Nada increíble es la hipótesis policiaca y militar sobre el último gran narco laboratorio descubierto en Chihuahua atribuido por esas mismas áreas de inteligencia a dos facciones aliadas del Cártel de Sinaloa, Los Cabrera, con centro de Operaciones en Durango; y Los Salgueiro, con su base justo de la zona del hallazgo, Parral, hasta la línea con Badiraguato.
La fábrica narca operaba a solo 30 kilómetros de Parral. Cree la Secretaría de Seguridad Pública del Estado (SSPE) que ahí eran producidos alrededor de dos toneladas de cristal mensuales.
Horas después del primer descubrimiento, los policías y militares hallaron otro campamento muy cerca de ahí también con gran cantidad utensilios y materiales para fabricar esa misma droga.
Aunque para efectos oficiales la SSPE dio a conocer que el descubrimiento obedeció a la alta tecnología de la plataforma Centinela, seguimiento de cámaras de vigilancia, satélites, intervención de teléfonos, etc., es posible que haya algo de eso pero la teoría de investigadores en la materia incluye de manera primordial a “pitazos” que habrían surgido desde otras facciones del propio Cártel de Sinaloa.
Consideran que “se están poniendo entre ellos”, entre facciones, debido a la guerra que libran por el control sostenido de una plaza como Chihuahua capital, en manos mayoritariamente sí del Cártel de Sinaloa, pero dividida entre los Salgueiro con el apoyo y patrocinio de Los Cabrera, y otros dos grupos menos ruidosos, pero con bastante fuerza, “Los Verines” y “Los Capus”, los primeros liderados por Salvador Sánchez Verín, y los segundos por Edgar Ariel Pando.
Hace apenas unos meses, el 29 de mayo, el Ejército, la Guardia Nacional y la Fiscalía General de la República (FGR), se adjudicaron el hallazgo y destrucción de otro narco laboratorio ubicado en el ejido Ocampo, a solo 30 kilómetros al norte de la ciudad de Chihuahua, casi pegado a la zona urbana.
Hallaron lo de siempre en estos casos, gran cantidad de ácido tartárico (más de 100 costales), tambos con cianuro, muchos tanques de gas y demás utensilios para la “cocina” de metanfetamina, esa droga que tiene convertidos en zombies, en indigentes que deambulan por las calles, a cientos de jóvenes habitantes justo de la ciudad de Chihuahua.
Presumiblemente el negocio era propiedad justamente de “El Verín”, trasladado hace meses del Cereso de Aquiles Serdán a un reclusorio federal, y de “El Capu”, aún en libertad.
Casualmente ninguno de los dos hechos fue presumido por la embajada de los Estados Unidos en México o de cualquiera de sus instituciones de seguridad a pesar que allá permanece declarada la guerra por el actual régimen contra el fentanilo, el cristal y todos los narcóticos sintéticos que han provocado la muerte de millones de norteamericanos…
Hasta Ronald Johnson, el embajador norteamericano en México, salió a la carrera para informar que la detención de un jefe muy menor de La Línea en Ojinaga, Epifanio V. P. por parte de “las autoridades mexicanas” fue gracias al “intercambio de información con autoridades de los Estados Unidos”. Fue apenas a principios de semana.
Cuando hay participación estadunidense en los operativos contra el crimen en territorio mexicano casi siempre lo publicitan los vecinos, salvo la excepción del mega narcolaboratorio que produjo aquel escándalo binacional debido a la intervención directa de la CIA.
La narrativa mediática para este tipo de efectos fue modificada en el caso de El Pinal, Morelos (Chihuahua) por la fatal circunstancia que derivó en la muerte de los dos elementos de la CIA, el jefe estatal de la Agencia Estatal de Investigaciones y su chofer-escolta.
Si esas muertes no hubieran ocurrido en aquel impensado, torpísimo accidente, increíble para el nivel jerárquico, técnico-policiaco y representativo de los fallecidos en el operativo, todos hubieran regresado a sus respectivas bases laborales; unos a Chihuahua capital y otros a Monterrey, y como confeti hubieran sido emitido boletines tanto del Departamento de Estado de Estados Unidos como de la Presidencia de México, presumiendo el golpe, pues también participó el Ejercito azteca aunque todo el plan fue dirigido por la AEI.
Entonces algo pasa que nos lleva a parte de la conclusión sobre el imparable río de anfetaminas; de cristal, de fentanilo, que sigue corriendo por todo el país, con todo y no solo colaboración, sino presión, del gobierno estadunidense. “La cabeza de la serpiente de los cárteles de la droga está en México… Hay territorios, vastos territorios, en México que no están bajo el control del Estado", dijo Marco Rubio, el secretario de Estado norteamericano, esta misma semana en Ecuador.
A solo 30 kilómetros de una ciudad grande, importante, Parral, eran cocinados 500 kilos de cristal semanales bajo el patrocinio de dos facciones del Cártel de Sinaloa con enorme influencia casi en todo Chihuahua, completa en Durango y gran parte de Sinaloa (con los Mayitos Flaco).
A únicamente 30 kilómetros de la capital del estado estuvo el otro narco laboratorio del que no fueron ofrecidos detalles oficiales sobre su producción, pero las autoridades federales afirmaron oficialmente que hubo una afectación para sus propietarios de dos mil 957 millones de pesos.
Debe deducirse que mucha de esa droga producida en el estado se queda para consumo en las principales ciudades de Chihuahua, en particular la capital, pero el grueso es exportada a Estados Unidos básicamente por Baja California, no por Juárez ni por Ojinaga, donde al “freno” de las autoridades se suma la oposición-ataque a vendedores y consumidores de cristal y fentanilo del Nuevo Cártel de Juárez (NCDJ) cuyos jefes presumiblemente han rechazado ofertas para cobro por derecho de piso.
Ambos laboratorios de droga, el de Parral y el de Chihuahua, fueron desmantelados por la Secretaría de Seguridad Pública del Estado el primero, y por el Ejército y la FGR, el segundo, sin “colaboración” estadunidense. Su ubicación fue lograda por traiciones entre los grupos internos del propio Cártel de Sinaloa.
En ninguna de esas fábricas de narcóticos mortales hubo detenidos, ni uno solo. Tampoco en los otres siete u ocho destruidos durante el último año en la entidad…ni tampoco hay detenidos en la inmensa mayoría de los más de dos mil 700 reportados como destruidos por la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) federal.
Son inimaginables las cantidades de drogas elaboradas a lo largo y ancho del país. “La cabeza de la serpiente” evidentemente se sigue moviendo con extraordinaria facilidad por todo el territorio nacional con todo y colaboración de los Estados Unidos, con todo y presión y amenazas continuas de intervenir en suelo mexicano no solo con información de “inteligencia”, sino con policías.
Los jefes delictivos sufrirán algunas pérdidas por cada descubrimiento de sus fábricas, pero mantienen sin problema sus recetas y sus cocineros, incluso a sus especialistas químicos, porque las unidades gubernamentales básicas, los municipios, están bajo su control desde hace décadas.
Cuando Marco Rubio dice que vastos territorios de la nación permanecen bajo poder de la delincuencia organizada debe referirse a eso. Y si los municipios permanecen en tales condiciones, obviamente es porque las complicidades han subido a los estados y la federación, al grado de normalizarse la nueva, detestable calificación, narco gobierno.
Hasta ahora el régimen federal no ha hecho otra cosa que recurrir al fácil discurso de la “soberanía nacional” para impedir mayor intervención estadunidense mientras aun en la periferia de grandes ciudades de todo el país, pusimos como ejemplo local Parral y Chihuahua, operan sin mayores dificultades grandes narcolaboratorios bajo el conocimiento obvio de policías municipales, estatales y federales que solo actúan cuando llega la información de “inteligencia” estadunidense o por traiciones al interior mismo de los grupos criminales.
Y no hay visos de intenciones serias por acabar con el problema; no por dar algunos campanazos hasta necesarios para tapar el ojo al macho, para acabarlo.