Margarita Robles ha elegido la sede del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) para cerrar filas en torno al servicio secreto después de las críticas recibidas por su actuación antes de la crisis de Ceuta.
La ministra de Defensa acudió este viernes a las instalaciones del CNI en las afueras de Madrid para condecorar a cuatro agentes por una operación en la que, según Defensa, arriesgaron su vida para proteger una instalación estratégica del servicio amenazada por un incendio forestal. Robles aprovechó el acto para reivindicar públicamente el trabajo de los agentes de inteligencia y reconocer la labor que desarrollan también quienes desempeñan misiones en escenarios de riesgo.
La visita adquiere una dimensión política e institucional evidente por el debate abierto tras la entrada masiva de personas desde Marruecos los días 30 y 31 de julio. Aunque Robles no mencionó expresamente la crisis durante el acto, su presencia en la sede del CNI y la difusión pública de la fotografía junto a la directora del centro, Esperanza Casteleiro, funcionan como un gesto de respaldo al organismo. La ministra ha mantenido desde el inicio que el servicio de inteligencia realizó su trabajo.
La controversia se intensificó después de que el Gobierno desclasificara el pasado 8 de septiembre 40 informes y comunicaciones elaborados por distintos servicios de información durante el mes de julio. El objetivo del Ejecutivo fue permitir reconstruir qué información estaba disponible antes y durante la crisis y quién la recibió.
Entre esa documentación figura una comunicación del CNI del 29 de julio que advertía de convocatorias para intentar entrar en Ceuta tanto a nado como a través de la valla coincidiendo con la Fiesta del Trono en Marruecos. El servicio identificaba además varios grupos de redes sociales que incentivaban las entradas.
Las comunicaciones publicadas muestran también que el CNI trasladó esa información a la Delegación del Gobierno en Ceuta y a la Guardia Civil. A las 13.52 horas del 29 de julio, el servicio informó al Gabinete de la Delegación de que había llamamientos para un asalto por mar y por la valla al día siguiente y señaló la existencia de grupos en Facebook y WhatsApp que los promovían. Un minuto después consta otra comunicación de un agente del servicio de inteligencia con el Instituto Armado en términos similares. La documentación permite, por tanto, establecer que hubo alertas previas. Otra cuestión distinta es determinar qué alcance otorgaron los destinatarios a esas advertencias y por qué no permitieron anticipar la dimensión extraordinaria que acabaría teniendo la entrada.
El choque de versiones dentro del Gobierno
La publicación de los documentos resulta especialmente relevante porque se produjo después de declaraciones contradictorias sobre el papel desempeñado por los servicios de inteligencia. Robles defendió en el Congreso que el CNI hizo su trabajo, pero ese mismo día el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, había sostenido que no existió un informe del servicio que anticipara algo semejante a lo ocurrido en Ceuta. La desclasificación ha aportado nuevos elementos al debate al demostrar que sí existieron comunicaciones previas sobre posibles entradas.
Eso no equivale, sin embargo, a demostrar que el CNI conociera de antemano la magnitud de la operación. Los documentos publicados permiten reconstruir las alertas y sus destinatarios, pero la valoración sobre cómo fueron interpretadas y qué decisiones se tomaron posteriormente continúa formando parte de la controversia política.
La propia documentación oficial incluye comunicaciones de otros organismos, entre ellos la Policía Nacional, la Guardia Civil y el Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas, lo que permite observar que la información sobre la presión migratoria circuló por distintos canales institucionales.
La dimisión que añade presión a la Delegación
El debate adquirió una nueva dimensión el 11 de septiembre, cuando Gonzalo Sanz presentó su dimisión como jefe de Gabinete del delegado del Gobierno en Ceuta, Miguel Ángel Pérez Triano. La renuncia llegó después de conocerse, gracias a la desclasificación, que Sanz había recibido mensajes del CNI el 29 de julio y había mantenido ese día una conversación telefónica de unos once minutos con un agente del servicio.
El delegado del Gobierno afirmó entonces que desconocía tanto los mensajes como esa llamada. Sanz sostuvo posteriormente que había trasladado personalmente a Triano las comunicaciones recibidas. Su versión y la del delegado dieron pie a un choque de trenes sobre la cadena de transmisión de la información en las horas previas a la entrada masiva.
El episodio ha convertido la gestión de las alertas previas en uno de los principales puntos de discusión política sobre la crisis. La cuestión ya no se limita a saber si hubo información de inteligencia, sino a reconstruir cómo circuló dentro de la Administración y qué decisiones se adoptaron a partir de ella.
Robles reivindica el papel del CNI
En ese contexto, la presencia de Robles en la sede del CNI adquiere un significado que trasciende el acto de entrega de condecoraciones. La ministra ha querido poner el foco en la función cotidiana del servicio y en el trabajo de unos agentes cuya actividad, por su propia naturaleza, permanece habitualmente fuera del escrutinio público.
El gesto llega además después de que el Gobierno haya optado por una medida poco habitual para un servicio de inteligencia: hacer públicos documentos y comunicaciones internos para reconstruir la secuencia de la crisis de Ceuta. La publicación permite comprobar que existían alertas, aunque no resuelve por sí sola las responsabilidades políticas derivadas de la respuesta posterior. @mundiario