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AM 03 May, 2026 03:27

Desarmó una bomba sin conocerla… y así nació una industria en León

Pedro Medina Hurtado Historia 190

Esta es la historia 190 de 450 que te contaremos sobre León

Hijo de un mecánico autodidacta que desarmó una bomba alemana sin haber visto una antes, Pedro Medina Hurtado convirtió el ingenio de su padre en una empresa fabricante de bombas sumergibles.

A sus casi 90 años, Pedro reconstruye la historia de Bombas Medina: la inteligencia de su padre, la disciplina, la intuición técnica y una habilidad que resume su éxito: saber vender.

En la memoria de Pedro Medina Hurtado hay escenas que no se borran. A sus 89 años, recuerda nombres, calles, cifras y, sobre todo, el talento de su padre, Tiburcio Padilla. Fabricaba desde tornillos y clavos hasta bombas sumergibles. Tiburcio nunca fue a la escuela, pero con un torno de pedales reproducía piezas de máquinas importadas. Su pequeño taller estaba a la entrada de su casa.

Cuando comenzó el éxito en la fabricación de bombas, Pedro fue el mejor vendedor.

Lo mejor que he hecho es vender”.

Estudió Ingeniería Química en la Universidad de Guanajuato, pero reprobó dos años.

“Me equivoqué… no sé para qué estudié eso”.

Hambre, oficio y supervivencia

“Mi padre quedó huérfano… no sé si a los cinco o siete años”.

Le tocó vivir en una época en la que las escuelas eran un privilegio y había hambre.

Terminaba la Revolución y la pobreza aparecía en todas partes.

“Iban al campo a matar ratas… para comer”, recuerda Pedro. Su padre comía una vez al día.

En la Ciudad de México vendía zapatos en el mercado de Santa Julia. Después regresó a León. Aquí vivían sus tíos: Jovita, maestra, y José, carpintero.

Con una habilidad poco común, Tiburcio aprendía cómo funcionaban las cosas.

Tiburcio Padilla, el iniciador, en su taller y con el torno de pedal. Foto: Archivo familia Medina

Instaló un pequeño taller con un torno de pedales.

Ahí hacía lo que le pedían: tornillos, tuercas. Un día fabricó 150 tornillos para La Americana. Con el pago llevó a su esposa a Veracruz.

También diseñó máquinas, como una para planchar sombreros de paja.

Era un mecánico de maravilla”, dice su hijo. “Mi papá era un genio”.

Tiburcio, casado con Dolores Hurtado, tenía nueve hijos.

La bomba desarmada

El punto de despegue de Bombas Medina llegó por accidente.

Dos empresarios de origen alemán, radicados en León, obtuvieron la representación de las bombas alemanas Pleuger, especializadas en sistemas sumergibles. Pero no sabían instalarlas ni repararlas. Necesitaban a alguien que entendiera el mecanismo.

Llamaron a Tiburcio.

“Mi papá desarmó toda la bomba”.

El reclamo fue inmediato: “¿Qué ha hecho usted?”, le dijeron.

“Pues la armo”, respondió. Y la armó.

Ese momento definió el rumbo de la empresa familiar. Tiburcio pasó de mecánico improvisado a técnico, luego a responsable del área y más tarde a director técnico de la compañía.

Pero la estabilidad duró poco. Un cambio corporativo en Alemania derivó en la venta de la empresa a la competidora KSB. La filial en México reestructuró su operación.

“Llegaron y le dijeron: ‘usted ya no trabaja aquí’”.

Tiburcio salió. Pero no solo.

“Todos los clientes se fueron con mi papá”, recuerda Pedro.

El pequeño taller seguía en la casa familiar.

“Decía: ‘¿para qué traemos piezas si aquí las puedo hacer yo?’”.

Las primeras bombas eran rudimentarias: una cada quince días, sin infraestructura industrial ni acceso suficiente a materiales. Los motores eran el mayor reto.

Pero el proceso ya había comenzado. Mientras tanto, Pedro tomaba otro camino.

Pedro se va

Nacido en 1936, Pedro era el mayor de los hermanos.

De niño y años después, vivió con sus tíos Jovita y José. Ella era una gran maestra y él, carpintero. Acompañaba a su tío José a comprar madera. Mientras otros cargaban el camión, él hacía cuentas.

“Yo los contaba… pero no solamente los contaba, hacía conversiones de centímetros a pulgadas”.

Cursó párvulos en la escuela de su tía Jovita Medina; luego entró al Instituto Lux y, al concluir el bachillerato, ingresó a Ingeniería Química en la Universidad de Guanajuato.

En Guanajuato, “perdí cuatro años flojeando tremendamente”.

La falta de profesores, la bohemia y el desorden académico marcaron su paso por la escuela. Decidió irse a la Ciudad de México.

Ingresó a la Universidad —la UNAM— y trabajó en una empresa farmacéutica. Ganaba bien. Su tía le había comprado un auto y estaba contento.

Entonces comenzó a vender bombas en Texcoco.

El regreso a León

Un día, su padre fue a buscarlo a la Ciudad de México y le pidió que regresara a ayudarle.

“Necesito a alguien, necesito que me ayudes”, le dijo.

Pedro dudó. Tenía estabilidad en la capital, pero terminó aceptando. En 1966, ya casado con Graciela, regresó a León.

“Todavía trabajábamos en el taller. Teníamos mucho que hacer”.

Pedro MedinaPedro Medina y su esposa Graciela. Foto: Archivo familia Medina

Pedro encontró su lugar casi de inmediato.

“Yo me lo eché solo”, dice sobre los primeros años. Sus hermanos no participaban aún. Él vendía, gestionaba y abría mercado.

Afirma que en esos años vendió mil bombas.

Diseñó soluciones específicas para los clientes, adaptó equipos y entendió necesidades industriales. Su formación técnica ayudaba, pero su principal herramienta era otra.

“La facilidad de palabra”, asegura.

Nace Bombas Sumergibles Medina

El crecimiento se consolidó en 1970, con la inauguración del edificio, talleres e instalaciones de la empresa bajo el nombre Industrias Medina, conocida comercialmente como Bombas Medina.

“Fue el año más impactante de mi vida”, recuerda Pedro.

La empresa integró procesos: fundición, fabricación de motores y ensamblaje. Se volvió autosuficiente.

Pedro asumió la dirección.

“Mi papá me dijo: ‘te voy a dejar como director general’”, y le otorgó apoyo total. “Yo manejaba todo”.

Tiburcio se mantuvo en el área técnica. Nunca dejó de crear.

“No le gustaba la administración, era un ingeniero nato”. Don Tiburcio murió en 1989.

Más allá del taller

Con Pedro al frente, la empresa amplió su alcance. Participó en proyectos hidráulicos y desarrolló soluciones especializadas.

Trabajó con grandes clientes, como la Azufrera Panamericana, para la cual diseñó bombas capaces de operar en condiciones extremas, como agua a 60 o 70 grados, altamente corrosiva.

También participó en procesos técnicos vinculados a infraestructura nacional, incluyendo proyectos relacionados con la Comisión Federal de Electricidad.

El ingeniero Pedro Medina Hurtado aún figura como director general de Bombas Sumergibles Medina, aunque algunos de sus hijos y, en particular, un nieto han asumido más responsabilidades.

La compañía está especializada en electrobombas sumergibles para pozo profundo. Sus equipos están diseñados para aplicaciones agrícolas, mineras, industriales y de agua potable, destacando por su uso en la extracción de agua del subsuelo, cárcamos y sistemas de riego.

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