allí para reivindicar que Brasil no piensa renunciar a sus recursos naturales.
El viaje presidencial ocurre justo después del arranque de la campaña presidencial de cara a las elecciones de octubre. Lula ha presentado el descubrimiento como un nuevo símbolo de soberanía y prosperidad. Pero el escenario elegido es también el más incómodo posible para un mandatario que ha convertido la protección de la Amazonía y la lucha contra el cambio climático en una de sus principales señas de identidad.
El petróleo aparece precisamente frente a una de las regiones ambientalmente más delicadas del planeta, y Lula pretende que ambas cosas sean compatibles. Brasil quiere reducir su dependencia de los combustibles fósiles y, al mismo tiempo, ampliar sus reservas de petróleo para garantizar ingresos, seguridad energética y capacidad de financiación de la transición climática.
El presidente ha visitado el buque-sonda de Petrobras que perfora el pozo Morpho, en la denominada Margen Ecuatorial, para respaldar públicamente la exploración. “Esto significa soberanía nacional”, ha proclamado Lula, que ha defendido que un país con reservas de petróleo de esta calidad no puede renunciar a investigarlas. El mensaje del líder del Partido de los Trabajadores (PT) recupera deliberadamente el espíritu de otro gran descubrimiento de Petrobras, el presal, localizado en 2006 durante el primer mandato de Lula y convertido posteriormente en uno de los pilares de la producción energética brasileña.
La diferencia ahora es el lugar. El nuevo hallazgo se encuentra frente a una costa amazónica caracterizada por sus manglares, una biodiversidad extraordinaria y ecosistemas que todavía presentan importantes zonas insuficientemente estudiadas. La zona también alberga comunidades indígenas cuya actividad económica y modo de vida dependen directamente de los recursos naturales.
Petrobras forte é Brasil soberano. ??
— Lula (@LulaOficial) August 17, 2026
A descoberta de petróleo de alta qualidade na Margem Equatorial, no Amapá, abre novas perspectivas para o futuro do Brasil e reforça o potencial energético do país.
É a Petrobras forte, conhecimento científico, tecnologia e inovação a… pic.twitter.com/bFl58SbpYH
Petrobras todavía no sabe cuánto petróleo hay
La euforia presidencial tiene, por ahora, una limitación fundamental: Petrobras todavía desconoce el tamaño exacto del yacimiento. La presidenta de la compañía, Magda Chambriard, ha confirmado que existe petróleo y ha expresado su optimismo, pero ha advertido de que todavía hay que determinar cuánto crudo contiene la estructura geológica y si su explotación resulta comercialmente viable.
La perforación del pozo Morpho podría prolongarse entre 15 y 20 días. Petrobras pretende realizar posteriormente nuevas perforaciones para dimensionar la reserva y estudiar el potencial de toda la región. Es decir, Brasil ha encontrado petróleo, pero todavía no ha encontrado una nueva Arabia Saudí amazónica. Queda por saber si el descubrimiento permitirá desarrollar una producción suficientemente grande y rentable como para alterar de manera significativa el mapa energético brasileño.
La compañía sostiene que necesita explorar nuevas zonas porque el presal, responsable de aproximadamente el 80 % de la producción actual del país, podría alcanzar su máximo productivo entre 2034 y 2035. Si Brasil quiere seguir siendo una potencia petrolera durante las próximas décadas, y escalar del séptimo al quinto puesto, necesita nuevas reservas.
El Gobierno promete proteger la Amazonia
Lula ha intentado adelantarse a las críticas ambientales. Durante su visita, ha subrayado que no pretende abandonar su compromiso con la protección del medio ambiente y ha defendido la necesidad de mantener la transición energética. Su razonamiento es que Brasil todavía necesitará petróleo durante años y puede utilizar los ingresos obtenidos de su explotación para financiar el cambio hacia una economía menos dependiente de los combustibles fósiles.
Es una estrategia de transición que el Gobierno presenta como pragmática para producir mientras exista demanda mundial, obtener recursos de esa actividad y emplearlos para acelerar las energías renovables. Pero sus detractores plantean una objeción de fondo, si el mundo necesita reducir rápidamente las emisiones, abrir nuevas fronteras petroleras puede prolongar precisamente la dependencia que se pretende superar. El dilema es especialmente evidente en Brasil, un país que pretende ejercer simultáneamente como potencia petrolera y potencia ambiental.
El conflicto no está resuelto ni siquiera dentro del proceso administrativo. El Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (Ibama) ha autorizado la perforación del pozo Morpho, pero no ha dado luz verde todavía a otros tres pozos que Petrobras considera necesarios para evaluar correctamente el potencial de la región. La exploración ya ha sufrido problemas. En enero se produjo un incidente relacionado con un escape de fluido que obligó a interrumpir temporalmente los trabajos. Petrobras recibió una multa de 2,5 millones de reales y las operaciones se reanudaron posteriormente.
Además, el Ibama ha considerado el impacto ambiental del proyecto dentro del nivel máximo previsto para calcular la compensación ambiental, debido a la magnitud de la actividad y a los riesgos potenciales para la biodiversidad. La preocupación no es únicamente teórica. Un accidente petrolero en esta zona afectaría a manglares y ecosistemas costeros especialmente sensibles. Y una eventual contaminación tendría que enfrentarse a unas condiciones geográficas y oceanográficas complejas en una región donde todavía existen importantes lagunas de conocimiento científico. @mundiario