nullAgustín Dorantes
Las adicciones avanzan entre aislamiento, ansiedad, cambios de conducta o rupturas familiares que suelen confundirse con episodios pasajeros. Esperar a que exista dependencia para intervenir equivale a instalar el extinguidor cuando el incendio ya consumió la casa.
La respuesta exige una arquitectura cercana donde las familias que reconozcan señales sin convertir la sospecha en estigma; escuelas con orientación psicológica, docentes capacitados y protocolos de intervención; comunidades con acompañamiento y vías claras hacia servicios profesionales. La política ya vincula salud mental, prevención y atención comunitaria; el desafío es convertir esa orientación en práctica cotidiana.
México necesita una política preventiva basada en evidencia, necesita formación para padres y maestros, habilidades socioemocionales para jóvenes, detección temprana de riesgos y atención oportuna de salud mental, además de redes comunitarias de referencia y tratamiento. Prevenir no es vigilar, sino hacer posible pedir ayuda antes de tocar fondo.