La decisión de Naftali Bennett y Yair Lapid de fusionar sus partidos y concurrir juntos a las próximas elecciones supone uno de los movimientos estratégicos más relevantes en la política israelí reciente. Ambos ex primeros ministros, que ya colaboraron en 2021 para desalojar temporalmente del poder a Benjamín Netanyahu, intentan ahora consolidar una alternativa más sólida frente a un liderazgo que, pese a su resiliencia, atraviesa un momento de cuestionamiento.
La nueva formación, bautizada como Together (Juntos), se presenta como una alianza entre el centro y la derecha moderada, con Bennett al frente. El objetivo declarado es claro: construir un bloque político lo suficientemente amplio como para superar la fragmentación de la oposición y aumentar sus opciones de alcanzar una mayoría parlamentaria en la Knéset.
En palabras de Lapid, “este país necesita unidad como aire para respirar”, una afirmación que refleja el eje central de la estrategia: convertir la unidad en argumento electoral.
La alianza entre Bennett y Lapid no surge en el vacío. En 2021, ambos lograron articular una coalición heterogénea que puso fin a 12 años consecutivos de gobierno de Netanyahu. Sin embargo, aquella experiencia duró apenas 18 meses, lastrada por profundas divisiones ideológicas y una mayoría parlamentaria extremadamente ajustada.
Esa experiencia previa parece haber moldeado la nueva estrategia. A diferencia de entonces, la actual fusión busca evitar la dispersión del voto opositor desde el inicio, integrando estructuras partidarias en una sola plataforma. El mensaje implícito es que la fragmentación fue uno de los principales factores de debilidad en el pasado.
Matemática electoral: ¿puede cambiar el equilibrio?
La iniciativa también debe entenderse en el contexto posterior al ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, un evento que ha marcado profundamente la política israelí. Bennett ha anunciado que, en caso de llegar al poder, impulsará una comisión estatal de investigación desde el primer día, apuntando directamente a uno de los puntos más sensibles del actual gobierno: la gestión y prevención.
Este enfoque conecta con una percepción creciente en parte del electorado: que la gestión de la seguridad nacional, tradicionalmente uno de los pilares del liderazgo de Netanyahu, ha quedado severamente dañada. A ello se suman críticas sobre la falta de traducción de los avances militares en logros estratégicos duraderos, especialmente frente a actores como Irán, Hamás o Hezbolá.
Las encuestas recientes sugieren que la fusión podría mejorar la posición del bloque opositor, aunque no garantiza automáticamente una mayoría. La política israelí, altamente fragmentada, obliga a construir coaliciones complejas, y ningún partido suele alcanzar por sí solo los 61 escaños necesarios.
Sin embargo, más allá de los números inmediatos, el movimiento tiene un efecto político relevante: proyecta una imagen de coordinación y seriedad que podría movilizar a votantes indecisos o desmovilizados. La percepción de viabilidad suele ser un factor determinante en sistemas parlamentarios fragmentados.
#24hFdS | En Israel, la oposición se revuelve contra Netanyahu y anuncia una gran coalición para intentar desalojarle del poder
— Radio 5 (@radio5_rne) April 26, 2026
?? Hay comicios en otoño de este año y sus dos principales rivales, Naftali Bennett y Yair Lapid, han anunciado que concurrirán juntos
?? Luis Vázquez pic.twitter.com/RatpmP3gh9
Límites y contradicciones de la alianza
A pesar de su potencial, la nueva coalición enfrenta desafíos estructurales. Bennett ha descartado repetir alianzas con partidos árabes, una decisión que reduce el margen de maniobra para formar gobierno. Al mismo tiempo, la coalición intenta equilibrar sensibilidades diversas: desde sectores laicos urbanos hasta votantes de derecha más conservadora.
Además, Netanyahu sigue siendo un actor político con una notable capacidad de supervivencia. Su base electoral, especialmente entre partidos religiosos y de derecha dura, se mantiene cohesionada, lo que limita el impacto automático de cualquier reorganización opositora.
La fusión entre Bennett y Lapid no es solo una maniobra electoral; es un intento de reconfigurar el mapa político israelí en un momento de alta incertidumbre. Bennett lo expresó de forma explícita: “Después de treinta años, es hora de separarse de Netanyahu y abrir un nuevo capítulo para Israel”.
La clave será si esa narrativa logra trascender el rechazo personal a Netanyahu y convertirse en un proyecto político coherente capaz de atraer mayorías. En un sistema donde las alianzas son tan determinantes como los votos, la capacidad de sumar apoyos tras las elecciones será tan importante como el resultado en las urnas. @mundiario