MANHATTAN, Nueva York, EU, 7 de abril de 2026.- El 14 de octubre de 1971, hace 55 años, los neoyorquinos vieron por primera vez el Greenacre Park, un pequeño parque urbano decorado con mesas, pero cuyo gran atractivo es una cascada que brota desde una de sus paredes. En este espacio, los visitantes llegan a escuchar el sonido del agua, a tomarse un café o comer algo, pero todos tienen el mismo objetivo: pasar un momento relajado lejos del estrés de Nueva York.
El Greenacre Park fue idea de Abby Rockefeller Mauzé, una neoyorquina residente en el centro de la ciudad, que buscaba devolverle a la ciudad un poco de lo mucho que Nueva York le había dado, según cuenta la historia.
Rockefeller se inspiró en el Paley Park, y su intención fue suplir una necesidad que tenía la ciudad para ese entonces: no había espacios verdes que ayudaran a los residentes a desconectarse del bullicio y el ajetreo del día a día en Nueva York. Fue así como, para 1968, se fundó la Fundación Greenacre, la cual lideraría la construcción de este espacio urbano.
Tras años de analizar y construir la idea, el 14 de octubre de 1971 los neoyorquinos dieron la bienvenida a este espacio, que se destaca como un parque de bolsillo o lo que los constructores de esa época denominaron pocket parks, los cuales tuvieron su auge entre las décadas de los 50 y 60.
Los parques de bolsillo llegaron para desafiar las concepciones contemporáneas de los parques como grandes lugares para la recreación activa y pasiva, una visión que se expandía por todo el país, en donde ya existían centros urbanos demasiado desarrollados para construir grandes parques.
“Los parques de bolsillo surgieron al remodelar pequeños lotes disponibles en parques tranquilos y verdes”, dice Greenacre Park en su página web.
“El diseño de Greenacre Park refleja los ideales del movimiento más amplio del parque de bolsillo: ofrece un entorno pacífico e íntimo, con edificios circundantes que actúan como muros del parque y un dosel de hojas como techo. Hoy en día, Greenacre Park sigue siendo un preciado espacio público, propiedad y mantenido por la Fundación Greenacre, que continúa sirviendo como un refugio sereno en el corazón de la ciudad de Nueva York”, explica.
Pese a que el gran proyecto de la Fundación fue la construcción del parque, la organización ha venido trabajando para mantenerse a la vanguardia en cada uno de sus proyectos. En especial, uno denominado Lucha por la Luz, en el cual ha aunado esfuerzos para mantener iluminados los espacios públicos de la ciudad, además de contribuir a que estos estén conectados a una fuente de energía, evitando que queden sin luz.
Actualmente, el parque está cerrado temporalmente. Aunque la fundación no ha explicado el motivo, se cree que obedece a la temporada de bajas temperaturas y que ahora, con la llegada de la primavera, podría reabrir al público. Sin embargo, esta información no ha sido confirmada por la entidad.
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