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Mundiario 28 Aug, 2026 11:23

Las caras del amor a través de los tiempos

El amor, uno de los motores de la vida, es designado por esa palabra tan elástica como lo es novelista. Abarca experiencias, emociones o hechos muy variados designados por este vocablo. Es el tema de una curiosa exposición que se exhibe en la Biblioteca Nacional de Austria en Viena hasta noviembre, bajo el título El poder global del amor: un viaje a través de los siglos. No podría organizarse en un país más apropiado que este.

Gobernado durante varios siglos por los Habsburgo, esta familia real tenía uno de sus lemas extraoficiales, que resumía la estrategia principal de su política exterior: “Que otros hagan la guerra, tú, feliz Austria, cásate”. Una proclama que viene a ser, mutatis mutandis, similar a la de los revolucionarios parisinos de 1968: “haz el amor y no la guerra”.

Quizás el paradigma de esta política de amor y poder sea la emperatriz María Teresa de Austria, que gobernó y reinó durante 40 años entre 1740 y 1780. Logró conciliar las tareas de gobierno de un imperio con criar 16 hijos, de los cuales 10 superaron la infancia. De esta decena, dos hijas quedaron solteras a causa de deformidades, siete se casaron con miembros de otras tantas casas reales (una de ellas, la famosa e infortunada María Antonieta) y, tal vez para que no quedara nada sin atar, un hijo llegó a obispo, de manera que, si se topaban con la Iglesia, allí había alguien a quien acudir en son de paz y sin renunciar a nada.

Ejemplar de la 2ª edicio?n de la Divina Comedia. / 1472, Mantua Ejemplar de la 2ª edicio?n de la Divina Comedia. / 1472, Mantua

La exposición nos narra las historias con cartas manuscritas, primeras o tempranas ediciones de libros, cartas de amor de personajes ilustres del pasado, cuadros de pintores afamados y no tanto, y otros objetos culturales. Es un repaso histórico a las cosas del corazón y su unión al poder, se manifieste éste en forma de dinero, poder político, social o del cualquier otra índole

Si lo vemos de otro ángulo, es un pretexto narrativo para exhibir sus tesoros culturales, que hacen que esta biblioteca sea una de las más importantes del mundo. En sus dependencias acoge la producción cultural y burocrática del Sacro Imperio Germánico y el de los Habsburgo que, a través de su política matrimonial gobernaron o influyeron en casi toda Europa. Por ejemplo, guarda la Tabula Peutingeriana, que viene a ser un plano de carreteras romanas (al estilo del plano del metro) confeccionada en la Edad Media.

La muestra de la narrativa amorosa se remonta a Babilonia con la famosa historia de amor entre Píramo y Tisbe, que se malogró por una mala interpretación de los hechos, algo que sigue ocurriendo. Incluso en los asuntos amorosos de cualquier índole, el análisis racional no debe desaparecer por completo. Es el mensaje que nos envían los babilonios desde hace más de dos milenios y medio y que, antes que nosotros, recogió el poeta romano Ovidio y, siglos más tarde, versionó Shakespeare en Romeo y Julieta.

La literatura también nos cuenta la otra cara de la moneda cuando la razón toma el mando, terminando también en una enorme frustración. Nos lo cuenta el filósofo de la Ilustración, J. Jacques Rousseau, en Julie o la Nueva Eloísa. La protagonista de cuna noble deja a su novio burgués para casarse con alguien de su clase social, pero emocionalmente frío como un témpano. Su amor por sus hijos no le hace olvidar la pasión por su antiguo amante, contada a través de sus cartas.

Si esta historia les parece dura y cruel, más lo fue la del amor entre dos personajes que vivieron en el siglo XII: el erudito Pedro Abelardo y su alumna Eloísa. Se enamoraron y desarrollaron una potente pasión. Cuando se enteró el tutor de Eloisa, mandó castrar a Abelardo, terminando ambos en conventos separados. No sólo acabó su amorío, si no que (y es lo peor), también con la esperanza.

Estas tres historias afrontan dilemas de amor intenso y conflictivo entre la pasión, la moral y las convenciones sociales de diferentes épocas en que las normas sociales se presentaban como líneas rojas.

Pero el amor viajó con los tiempos. Este conflicto de pasión y estatus social experimentó un pequeño gran giro en el siglo XVIII cuando, a la luz de la Ilustración, surgió la tesis de que la inteligencia, el mérito y la dignidad personal valen más que los privilegios de nacimiento. Una de las ideas centrales en las revoluciones francesa y norteamericana.

Quizás la obra que mejor la expresó, al menos para la sociedad de su tiempo, fue Las bodas de Fígaro (1978) de Beaumarchais. El conde Almaviva quería acostarse con la novia (Susanna) de su ayudante de cámara (Fígaro) haciendo uso del viejo privilegio del derecho de pernada. La condesa y los novios descubren las intenciones del conde y este termina pidiendo perdón. La historia termina en casamiento y no en muerte, un convento o la castración como en las historias anteriores. Fue un avance, pero muy protestado y silenciado.

En esta corriente ya se atisban los primeros pasos del romanticismo, que se especializó en los amores inalcanzables. Pero esto venía de viejo. Dante se enamoró de Beatrice Portinari, que se casó con otro hombre y murió a los 24 años. El escritor italiano la rescata en la ficción de la Divina Comedia y se convierte en su guía del más allá hasta llegar a la contemplación de dios. Todo un homenaje al amor que ya no puede ser.

El caso más extraño de amor inalcanzable, no cabe duda, de que es el que siente don Quijote por Dulcinea del Toboso, a la que cree una dama de la nobleza cuando, en realidad, es una campesina que vive cerca de la casa del desfacedor de entuertos y ni siquiera ella sabe de la rendida devoción del caballero andante.

 Y se pasamos de la ficción de poetas a la realidad nos encontramos con la muñeca de tamaño natural que mandó construir el pintor Oskar Kokoschka (1886-1980) tras ser abandonado por Alma Mahler después de mantener con él una relación pasional, salvaje, obsesiva y llena de celos.

Los escritores románticos rescataron una versión con milenios de antigüedad del amor destructivo. Goethe, en la novela epistolar Las desventuras del joven Werther, este se suicida cuando su amada le da calabazas al pedirle matrimonio, provocando fuertes reacciones de toda la sociedad “bien pensante” de Europa cuando el literato alemán no hizo otra cosa que versionar la historia de Dido y Eneas.

Un siglo después el amor destructivo toma derroteros más complejos. Es el caso de Venus en pieles en la que su autor Leopold von Sacher-Masoch describe una forma amorosa sofisticada entre la sumisión y la locura. El cambio aquí es que no finaliza en muerte en consonancia con los tiempos modernos. La protagonista sigue disfrutando de los placeres en libertad y Severin (trasunto de Sacher-Masoch), meditando sobre los roles de poder en la pareja, lo mismo que hicieron siquiatras y filósofos, que llamaron masoquismo a este tipo de relación en honor al autor, lo que no le gustó nada. Como otras anteriores, la obra también fue recibida con protestas.

Sobre el amor también escribió el cura y fraile español Tirso de Molina, menos conocido por su nombre real de Fray José López y Tellez. Con su drama teatral El Burlador de Sevilla crea al personaje de Don Juan, un libertino rompecorazones, víctima y victimario de sus seducciones. Aborda el amor, la traición, el deseo sexual y los sentimientos románticos; el crimen y el castigo. Nace así el mito del donjuanismo. Para los siquiatras, el complejo de Don Juan. No muere, sino que es condenado al infierno que entonces era algo más que miedo

En cambio, sí muere en las versiones de Molière, don Juan o el banquete de piedra, y en la ópera Don Giovanni de Mozart, pero no en la versión de Zorrilla. Cualquiera que sea su final, es uno de los temas más poderosos de la historia cultural de Europa.

Por eso se hicieron muchas interpretaciones sobre este mito o complejo. Ciñéndonos a escritores austríacos (es en su país donde está abierta la exposición), el premio Nobel de literatura Peter Hanke (que en sus horas ociosas hizo películas aburridísimas) escribió que don Juan es, en realidad, un cuento de hadas en un mundo desencantado. (¿El de ahora, quizás?). Y para Robert Menasse, es un hombre atormentado, tragicómico y melancólico en busca del amor. Así que, si ven uno por la calle, en vez de envidiarle u odiarle, cabe tenerle lástima.

En otro capítulo, la exposición aborda las primeras discusiones y escritos sobre el amor y género desde finales del siglo XIX. Varias autoras propusieron, para asombro de varones, la igualdad educativa, la autodeterminación sexual, la independencia económica para las mujeres o analizaron las facetas del deseo femenino.

Pero también de ello escribieron hombres como Arthur Schnitzler que, en su obra La Ronde, retrata el amor como un juego de instintos que iguala a las personas de diferentes clases. Lo hace a través de diez escenas en que parejas de diferentes estatus sociales comparten confesiones íntimas antes y después de hacer el amor. Se estrenó en 1920 en Berlín. Y una vez más, una obra de teatro causó un gran escándalo. Hasta tal punto que, cansado de recibir ataques de todo tipo, el escritor prohibió que se representase en lengua alemana, voluntad que sus herederos mantuvieron hasta 1982.

La exposición sigue por otros derroteros, entre ellos los emparejamientos de personas de edades dispares o las cartas de amor, que facilitaron la comunicación en tiempos donde no existían los medios modernos. Muy útiles para amores secretos. Incluso se editaron manuales en el siglo XIX para que los novios supieran encontrar las palabras adecuadas.

Como ustedes habrán observado, el asunto del amor tiene muchas caras modeladas por la sociedad de cada tiempo y siempre fue y seguirá siendo un asunto complejo que, como bien quedó plasmado en un viejo cancionero popular, "Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio”. @mundiario
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