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AM 17 Apr, 2026 23:35

Xavier Gutiérrez Olvera: el jesuita que enseñó a ahorrar a León

El jesuita Xavier Gutiérrez Olvera llegó al Santuario de Guadalupe en 1948. Historia 170

Esta es la historia 170 de 450 que te contaremos sobre León

Antes de que existieran las cajas de ahorro en León, gran parte del salario de los obreros tenía un destino casi seguro: pagar deudas… y gastarlo en la parranda.

Cada semana, la “raya” pasaba de mano en mano. Primero, a los prestamistas —muchas veces los propios encargados de talleres—, que cobraban intereses de hasta el 10% semanal. Lo que quedaba se iba en alcohol. En casa, las familias recibían poco o nada.

El jesuita Xavier Gutiérrez Olvera llegó al Santuario de Guadalupe en 1948, enviado por unos días. Venía de las Islas Marías, donde había sido capellán. Su estancia en León sería breve. Pero se quedó. Tenía 44 años.

Instalado en el Santuario, comenzó a escuchar y observar: mujeres que reclamaban el dinero que no llegaba; obreros que juraban cambiar.

Los trabajadores no ahorran, cobran y lo gastan en alcohol y en pagar préstamos… el obrero de León está pobre porque no ahorra”, decía.

El ritual era conocido: hombres de rodillas frente a la Virgen prometían dejar la bebida por un tiempo. “Juran”, le llamaban, pero pronto olvidaban la promesa.
Xavier entendió que no bastaba la voluntad. Había que hacer algo más.

Su llegada coincidió con el impulso al ahorro popular promovido por el sacerdote Pedro Velázquez, influido por el modelo canadiense de monseñor Moisés Coady y las credit unions de Estados Unidos. La idea era simple: que los propios trabajadores administraran su dinero.

El 9 de septiembre de 1951, reunió a 13 jóvenes obreros en el salón de juntas del Santuario. Eran vecinos de la colonia Obrera. Les habló de la importancia del ahorro. Juntaron 130 pesos para iniciar la primera caja.

Así nació Juventud Obrera Leonesa Guadalupana Berchmans, Jol-Gua-Ber. El nombre corresponde a San Juan Berchmans, santo belga, hijo de un obrero del calzado.

“Les hablaba del cielo, pero aterrizaba en el ahorro”, escribiría el profesor Rosendo García Padilla en 1988. Y citaría una de sus frases: “En la base de toda obra social necesariamente debe estar el ahorro”.

García Padilla menciona a amigos y benefactores de la obra: Lorenzo Rodríguez, Antonio Sánchez Herrera, Francisco Delgado, Apolinar Sánchez, José Julio Ramírez, Adolfo Pons y Guillermo Romero.

Había reglas para pertenecer a Jol-Gua-Ber: asistir a pláticas los lunes, aprender a usar el dinero, ir a misa los domingos a las siete de la mañana, ahorrar un peso a la semana y hacer apostolado —una obra social—.

Jol-Gua-Ber llegó a tener más de 100 mil socios en León y fue ejemplo para crear otras, como Caja San Miguel, Caja Celaya y Caja Emeterio Valverde y Téllez —hoy Caja Popular Mexicana—.

El gobierno de Estados Unidos, a través de la A.I.D., envió a un representante para conocer el trabajo.

Lo calificaban como una mezcla de místico, socialista, cooperativista, defensor de los obreros, amigo de los capitalistas e incansable organizador”, escribió Rosendo García.

Nace Jol-Gua-Ber

Rafael Alcántara Cabrera, hoy de 84 años, primer gerente y uno de los fundadores, recuerda la firmeza del jesuita: “era incansable”. 

Rafael Alcántara Cabrera, primer gerente y uno de los fundadores de Jol.Gua-Ber. Foto: Arcelia Becerra

El padre Xavier capacitó a siete jóvenes obreros, entre ellos a Rafael, por petición del obispo Manuel Martín del Campo, para crear cajas de ahorro en parroquias. Algunos participaron en iglesias de otros municipios de Guanajuato, Aguascalientes, Michoacán y Querétaro.

El primer gerente no concluyó la secundaria. Era pespuntador. Aprendió a administrar el ahorro y los préstamos de miles de socios. “Recibía el dinero y anotaba en la libreta frente a cada uno… Era sencillo”. Inició como voluntario.

El jesuita estableció lineamientos para el sistema de ahorro-préstamos. “Los créditos eran con interés del 1%”, recuerda Alcántara Cabrera. Cada año, el ahorrador recibía utilidades del 4.5% de su inversión.

Al poco tiempo, se compró el terreno en la calle Guatemala, donde abrió la Casa del Obrero: un centro social con ligas de béisbol, fútbol y ciclismo; además de alfabetización para adultos, peluquería, billar, gimnasio, baños, juegos y un auditorio con 380 butacas.

Impulsó grupos de AA, formó catequistas e inventó los “círculos mutualistas” para apoyo en caso de enfermedad o compra de herramientas.

Se suma a Confederación

En 1957, el jesuita vio necesario constituirse en caja popular para adherirse a la Confederación Mexicana impulsada por Pedro Velázquez.

En esos años, Jol-Gua-Ber llegó a más de cien mil socios activos. Se extendió a Chapalita, Industrial, Loma Bonita, Piletas II, Bella Vista, San Juan Bosco, El Coecillo y Villa Insurgentes.

La institución abrió una escuela en 1954 con sesenta niños. Años después contaba con kínder, primaria y secundaria: “había más de mil alumnos… pagaban 5 pesos mensuales”, narra Rafael.

Jol-Gua-Ber ya prestaba a pequeños fabricantes de calzado para capitalizar talleres.

Se va el fundador

En 1970, en pleno auge, Xavier Gutiérrez fue enviado a otra tarea fuera de León.

En una semblanza sin autor se menciona que nació en Querétaro en 1905 y falleció en 2003, en la casa jesuita de retiro. Su fotografía dice: “Apóstol del Obrero Leonés”.

Con su partida se cerró el ciclo de crecimiento. Los jesuitas enviaron a Carlos de la Torre, y siguieron seis directores más.

Jol-Gua-Ber “empezó a rodar de un lado a otro” hasta que la congregación la entregó al obispo Anselmo Zarza y Bernal, quien comisionó al sacerdote Eduardo Contreras para continuarla.

En 1986 se nombró un Consejo con capital de 210 mil pesos, pero con otros objetivos. Alcántara Cabrera continuaba en la gerencia.

En 1994 asumió la dirección Gerardo Muñoz Campos, hijo de un socio fundador.

Su administración acabó por desaparecer la institución. Las siglas Jol-Gua-Ber se sustituyeron por Acremex. Sólo sobrevivió el nombre en la escuela Jol-Gua-Ber.

Muñoz Campos permaneció hasta 2014. Fue destituido al detectarse quebrantos. En 2016 se le denunció por fraude de más de 700 millones de pesos. Según las investigaciones, hubo desvíos y créditos sin respaldo a empresas y políticos que no pagaron, lo que provocó la quiebra.

La crisis estalló cuando casi 30 mil socios —muchos adultos mayores— no pudieron recuperar sus ahorros ni cobrar intereses.

El manejo de la caja por directivos ajenos a sus principios distorsionó la misión del padre Xavier. Otras cajas crecieron y hoy están entre las principales del país, como la Caja Popular Mexicana.

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