
Se entiende la observación selectiva de quienes pertenecen al régimen político. La negación es una manera de caminar sin angustia ni preocupación graves. La línea de la comunicación se fija en las mañanas con la presidenta Claudia Sheinbaum como protagonista. Las cuentas se vuelven cuentos, así sea en materia de seguridad, de economía y hasta de educación. Hay esmero en ver un país que no existe; la tragedia se vuelve proeza, como sucede con las trágicas cuentas del Inegi sobre la percepción de inseguridad o los dramáticos resultados de la prueba PISA.
No se entiende la manera de eludir la realidad por parte de los medios y observadores independientes de los asuntos públicos, lo que indica que el problema del escrutinio al poder no sólo remite a la oposición formal, sino también a quienes con frecuencia juzgan por encima del hombro y, como señala Luis Farías, hacen del análisis político un espectáculo, con la consecuente degradación del rigor y la seriedad en la observación.