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Mundiario 03 Sep, 2026 10:26

Kate y Rooney Mara, juntas por primera vez en un filme de Herzog

Kate Mara y Rooney Mara comparten pantalla por primera vez en Bucking Fastard, la nueva y excéntrica película de Werner Herzog, presentada en competición en el Festival de Venecia y aspirante al León de Oro. Las hermanas interpretan a dos mujeres que hablan, se mueven y reaccionan de forma simultánea e idéntica, como si compartieran una sola alma repartida en dos cuerpos.

El resultado es una interpretación tan sincronizada como hipnótica, sostenida por un guion que Herzog dedicó a la memoria de David Lynch. El tono, sorprendentemente tierno para el cineasta alemán, mezcla el humor negro con una melancolía inesperada, aunque la narración se aleja cada vez más de cualquier atisbo de realismo a medida que avanza el metraje.

Un guion inspirado en una historia real

El punto de partida procede del encuentro de Herzog con Freda y Greta Chaplin, gemelas británicas cuya forma de hablar al unísono les dio cierta notoriedad en el Reino Unido durante los años ochenta. Trasladada a una Irlanda de fantasía, la historia sigue a Jeanie y Joanie Holbrooke, quienes comparecen ante un tribunal tras una orden de alejamiento. El juez permite que ambas declaren juntas, ofreciendo el primer atisbo de la extraordinaria sincronía interpretativa de las protagonistas.

La demanda la presenta su vecino, el señor Mulroney, interpretado por Orlando Bloom, un hombre que mantenía una relación con ambas hermanas antes de romper con ellas para casarse. Ese desengaño desata una serie de venganzas disparatadas, entre ellas el incendio de un buzón, presenciado por otro vecino, Westmoreland, quien termina ofreciéndoles refugio en la ciudad. Allí reciben la visita de Timothy, un trabajador social interpretado con dulzura por Domhnall Gleeson.

Un exceso deliberado de fantasía

Como es habitual en el cine de Herzog, la trama se llena de secuencias oníricas, digresiones sobre fauna y personajes secundarios estrafalarios que alejan la historia de cualquier anclaje realista. La banda sonora de Ernst Reijseger, entre el violín folclórico y el violonchelo clásico, acompaña ese tono de cuento de hadas con toques de comedia disparatada, mientras la fotografía de Peter Zeitlinger convierte el paisaje irlandés en un territorio casi mitológico.

Cuando la tía de las hermanas las invita a regresar al campo, la historia se traslada a una granja junto a una colina llena de cuevas, escenario donde Jeanie y Joanie buscarán, finalmente, un lugar propio en el mundo.

Pese a la generosidad con la que Herzog trata a sus protagonistas, algo inusual en su filmografía, Bucking Fastard termina tan saturada de mitología y digresión que la propia sincronía de las hermanas, el gran hallazgo de la película, acaba diluida entre tantas capas narrativas. Los momentos más pequeños y cotidianos, como el gesto de verter té con cuatro manos a la vez o el de escribir una carta al unísono con letras distintas, resultan más conmovedores que cualquiera de sus fantasías más ambiciosas, y dejan claro que el verdadero corazón de la película estaba en la relación entre sus protagonistas, no en los mundos imaginarios que Herzog construye a su alrededor.

Con todo, el filme confirma que Kate y Rooney Mara, hasta ahora nunca vistas juntas en pantalla, forman uno de los descubrimientos interpretativos más singulares del año, y bastan por sí solas para justificar una visita a esta rareza firmada por uno de los cineastas más imprevisibles del cine contemporáneo.

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