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Mundiario 23 Apr, 2026 01:56

Crisis en Perú por los F-16: 3.500 millones en juego, dos ministros dimiten y la tensión con EE UU

La adquisición de 24 aviones de combate F-16 Block 70 por 3.500 millones de dólares parecía un trámite avanzado dentro del proceso de modernización de la Fuerza Aérea del Perú. Sin embargo, la decisión de José María Balcázar de frenar públicamente la firma —apelando al carácter transitorio de su mandato— ha desatado una tormenta política de primer orden.

El problema no radica únicamente en el fondo, sino en la contradicción entre el discurso presidencial y los hechos posteriores. Mientras el mandatario insistía en que el contrato debía quedar en manos del próximo Gobierno, cuando el país todavía no conoce quién disputará la presidencia con Keiko Fujimori en segunda vuelta, distintas voces dentro del Ejecutivo y el Congreso aseguraban que el acuerdo ya había sido firmado días antes por la Fuerza Aérea del Perú y la empresa estadounidense Lockheed Martin.

Esta disonancia no solo ha erosionado la credibilidad del Ejecutivo, sino que ha abierto un debate más profundo: ¿quién controla realmente las decisiones estratégicas del Estado en un contexto de transición política? La crisis se materializó rápidamente con la dimisión del canciller Hugo de Zela y del ministro de Defensa Carlos Díaz, ambos críticos con la postura presidencial.

Sus salidas representan una ruptura institucional en áreas especialmente sensibles: la política exterior y la defensa nacional. Ambos exministros sostienen que el contrato estaba cerrado y acusan al presidente de distorsionar la realidad, lo que introduce un elemento de desconfianza que trasciende lo político para situarse en el terreno de la gobernabilidad.

Más aún, el hecho de que la Fuerza Aérea avanzara con la firma del contrato pese al anuncio presidencial plantea interrogantes sobre la cadena de mando y el respeto a la autoridad civil.

La presión internacional: Washington eleva el tono

El componente externo añade una capa adicional de complejidad. El embajador de EE UU en el Perú, Bernie Navarro, reaccionó con dureza ante la posible marcha atrás del acuerdo. “Si negocian de mala fe con EE UU y socavan los intereses estadounidenses, tengan la certeza de que como representante de la Administración Trump utilizaré todas las herramientas disponibles para proteger y promover la prosperidad y la seguridad de nuestro país y la región”, escribió en X el diplomático estadounidense.

Este tipo de declaraciones, poco habituales en la diplomacia pública en el Perú, reflejan la importancia estratégica del contrato para Washington como una pieza dentro del tablero geopolítico en América Latina, donde Estados Unidos busca consolidar su influencia frente a otros actores globales como China.

El origen del contrato se remonta a la Administración de Dina Boluarte, que continuó José Jerí después de que la presidenta fuera vacada por el Congreso, lo que añade un elemento de continuidad institucional. Esos gobiernos interinos ya habían avanzado en la selección del proveedor, inclinándose por Lockheed Martin frente a competidores europeos.

Una compra heredada y cuestionada

Sin embargo, este proceso no ha estado exento de polémica. Empresas de Francia y Suecia cuestionaron la falta de igualdad en la evaluación de ofertas, lo que sugiere que la decisión final pudo estar condicionada por factores políticos más que estrictamente técnicos.

La postura de Balcázar, en este contexto, puede interpretarse de dos formas: como un intento de prudencia fiscal y política, o como una maniobra que introduce incertidumbre en compromisos ya adquiridos. El episodio de los F-16 trasciende la discusión sobre defensa. Se ha convertido en un síntoma de debilidad institucional en un Gobierno de transición que enfrenta limitaciones políticas y temporales. Por un lado, la falta de coherencia entre los distintos niveles del Ejecutivo erosiona la confianza interna, y la exposición a presiones externas complica aún más la toma de decisiones.

La posible moción de censura impulsada desde el Congreso añade presión a un escenario ya inestable, donde la figura presidencial aparece cuestionada no solo por la oposición, sino por su propio entorno. @mundiario

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