HUB
Mundiario 28 Oct, 2026 20:18 (10 min de lectura)
Observatorio Neutral

Para no acabar “en el menú”: Alemania y Japón estrechan una alianza entre el caos global

Por Diego Tudares En Mundo Japón
Para no acabar “en el menú”: Alemania y Japón estrechan una alianza entre el caos global
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• Merz y Takaichi firman alianza estratégica en Tokio para seguridad económica.
• Buscan reducir dependencia de China en materias primas críticas como tierras raras.
• Acuerdan cooperación en tecnologías avanzadas ante presiones comerciales globales.

Alemania y Japón quieren convertir sus intereses económicos compartidos en una asociación estratégica capaz de resistir las presiones de las grandes potencias. La primera visita del canciller alemán, Friedrich Merz, a Japón desde su llegada al cargo ha servido para estrechar la relación con la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, y acordar nuevas vías de cooperación en seguridad económica y tecnologías avanzadas. El acercamiento se produce cuando las tensiones comerciales, la competencia industrial y los riesgos geopolíticos están alterando las relaciones entre los principales centros económicos del mundo.

Los dos gobiernos han presentado declaraciones conjuntas destinadas a orientar su colaboración en sectores considerados esenciales para la prosperidad y la seguridad nacionales. Aunque sus comunicados no mencionan expresamente a Estados Unidos ni a China, el contexto permite interpretar el acuerdo como una respuesta a las políticas de presión económica que ambas potencias han empleado en distintos momentos contra socios y rivales. Washington ha recurrido a los aranceles como instrumento de su política comercial, mientras que Pekín mantiene una posición dominante en determinadas cadenas de suministro y ha impuesto restricciones sobre recursos estratégicos.

La iniciativa de Merz y Takaichi no significa una ruptura con ninguno de esos países. Alemania necesita conservar sus relaciones comerciales internacionales y Japón mantiene vínculos económicos profundos con China y Estados Unidos. Lo que ambos gobiernos persiguen es reducir la exposición a decisiones externas que puedan interrumpir suministros, encarecer la producción o comprometer industrias esenciales.

Uno de los principales ejes del acuerdo es la protección de las cadenas de suministro. En su declaración conjunta, los dos dirigentes expresaron su preocupación por el creciente uso de la coerción económica, incluidas las restricciones arbitrarias a las exportaciones y las medidas de represalia. También cuestionaron las prácticas que generan sobrecapacidades y distorsiones del mercado y que, a su juicio, debilitan la seguridad económica y la resiliencia industrial.

La preocupación tiene una dimensión especialmente concreta en las materias primas críticas y las tierras raras, indispensables para fabricar motores eléctricos, baterías, componentes electrónicos, equipos de defensa y sistemas de energía renovable. China ocupa una posición central en el procesamiento de numerosos minerales estratégicos, lo que le proporciona una capacidad de influencia que otros países intentan contrarrestar.

Japón conoce los riesgos de esa dependencia. La disputa diplomática con Pekín de 2010, que estuvo acompañada de graves preocupaciones sobre el suministro de tierras raras, impulsó a Tokio a diversificar proveedores, acumular reservas estratégicas y desarrollar capacidades de reciclaje. Las restricciones chinas más recientes han reforzado esa estrategia, especialmente después de las declaraciones de Takaichi sobre una posible respuesta militar japonesa ante una crisis en torno a Taiwán, territorio que Pekín considera parte de China.

Merz ha reconocido el valor de esa experiencia japonesa, marco en el cual ambos gobiernos han firmado una declaración de intenciones sobre materias primas críticas y anunciado que trabajarán para ampliar las fuentes de suministro, así como para mejorar la intercambiabilidad de las tierras raras utilizadas por sus industrias automovilísticas. Esta cooperación también abarcará sectores como semiconductores, baterías, vehículos eléctricos, robótica, inteligencia artificial industrial, medicamentos y energía eólica; áreas estratégicas en las que la competencia tecnológica puede determinar no solo la productividad, sino también la autonomía de las economías avanzadas.

El objetivo no es necesariamente eliminar las relaciones comerciales con China, una tarea difícil por el peso de su industria, sino evitar que una interrupción de suministros o una decisión política deje a las empresas alemanas y japonesas sin alternativas viables. La diversificación, sin embargo, requiere inversiones, nuevos contratos, infraestructuras y años de desarrollo. Cambiar un proveedor dominante por varios alternativos no es una operación inmediata ni garantiza que los nuevos mercados puedan cubrir toda la demanda.

Merz propone una alianza internacional para defender el comercio basado en normas

La visita a Tokio ha servido también para que el canciller alemán impulse una iniciativa política de mayor alcance. En un foro económico, Merz defendió la creación de una alianza de países afines que proteja el comercio basado en reglas internacionales y permita responder de forma coordinada a las prácticas de coerción económica.

"Si se violan las reglas del sistema comercial mundial o se emplea la coerción económica, podríamos coordinar nuestras acciones dentro de la alianza y presentar un frente unido", sostuvo, según declaraciones recogidas por Reuters. El canciller describió un escenario en el que las grandes potencias están transformando las reglas internacionales mediante aranceles, presión comercial y avances tecnológicos capaces de alterar el equilibrio económico.

La propuesta recuerda a los llamamientos del primer ministro canadiense, Mark Carney, para que las potencias intermedias estrechen su cooperación y eviten quedar sometidas a las decisiones de los países más poderosos. Merz recuperó esa idea con una metáfora sobre la necesidad de dejar de estar "en el menú" y pasar a sentarse a la mesa de negociación. En sus palabras, si esos países actúan juntos, podrán influir en las reglas en lugar de limitarse a aceptarlas.

La iniciativa responde a un problema económico que afecta directamente a Alemania. La mayor economía europea atraviesa dificultades para recuperar el crecimiento, mientras su industria se enfrenta a la competencia de los productos chinos y a la incertidumbre generada por los aranceles estadounidenses. Reuters informó, además, de que el déficit comercial alemán con Asia-Pacífico podría alcanzar en 2026 una cifra récord cercana a los 146.000 millones de euros, en un contexto de retroceso de las exportaciones a China.

Pekín respondió a la iniciativa de Merz pidiendo a Alemania y a la Unión Europea que actúen de manera «objetiva y racional» en los asuntos comerciales y de cadenas de suministro, al tiempo que sostiene que está comprometida con la estabilidad del comercio internacional y rechaza ser responsable de los problemas industriales europeos. Esta discrepancia refleja el complejo desafío al que se enfrenta Berlín: proteger su base industrial sin perjudicar innecesariamente el acceso a mercados, componentes y consumidores fundamentales. En este sentido, una alianza comercial de países afines podría aumentar la capacidad de negociación colectiva; sin embargo, su eficacia real dependerá de que sus integrantes acepten coordinar políticas que no siempre coinciden.

La seguridad económica se complementa con una apuesta por las tecnologías que definirán la próxima etapa de la competencia industrial. Merz y Takaichi han acordado establecer un diálogo de alto nivel sobre inteligencia artificial y reforzar la cooperación frente a los ciberataques. La IA industrial, la robótica y los semiconductores son áreas prioritarias para ambos países, tanto por su potencial productivo como por su importancia para las infraestructuras y la defensa.

Alemania ha anunciado que destinará 2.000 millones de euros hasta 2029 a inteligencia artificial y alta tecnología, mientras Japón prepara inversiones privadas de gran volumen en estos ámbitos con horizonte en 2040, según las cifras recogidas en la información de partida. Tokio también respalda con subvenciones públicas el desarrollo de su industria de semiconductores y cuenta con mecanismos estatales para facilitar el acceso de las empresas a materias primas estratégicas.

Durante su visita, Merz conoció Kyoto Fusioneering, una empresa japonesa vinculada al desarrollo de tecnologías de fusión nuclear que coopera con Siemens Energy. La fusión todavía afronta importantes dificultades científicas e industriales antes de convertirse en una fuente comercial de electricidad a gran escala, pero la colaboración ilustra la intención de los dos países de mantener posiciones en sectores de alto valor añadido.

El reto será transformar los anuncios políticos en proyectos empresariales concretos. La cooperación tecnológica requiere financiación sostenida, protección de la propiedad intelectual, especialistas y marcos regulatorios compatibles. Además, las inversiones públicas y privadas no garantizan por sí solas que Alemania y Japón puedan competir en todos los segmentos con China y Estados Unidos, que disponen de mercados de gran tamaño y recursos considerables para desarrollar nuevas tecnologías.

La cooperación militar gana peso ante las tensiones en Asia

El acercamiento entre Berlín y Tokio no se limita a la economía, ya que ambos gobiernos han expresado su preocupación por la situación en los mares de China Oriental y Meridional, rechazando cualquier intento de cambiar unilateralmente el statu quo mediante la fuerza o la coacción. Asimismo, han defendido la estabilidad en el estrecho de Taiwán y una solución pacífica a las diferencias entre Pekín y Taipéi.

Si bien las prioridades de seguridad de los dos países no son idénticas —con Alemania centrada en la guerra de Rusia contra Ucrania y la seguridad europea, y Japón observando con preocupación el aumento de la actividad militar china, las capacidades de Corea del Norte y la cooperación entre Pekín y Moscú—, ambos gobiernos comparten el interés estratégico de evitar que una crisis regional interrumpa las rutas marítimas, las cadenas de suministro o el comercio internacional.

 

La cooperación militar alemana en el Indopacífico se ha ido ampliando. Las fuerzas armadas alemanas participan en maniobras con Japón y Estados Unidos, y el acercamiento incluye conversaciones sobre una mayor colaboración entre sus industrias de defensa. Takaichi ha manifestado su disposición a explorar nuevas fórmulas de cooperación entre las fuerzas armadas y a promover proyectos industriales en los que las capacidades de ambos países sean complementarias.

Uno de los asuntos más sensibles es la posible participación alemana en el Global Combat Air Programme (GCAP), el programa de avión de combate de nueva generación que desarrollan Japón, Reino Unido e Italia. Berlín estudia sus opciones tras las dificultades del proyecto de caza conjunto francoalemán, pero no existe una decisión definitiva sobre su incorporación. La ampliación del GCAP tampoco está garantizada: cualquier cambio exige el acuerdo de los socios y resolver cuestiones de tecnología, financiación, gobernanza y reparto industrial.

La cooperación en defensa puede fortalecer la relación estratégica, aunque también exige cautela. Los acuerdos militares y tecnológicos suelen desarrollarse durante años y están sujetos a decisiones políticas, compromisos presupuestarios y requisitos de seguridad. Por tanto, las declaraciones de intención constituyen un marco para futuras negociaciones, no la confirmación de que todos los proyectos vayan a materializarse. @mundiario

Entidades Estrategicas Detectadas (Clic para explorar):