La polémica por la compra de un ático de 6,3 millones de euros por parte de la Comunidad de Madrid ha colocado a Alberto Núñez Feijóo ante uno de los equilibrios políticos más delicados de su liderazgo: proteger la estabilidad interna del Partido Popular sin asumir en primera persona una operación que genera dudas y malestar dentro de la propia formación. La dirección nacional ha optado por rebajar la presión sobre Isabel Díaz Ayuso, aunque en Génova reconocen en privado que el caso ha provocado un desgaste innecesario para la imagen del partido.
El episodio ha obligado a Feijóo a aplicar una estrategia que ya conoce bien: marcar distancia suficiente para no quedar atrapado por una crisis ajena, pero evitar un enfrentamiento directo con la presidenta madrileña. La relación entre ambos dirigentes está atravesada por una tensión permanente entre la necesidad de unidad y el peso político propio de Ayuso, una figura con una fuerte influencia dentro del espacio conservador.
Durante los últimos días, el líder del PP ha medido cada palabra. Feijóo ha evitado realizar una defensa cerrada de la operación y ha trasladado la responsabilidad a Patrimonio de la Comunidad de Madrid, reclamando explicaciones sobre los motivos que llevaron al Ejecutivo madrileño a adquirir un inmueble de lujo destinado, según la versión oficial, a albergar temporalmente las oficinas de la Presidencia regional durante unas obras en la Puerta del Sol.
Al mismo tiempo, el presidente popular ha asumido parte del relato defendido por Ayuso al referirse al inmueble como un “local” y respaldar que la finalidad era disponer de una ubicación provisional para la actividad institucional. Una posición calculada que busca mantener el equilibrio entre la exigencia de transparencia y la defensa de una de las principales dirigentes territoriales del partido.
Génova intenta cerrar una crisis que amenaza con prolongarse
En la dirección nacional del PP existe la sensación de que la polémica ha desviado el foco de los temas que la formación considera prioritarios. Algunos dirigentes lamentan internamente que el debate sobre el ático haya colocado al partido a la defensiva y haya generado un problema reputacional en un momento en el que la estrategia estaba centrada en desgastar al Gobierno de Pedro Sánchez.
La cúpula popular considera, además, que Ayuso tiene capacidad para resistir políticamente la crisis en Madrid debido a la debilidad de sus principales adversarios autonómicos. Esa percepción ha permitido a Génova optar por una estrategia de contención en lugar de aumentar la presión pública sobre la presidenta madrileña.
Borja Sémper, portavoz nacional del PP, trató de reforzar esta línea al calificar de razonables las explicaciones ofrecidas desde Madrid y precisar que Feijóo conocía la intención de buscar un espacio alternativo durante las obras de la sede presidencial, pero no que se fuera a adquirir un ático de lujo.
La cuestión central que permanece abierta es precisamente qué grado de información tenía la dirección nacional antes de la compra. La reunión mantenida el 8 de abril entre Feijóo, Miguel Tellado y el Gobierno madrileño se convirtió en un elemento clave del relato político, ya que tuvo lugar apenas seis días antes de que se formalizara la adquisición del inmueble.
Desde Génova insisten en que en aquel encuentro únicamente se habló de la necesidad de encontrar un emplazamiento temporal por las obras previstas en la Puerta del Sol. Sin embargo, las dudas sobre la naturaleza concreta de esa conversación alimentan una controversia que el PP intenta dar por cerrada.
La sombra de la crisis de Casado condiciona la estrategia de Feijóo
Más allá del debate sobre el ático, la situación refleja una realidad más profunda dentro del Partido Popular: la dificultad de gestionar el poder interno de Isabel Díaz Ayuso. Feijóo sabe que cualquier choque frontal con la presidenta madrileña podría abrir una nueva batalla interna con consecuencias imprevisibles.
La experiencia de la caída de Pablo Casado todavía pesa en la memoria de Génova. El conflicto que terminó con la salida del anterior líder popular dejó una enseñanza clara para la actual dirección: enfrentarse abiertamente a Ayuso puede convertirse en un riesgo político de grandes dimensiones.
Por eso, Feijóo ha elegido una fórmula intermedia. No ha convertido la compra del ático en una defensa personal de Ayuso, pero tampoco ha permitido que la polémica se transforme en una crisis interna del partido. Es una estrategia basada en ganar tiempo, reducir el ruido mediático y esperar que el desgaste desaparezca con el paso de las semanas.
La relación entre ambos dirigentes añade complejidad al escenario. Miguel Ángel Rodríguez, jefe de gabinete de Ayuso y una de las figuras más influyentes del entorno madrileño, mantiene una interlocución directa con Feijóo, una circunstancia que contribuye a explicar la prudencia del líder nacional.
El episodio también revela una paradoja: aunque una parte del PP teme que la polémica pueda perjudicar la marca del partido, una debilitación política de Ayuso podría reducir el peso de una posible alternativa interna al liderazgo de Feijóo. Sin embargo, abrir esa batalla ahora sería mucho más costoso que asumir una estrategia de calma.
La apuesta de Génova pasa, por tanto, por dejar que Ayuso gestione su propia crisis mientras el partido nacional evita convertirla en un problema mayor. Feijóo intenta mantenerse en el punto exacto donde no parezca que abandona a una dirigente clave, pero tampoco que asume una responsabilidad directa sobre una operación que sigue generando interrogantes.
El futuro político del caso dependerá de si las explicaciones ofrecidas consiguen cerrar las dudas pendientes o si la polémica continúa alimentando la sensación de falta de claridad. Por ahora, el PP ha elegido una palabra clave para afrontar la tormenta: equilibrio. @mundiario