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Mundiario 02 Sep, 2026 08:54

El rascacielos que fue símbolo de Telefónica cambia de dueño por más de 200 millones

Telefónica ha completado una de las operaciones inmobiliarias más simbólicas de su actual estrategia de desinversiones. La compañía ha formalizado la venta de su histórica sede de Gran Vía 28, en pleno centro de Madrid, al empresario Tomás Olivo por una cantidad cercana a los 200 millones de euros.

La compraventa quedó escriturada el 1 de septiembre, después del acuerdo alcanzado entre las partes en mayo. Con ella, la empresa se desprende de un inmueble estrechamente ligado a su historia y a su imagen corporativa durante décadas. El comprador es General de Galerías Comerciales (GGC), sociedad controlada por Olivo, uno de los principales empresarios del sector inmobiliario en España. El magnate murciano, conocido por su actividad en el negocio de los centros comerciales, incorpora así a su cartera un edificio con una enorme carga histórica y situado en uno de los puntos más cotizados de Madrid.

No es un inmueble cualquiera. Construido entre 1926 y 1929, fue diseñado por el arquitecto Ignacio de Cárdenas y alcanzó alrededor de 90 metros de altura y 13 plantas. Durante décadas estuvo asociado a Telefónica hasta convertirse en uno de los símbolos arquitectónicos de la compañía.

El edificio está además protegido con el máximo nivel de protección patrimonial de Madrid, lo que limita de forma considerable las posibilidades de transformación que tendrá su nuevo propietario. La catalogación obliga a conservar elementos esenciales de su arquitectura, estructura, volumen y decoración.

Actualmente, el inmueble mantiene espacios vinculados a la actividad cultural y comercial de Telefónica, entre ellos el Espacio Fundación Telefónica y la tienda insignia de Movistar. La compañía había dejado atrás su utilización como sede corporativa después de trasladar progresivamente buena parte de sus funciones a otros emplazamientos.

El último consejo de administración de la compañía celebrado en el edificio tuvo lugar en septiembre de 2025, poniendo prácticamente el punto final a la utilización del rascacielos como centro neurálgico de la operadora.

Telefónica buscaba inicialmente una cantidad mayor

La venta se produce por una cantidad considerable, aunque por debajo de las expectativas iniciales. La compañía había planteado en un primer momento obtener alrededor de 300 millones de euros por el inmueble.

Sin embargo, el atractivo económico se vio condicionado por las restricciones urbanísticas que afectan al edificio. Las limitaciones sobre los posibles usos futuros redujeron el número de compradores interesados y terminaron influyendo en el precio de la operación.

Entre las opciones que no resultan sencillas se encuentran determinados usos que podrían elevar notablemente el valor del inmueble, como su transformación en un hotel de lujo o una gran superficie comercial. La situación urbanística del edificio y su protección patrimonial obligan al nuevo propietario a asumir un escenario mucho más complejo que el de una operación inmobiliaria convencional.

El gran reto para Tomás Olivo empieza ahora

La adquisición permite a Olivo hacerse con un activo inmobiliario excepcional, pero también le obliga a afrontar importantes condicionantes. El edificio cuenta con una superficie de unos 32.000 metros cuadrados distribuidos en 13 plantas y su protección limita cualquier intervención de gran alcance.

Además, el régimen urbanístico de la parcela es particularmente singular. A diferencia de otros inmuebles de la Gran Vía, Gran Vía 28 mantiene una calificación que incorpora usos vinculados a infraestructuras y equipamientos culturales.

Estas características hacen que cualquier proyecto destinado a modificar sustancialmente la utilización del inmueble requiera superar un complejo proceso administrativo. Las restricciones fueron precisamente uno de los factores que terminaron enfriando el interés de algunos potenciales compradores durante el proceso de venta.

Telefónica acelera su estrategia de desinversiones

Para la empresa, la operación se integra en una política más amplia de venta de activos y optimización de su patrimonio inmobiliario. La compañía lleva meses desprendiéndose de edificios y participaciones con el objetivo de concentrar recursos en sus negocios estratégicos.

La venta de Gran Vía 28 se suma a otras operaciones inmobiliarias realizadas por la operadora en Madrid y otras ciudades españolas. En paralelo, la compañía también ha avanzado en la venta de otros activos y negocios dentro de una estrategia destinada a reducir costes, simplificar su estructura y reforzar su posición financiera.

Así, uno de los edificios que durante décadas simbolizó el poder empresarial de Telefónica cambia de manos casi cien años después de su construcción. La histórica sede de Gran Vía deja de formar parte del patrimonio de la compañía y comienza una nueva etapa bajo el control de Tomás Olivo, en una operación que refleja también el profundo cambio experimentado por Telefónica y por el mercado inmobiliario del centro de Madrid. @mundiario

 

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