MORELIA, Mich., 30 de marzo de 2026.- La Semana Santa o Semana Mayor no viene en la Biblia, ni católica ni cristiana. Es una tradición de la alta Edad Media que poco a poco ha cambiado, pasando de ser austera a una fiesta que lleva días y hasta es causa de temporada vacacional.
La tradición cristiana ubicó en la Semana Santa la conmemoración de los últimos días de Jesús de Nazaret en la Tierra, que incluyeron su entrada a Jerusalén, así como los episodios de la Pasión, Muerte y Resurrección. Este periodo ocupó el centro del calendario litúrgico y sostuvo uno de los fundamentos de la fe católica, al concentrar los pasajes que dieron origen a sus principales creencias.
No obstante, no siempre fue así. De acuerdo con declaraciones del fraile Antonio Rubial García, catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México, toda la parafernalia de santos, fiestas y emblemas fueron posteriores al Siglo XIII.
“No sé qué ha cambiado. Por ejemplo, las procesiones que se hacen con Cristo y la Virgen, la parafernalia de las imágenes, todo eso es de los siglos XIII o XIV. Es muy posible que lo que se celebraba originalmente era la muerte y la resurrección de Cristo, que ocurrieron el viernes y el domingo. Que se venere toda una semana, desde la recepción gloriosa de Cristo en Jerusalén, el domingo de Ramos, yo creo que fue muy posterior”, declaró para la UNAM Global, medio de comunicación oficial de esa casa de estudios.
Desde la interpretación bíblica, estos acontecimientos no se limitaron a un hecho histórico, sino que marcaron un punto de referencia en la historia de la humanidad, con implicaciones en el ámbito espiritual.
Pero entonces fue necesario hacerse de recursos pedagógicos que permitieron afianzar la evangelización y surgió lo que se conoció como “teatro evangelizador”, explicó el especialista en Iglesia Católica.
“Yo creo que ya a partir de los siglos XIII y XIV comienza a haber fiestas, que tienen que ver con el surgimiento del teatro evangelizador. Las órdenes mendicantes comienzan a utilizar estos recursos didácticos para hacer ver a la gente lo que no pueden ver, para hacer visible lo invisible”, dijo Rubial García.
A decir del fraile, “los benedictinos de Cluny, en Francia, fueron los primeros que hicieron estas representaciones teatrales precisamente el Domingo de Pascua, para celebrar la resurrección y para enseñar a la gente a través del teatro”.
Pero, como otros elementos de esta Iglesia, se transmitió de generación en generación hasta llegar a México.
Estos festejos surgen en el periodo de evangelización por parte de las órdenes religiosas como una forma de teatralización, para que los rituales católicos pudieran ser mejor comprendidos y asimilados por la población indígena.
La conmemoración de la Semana Santa se estableció también como un espacio de reflexión entre los creyentes, quienes la identificaron como un momento para el análisis personal y la práctica de su fe.
En ese contexto, la figura de Cristo se colocó como eje de la narrativa religiosa, al representar la entrega y el sacrificio como parte del mensaje central del cristianismo.
Para la Iglesia católica, este periodo se mantuvo como un tiempo destinado a la contemplación del llamado misterio de la redención, el cual se vivió mediante actos litúrgicos y prácticas de recogimiento espiritual.
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