León.- En medio de una industria donde el contenido infantil está cada vez más cuestionado, Cócoro y su Pandilla se abre paso con una propuesta clara: entretener, educar y conectar emocionalmente con los niños… y también con sus familias.
Al frente está Karla Zamudio, quien ha construido un universo donde la música, el juego y los valores conviven de forma orgánica.
“Estamos muy contentos de poder compartir esta nueva etapa. Es un proyecto que hacemos con muchísimo cariño, pensando siempre en lo que los niños viven en su día a día, pero también en lo que las familias necesitan. Queremos que cada canción tenga un propósito, que no sea sólo entretenimiento, sino que realmente deje algo en quien la escucha”, compartió en entrevista telefónica con AM.
Una nueva etapa con identidad renovada
Desde febrero, el proyecto inició una transformación de la mano de CC Entertainment, marcando un relanzamiento tanto en imagen como en contenido.
“Decidimos hacer un relanzamiento completo: nuevo look, nuevas canciones y una estrategia muy ambiciosa de lanzar una canción por semana y un EP por mes. Es un reto fuerte, sí, pero estamos muy emocionados porque todo lo que estamos creando tiene una intención muy clara: transmitir valores, hablar de emociones y acompañar a los niños en su día a día, pero siempre desde un lugar divertido y actual”, explicó Zamudio.
El punto de partida fue “Un abrazo”, una canción que pone al centro el afecto y la conexión emocional.
“Queríamos empezar con algo que hablara del cariño, de la cercanía. Hoy más que nunca los niños necesitan aprender a expresar lo que sienten. A veces no saben cómo decirlo, y la música puede ser ese puente. Un abrazo parece algo simple, pero tiene un poder enorme, y eso es lo que quisimos transmitir desde el inicio de esta nueva etapa”.
Cócoro y su Pandilla es un show infantil que apuesta por los valores sin dejar de lado la diversión. Foto: CC Entertainment
Entre el juego y el aprendizaje
El universo de Cócoro está habitado por personajes entrañables como Sammy, Dulce y la gatita Nube, que acompañan a los niños en historias que reflejan su vida cotidiana.
Ahí radica uno de los mayores retos: equilibrar lo educativo con lo entretenido.
No se trata de hacer canciones obvias o moralistas. Buscamos conectar con lo que realmente viven los niños: desde no querer hacer la tarea, hasta entender la amistad, la frustración o la alegría. Queremos que se identifiquen, que digan ‘eso me pasa a mí’. Y a partir de ahí, darles herramientas desde un lugar divertido, moderno y cercano”.
La clave, dice, está en adaptarse a las nuevas formas de consumo.
“Hoy los niños nacen con otro chip, consumen contenido muy rápido, tienen otros gustos desde muy pequeños. Entonces nuestro reto es seguirlos entreteniendo, pero de forma sana. Por eso estamos apostando por canciones más cortas, dinámicas, muy pegajosas, pero con mensajes claros, positivos y acordes a su edad”.
Reto doble: Hablarle a niños… y a padres
Crear contenido infantil hoy implica una responsabilidad mayor, y Zamudio lo tiene claro.
“Es un reto doble, porque no sólo piensas en los niños, también en los papás. Queremos que cuando escuchen nuestro contenido se sientan tranquilos, que sepan que es algo sano, que aporta. Pero también que lo disfruten, que digan ‘oye, esta música está padre’. Que no sea sólo ‘voy a llevar a mi hijo’, sino que ellos también se la pasen bien”.
Esa visión ha sido clave para construir una comunidad sólida, que hoy se refleja en sus números: más de 2.31 millones de suscriptores en YouTube.
“La conexión ha sido muy orgánica. De verdad, en algún momento volteamos y dijimos ‘¿en qué momento ya somos más de dos millones?’. Eso habla de que el proyecto está conectando de verdad, que lo que estamos haciendo sí está llegando al corazón de las familias”.
Más allá de la música, experiencias vivas
El proyecto no se limita a canciones. Busca generar experiencias completas que involucren a los niños de forma activa.
“Queremos que no sea sólo ver y escuchar, sino que los niños participen. Por eso hacemos retos, manualidades, recetas, actividades… queremos que se levanten, que jueguen, que se identifiquen con las historias. Que no todo sea estar frente a una pantalla, sino que también haya movimiento, imaginación y convivencia”.
Y esa conexión cobra otra dimensión en vivo.
No es lo mismo verlo en pantalla que vivirlo en persona. Cuando podemos abrazarlos, cantar con ellos, ver cómo reaccionan, es algo completamente distinto. Ahí es donde realmente se siente todo lo que queremos transmitir”.
El siguiente paso: Conquistar escenarios
Con una propuesta renovada, el siguiente objetivo es claro: salir de gira.
“Estamos preparando un show completamente nuevo, con todas las canciones nuevas y también con esos temas que el público ya ha hecho suyos. La idea es arrancar en Ciudad de México y de ahí empezar a recorrer toda la República. También queremos llegar a otros países, porque sabemos que hay público en Perú, en Argentina, en Centroamérica… y eso nos emociona muchísimo”.
Incluso el Bajío ya está en la mira.
“Muy pronto queremos estar por allá, conectar con ese público en persona. Sabemos que hay muchas familias que nos siguen y queremos llevarles esta experiencia en vivo, que es algo completamente distinto”.
Una misión que también es personal
Detrás del proyecto hay una motivación íntima: la maternidad.
Zamudio trabaja de la mano con sus hijos, Ivanna y Gael, quienes forman parte del proceso creativo.
“Ellos son mi guía. Estoy muy al pendiente de lo que ven, de lo que les gusta, de cómo van creciendo, de lo que viven con sus amigos. Los niños mismos te dicen qué funciona y qué no, y eso para mí es fundamental. Este proyecto también nace desde ahí, desde ser mamá y querer ofrecerles algo mejor”.
Y con ello, deja un mensaje claro para las familias:
Queremos que cada vez que escuchen Cócoro y su Pandilla, los papás sepan que es un contenido sano, que aporta, que ayuda a sus hijos a entender sus emociones, a crecer con valores y a disfrutar su infancia. Ese es nuestro compromiso”, finalizó.
LCCR