Punto de quiebre
“Los expertos son los topos que cavan los túneles y los amplios son los halcones que observan los horizontes”.
— David Epstein
Hace algunos años, revisando las recomendaciones de lectura que año con año compartía el ex presidente de Estados Unidos Barak Obama me llamó la atención cómo el deporte y la ciencia pueden parecerse tanto cuando se trata de resolver problemas complejos. En ambos casos, el resultado depende no solo del talento, sino del perfil adecuado para el desafío correcto.
Hoy vivimos un verdadero punto de quiebre. La crisis del agua, la transición energética, el cambio climático, la contaminación, la salud mental y la reconfiguración geopolítica global no son problemas aislados; son fenómenos interconectados, estructurales y profundamente dinámicos.
Ante este escenario surge una pregunta inevitable: ¿qué tipo de liderazgo necesita el mundo actual?
Durante décadas privilegiamos la especialización temprana. Formamos expertos profundos, técnicos, altamente focalizados. Y sin duda, los necesitamos. Son quienes dominan el detalle, construyen los cimientos y perforan la roca.
Pero los desafíos contemporáneos no son lineales. No caben en una sola disciplina ni responden a una única lógica. Aquí emergen los perfiles amplios: aquellos capaces de conectar puntos, integrar perspectivas, traducir lenguajes entre sectores y anticipar consecuencias sistémicas.
En su libro Amplitud, Epstein sostiene que, aunque la sociedad moderna valora la especialización, las personas con formación diversa suelen desempeñarse mejor en entornos cambiantes e impredecibles. Justamente el tipo de entorno que define nuestra época.
La cuestión no es expertos contra generalistas. Es comprender que cumplen funciones distintas y complementarias.
El experto profundiza; el amplio integra.
Uno resuelve partes; el otro comprende el todo.
Elegir quién lidera —o cómo conformar equipos que combinen profundidad y amplitud se vuelve una decisión estratégica de primer orden. No todos los problemas requieren el mismo perfil. Pero los problemas sistémicos exigen miradas amplias e integrales.
La innovación rara vez surge de la repetición; surge de la conexión. El pensamiento analógico trasladar ideas de un campo a otro ha sido motor de grandes transformaciones. Y esa capacidad se fortalece cuando la formación es transversal y no rígida.
En un mundo donde la geopolítica redefine alianzas, la tecnología transforma estructuras productivas y la ciencia debe orientar decisiones públicas, la amplitud de conocimiento deja de ser dispersión para convertirse en ventaja estratégica.
Porque cuando la ideología se impone sobre la evidencia, las sociedades retroceden. Y cuando la ciencia dialoga con múltiples disciplinas, avanzamos.
Este es el punto de quiebre: seguir formando especialistas para problemas aislados, o formar líderes capaces de comprender sistemas completos.
En tiempos complejos, el liderazgo no puede ser unidimensional. Necesitamos topos que excaven con precisión.Pero también halcones que observen el horizonte.
El artículo Para tiempos complejos, liderazgos con formación amplia apareció primero en Quadratín.