El reciente viaje de Artemis II ha devuelto a la humanidad a la órbita lunar más de medio siglo después de las misiones Apolo, pero también ha puesto el foco en un viejo enigma: la llamada “cara oculta” de la Luna. Este territorio, invisible desde la Tierra, ha pasado de ser una curiosidad astronómica a convertirse en una prioridad estratégica y científica para las futuras misiones tripuladas.
La expresión “cara oculta” puede resultar engañosa. No se trata de una región permanentemente en sombra, sino del hemisferio que nunca vemos desde la Tierra debido a un fenómeno conocido como rotación sincrónica. La Luna tarda el mismo tiempo en girar sobre su eje que en orbitar nuestro planeta, lo que hace que siempre muestre la misma cara hacia nosotros.
Como resultado, el hemisferio opuesto —también llamado “cara lejana”— permanece fuera de nuestra vista directa. Solo algunas misiones espaciales han permitido observarlo, y ahora, por primera vez en décadas, astronautas lo han contemplado con sus propios ojos.
Durante su sobrevuelo, la tripulación de Artemis II — Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen— alcanzó más de 406.000 kilómetros de distancia de la Tierra, superando el récord histórico de Apollo 13.
Este hito no solo es simbólico. Durante unas siete horas de observación, los astronautas pudieron estudiar regiones específicas del hemisferio oculto, convirtiéndose en los primeros humanos en analizar directamente estas zonas desde una perspectiva cercana.
Un laboratorio natural para la ciencia
A diferencia del hemisferio visible, esta zona presenta unas características geológicas únicas, entre las que destacan un mayor número de cráteres de impacto, un terreno más montañoso y accidentado, y una menor presencia de mares basálticos —las zonas oscuras que sí apreciamos desde la Tierra—.Uno de los principales objetivos de Artemis II ha sido observar la cuenca Oriental, una gigantesca estructura de impacto de unos 930 kilómetros de diámetro formada hace aproximadamente 4.000 millones de años. También se involucraban en el estudio cráteres como Ohm y Pierazzo, considerados claves para entender la evolución lunar.
Estas observaciones permiten comparar datos recogidos por sondas automáticas con la percepción directa humana, especialmente en aspectos como el color, la textura y la topografía.
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— NASA (@NASA) April 7, 2026
Right now, the Orion capsule is passing behind the Moon, so the Sun is entirely eclipsed from their perspective. During this time, they will view a mostly darkened Moon and will use the opportunity to analyze the solar corona. pic.twitter.com/PWDPfZKxGh
¿Por qué es clave para el futuro del programa Artemis?
El programa NASA tiene como objetivo final el regreso de astronautas a la superficie lunar, previsto no antes de 2028. En este contexto, la cara oculta se perfila como un área de interés estratégico por varias razones:
Esta iniciativa no solo permite estudiar la historia temprana del sistema solar y ofrece condiciones ideales para la instalación de telescopios espaciales, sino que también proporciona datos esenciales para el diseño de futuras bases y amplía significativamente nuestro conocimiento sobre los recursos y riesgos del entorno lunar.Durante Artemis II, los astronautas han recopilado imágenes de alta resolución y datos sobre la interacción de la luz solar con la superficie, así como la dinámica del polvo lunar y las sombras, factores críticos para futuras operaciones humanas.
Durante décadas, la cara oculta de la Luna ha estado rodeada de especulación y simbolismo. Sin embargo, misiones como Artemis II la están transformando en un objeto de estudio concreto, medible y estratégico. @mundiario