“El país de las bellezas” es la manera en que se presenta Colombia en esta edición del Tianguis Turístico como el país invitado de honor.
Y no es casualidad pues la nación sudamericana cuenta con una diversidad cultural y de ecosistemas única. Tanto del lado del caribe como pegado a la ciudad, este destino tiene mucho que ofrecer a los viajeros mexicanos.
En rankings internacionales que proyectan las tendencias de viaje para 2026, varios de sus destinos fueron reconocidos entre los mejores del mundo por medios de gran reconocimiento.

Diversidad que enamora
Uno de los grandes atractivos de Colombia es la variedad de experiencias que puede concentrar en un solo viaje.
Como segundo país más biodiverso del mundo, en su territorio conviven selvas, páramos, desiertos y costas tropicales, lo que lo convierte en un destino ideal para el ecoturismo, la aventura y el contacto con la naturaleza.
Entre sus destinos más destacados figuran:
- Cartagena de Indias, referente histórico por su arquitectura colonial y su vibrante oferta cultural.
- Medellín, centro de innovación y arte urbano reconocida internacionalmente por su transformación social.

- El Parque Nacional Natural Tayrona, que combina selva tropical con playas vírgenes.
- Eje Cafetero, región dedicada al agroturismo sostenible y la cultura del café en paisajes montañosos.
A estos se suma una de las grandes revelaciones turísticas de los últimos años: el turismo fluvial por el río Magdalena, que gracias a nuevas operaciones de cruceros de lujo conecta Cartagena con Barranquilla, pasando por joyas ocultas como Mompox, la ciudad colonial que sirvió de inspiración a Gabriel García Márquez.
Una gastronomía que conquista paladares
La cocina colombiana también vive su mejor momento. Tras el reconocimiento de El Chato como el mejor restaurante de América Latina según Latin America’s 50 Best Restaurants en 2025, el país mantiene la atención del mundo culinario, consolidándose como destino gastronómico estratégico en la región e impulsando el interés por ingredientes autóctonos reinterpretados con técnica de vanguardia.
La creciente demanda por experiencias gastronómicas auténticas se traduce en ferias de comida en mercados campesinos, clases de cocina con recetas tradicionales de la Costa Caribe o el Pacífico, y recorridos de café en el Quindío.
Una propuesta culinaria que, al igual que la mexicana, encuentra en la diversidad de sus regiones su mayor fortaleza.
Calles que cuentan historias
Recorrer Colombia a pie es una experiencia que difícilmente se olvida, porque cada ciudad tiene su propio ritmo, su propio color y su propia forma de recibir al visitante.
Caminar por su Centro Histórico al atardecer, con las murallas iluminadas y el olor a mar en el aire, es una experiencia que no se olvida.

A eso se suma la posibilidad de visitar el imponente Castillo San Felipe de Barajas e interactuar con la cultura afrocolombiana a través del arte callejero, el baile de salsa y los sabores de la cocina local.
En Medellín, la historia es diferente pero igual de poderosa. Caminar por sus calles es descubrir una mezcla perfecta entre modernidad urbana y naturaleza exuberante.
No se puede decir que se estuvo en la ciudad sin subir al Metrocable para admirarla desde las alturas o perderse en la Plaza Botero, donde el arte monumental se vive al aire libre.
La experiencia se completa en el barrio El Poblado, donde la gastronomía de vanguardia y la vida nocturna invitan a disfrutar del ritmo local hasta el amanecer.

Bogotá, por su parte, sorprende con una agenda cultural que pocas capitales latinoamericanas pueden igualar.
Desde el emblemático cerro de Monserrate, que ofrece vistas panorámicas sobre la ciudad, hasta el Museo del Oro, donde es posible conocer el pasado precolombino del país a través de exquisitos artefactos, la capital colombiana es un destino que se disfruta tanto en sus grandes avenidas como en los rincones íntimos de su barrio La Candelaria.
Y para quienes buscan salir de los circuitos convencionales, Villa de Leyva ofrece su arquitectura colonial y sus calles adoquinadas como una postal que parece detenida en el tiempo.

Colombia, en suma, es un país que se entiende caminando: en los mercados campesinos donde el aroma del café recién tostado se mezcla con el de las flores, en las playas del Tayrona donde la selva se funde con el Caribe, o en las comunas de Medellín donde el arte urbano narra décadas de transformación social.