
Tras un monumental mitote pletórico de invocaciones al “pueblo” y a la “democracia”, los dueños de los partidos sonrieron con el desenlace del Plan B, que les permite seguir recibiendo fortunas cada año y los faculta a controlar las candidaturas; con esto garantizan su monopolio sobre la vida pública. Si la Presidenta conoce la profunda adicción de los partidos al dinero fácil, ¿por qué se lanzó a una aventura tan incierta?
La respuesta podría estar en los dos grandes déficits de la 4T: sé que la inseguridad y la corrupción fueron heredadas de las presidencias del PRI y el PAN, pero también se puede demostrar que ni Andrés Manuel López Obrador ni Claudia Sheinbaum han logrado controlarlas.