Se dice que, antes de llegar a este mundo, existe otro estado de existencia desde el cual cada ser elige el momento para nacer. Es una idea que puede parecer difícil de explicar, pero también es tan profunda como haber aceptado una invitación a vivir.
Actualmente en las redes sociales hay innumerables ideas, comunicaciones e hipótesis acerca de lo que significa estar aquí. Se habla de destino, libre albedrío, vidas pasadas, propósito, energía, manifestación, leyes universales y de la posibilidad de que cada persona sea, de alguna manera, co-creadora de su realidad junto con Dios.
También se habla sobre qué es Dios y si todo lo que sucede ya estaba escrito o si cada decisión modifica el camino. Ante tanta información, es muy fácil sentirse confundido.
Tantos conceptos puede convertirse en una verdadera infoxicación espiritual. Y quizá, justamente entonces, sea necesario detenerse. Regresar a las bases. Volver a lo esencial. Porque, independientemente de aquello en lo que usted crea, hay verdades que no necesitan demasiadas teorías para ser comprendidas, como hacer lo correcto sin que nadie le vea, tratar con dignidad a los demás, etc. siguen y seguirán siendo expresiones de grandeza humana.
Actuar con buena voluntad sigue siendo un camino que ennoblece la existencia. Nada puede sustituir la paz interior que nace cuando usted sabe que actuó de acuerdo con su conciencia, que eligió la opción ética, que pudo haber tomado un camino más fácil, pero prefirió aquel que le permitía conservar su integridad. E
sa tranquilidad no se paga con nada. Y no se requieren ideas complejas para comprenderlo, sino actuar con corazón. Nada, ni mil cursos, ni rituales, ni actos religiosos, ni pases mágicos, sustituyen los poderosos efectos de una buena obra.
Una palabra amable, una mano extendida, un acto de generosidad, una disculpa sincera o la decisión de no hacer daño pueden parecer gestos sencillos, pero son acciones que nos elevan como seres humanos.
Nada se compara con la satisfacción de alcanzar una meta sabiendo que fue construida paso a paso, con entusiasmo, disciplina, esfuerzo y perseverancia, ese sabor especial en aquello que se gana por el camino derecho. Quizá, después de todo, no sea tan importante saber con absoluta certeza si usted eligió el día de su nacimiento antes de llegar a este mundo.
Tal vez tampoco sea indispensable conocer si cada acontecimiento estaba pactado o si usted participa como co-creador de su destino. Lo verdaderamente importante, y que no se nos debe olvidar, es quiénes somos ante cada elección que tenemos enfrente, momento a momento.
Si alguna fuerza superior nos llamó a existir, entonces honrar esa oportunidad con enorme gratitud puede ser la mejor manera de responder. Vivir con amor. Actuar con nobleza. Procurar el bien. Aprender de lo vivido. Disfrutar lo sencillo. Cuidar a quienes caminan a su lado. Levantarse después de cada caída. Seguir avanzando con fe y pasión.
Pero, principalmente, ser personas agradecidas. Porque, después de todo, la vida en sí misma, es el mayor regalo. Encontrar una teoría perfecta sobre la existencia, no es realmente relevante si lo vemos con los ojos del corazón.
Y si alguna vez, desde otro estado de existencia, elegimos venir hasta aquí, honremos esa decisión viviendo plenamente, amando profundamente, haciendo el bien y agradeciendo por absolutamente todo cuando nos ha tocado en el camino. Gracias, Dios. Gracias, Vida. Gracias infinitas por permitirme estar aquí.