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Radar Inteligente
Yucatan 17 May, 2026 08:32

Opinión: El psicólogo ganador del Nobel que creyó encontrar el secreto de la felicidad

Si al tomar decisiones nos guiamos a menudo por la búsqueda de lo mejor, estamos tomando decisiones de la forma equivocada, y probablemente seamos menos felices por ello.

En la era de la abundancia de información y opciones, damos por hecho que podemos encontrar lo mejor de todo si buscamos lo suficiente. Los psicólogos llaman a esta tendencia maximización.

Pero buscar lo mejor es el objetivo equivocado. Esto se debe a que la búsqueda es en sí misma un costo y la mayoría de la gente se olvida de tenerlo en cuenta. Si lo hicieran, verían que la estrategia óptima no es en absoluto optimizar.

Hay una forma mejor de tomar decisiones. Para entenderla, debes conocer a Herbert Simon, pionero de la inteligencia artificial y la psicología cognitiva, además de premio Nobel de Economía.

Simon demostró que, para la mayoría de las decisiones, los humanos no podemos evaluar realmente las opciones disponibles —hay demasiadas, nuestra información sobre ellas es incompleta y nuestras mentes no están hechas para sopesarlas todas—, por lo que recurrimos a atajos mentales.

Simon acuñó el término satisficing, un acrónimo de satisfy (satisfacer) y suffice (bastar), que suele traducirse como satisfacer o satisfaccionismo, para describir cómo consideramos un conjunto limitado de opciones, elegimos una que es suficientemente buena y seguimos adelante con nuestras vidas.

“Lo mejor es enemigo de lo bueno”

Cuando Simon se enfrentaba a una decisión, consideraba algunas alternativas, a veces pedía consejo, elegía y seguía adelante. No se angustiaba ni dudaba. “Lo mejor es enemigo de lo bueno” era el mantra por el que se regía.

Simon era, como él decía, un “satisfaccionista incorregible”. Su hija mayor, Katherine, recordaba que su padre usaba una sola marca de calcetines para no elegir color o estilo cada mañana y que poseía exactamente una sola boina negra a la vez, hecha en una mercería concreta de Europa.

Según Katherine, Simon decía que uno solo necesitaba tres juegos de ropa: “uno en el cuerpo, otro en la lavadora y otro en el armario listo para usar”. Siempre desayunaba lo mismo —avena, media toronja, café solo— y vivió en la misma casa durante 46 años.

“Mi padre simplificó su vida en cuanto a sus hábitos diarios”, escribió Katherine, “eliminando así la necesidad de tomar pequeñas decisiones sobre todo”. Al eliminar las pequeñas decisiones de su plato, esa simplificación liberó su atención para las personas y el trabajo que realmente le importaban.

El hombre anumérico

El matemático John Allen Paulos ilustró el mismo principio con un experimento mental en su libro de 1988 El hombre anumérico: ¿Cómo elegir a tu última pareja romántica? En primer lugar, calcula el número de personas con las que podrías salir a lo largo de tu vida. A continuación, sal con aproximadamente el primer tercio sin intención de comprometerte. Utiliza ese tiempo únicamente para calibrar lo que te gusta, lo que no te gusta y lo que podrías estar echando de menos.

Después, comprométete con la primera siguiente persona que te guste más que todas con las que hayas salido. Paulos estaba ilustrando un conocido resultado en probabilidad, que demuestra que esta regla te da la mejor oportunidad de acabar con la mejor pareja de toda la secuencia. Si sigues presionando más allá de ese punto, es más probable que acabes con una pareja peor o con nadie. La idea central —que el camino hacia el mejor resultado pasa directamente por la voluntad de dejar de buscar mucho antes de haber agotado las opciones— se extiende mucho más allá de las citas.

Los psicólogos que han seguido el trabajo de Simon han demostrado que su filosofía personal era tan eficaz como sabia. Poco después de la muerte de Simon en 2001, un equipo de investigadores creó una escala de maximización para medir la posición de una persona en el espectro entre maximizador y satisfaccionista. Descubrieron que suele ser malo ser maximizador.

Los maximizadores tienden a estar menos satisfechos con sus decisiones y sus vidas. Suelen ser menos felices, más propensos a arrepentirse y a compararse sin cesar con los demás. Los que se satisfacen con lo suficiente no tienen necesariamente un nivel de exigencia bajo. Su nivel de exigencia es “lo suficientemente bueno para mí” en lugar de “lo mejor que pueda haber”, y eso les permite sentirse satisfechos con sus decisiones, en lugar de atormentados por las que no tomaron.

Invertir en una elección

El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi, quien utilizó por primera vez el término “flujo” para describir estados de completa absorción en una actividad, lo expresó muy bien. Al decidirse a invertir en una elección, independientemente de otras opciones más atractivas que puedan surgir después, “se libera una gran cantidad de energía para vivir, en lugar de gastarla en preguntarse cómo vivir”.

Esto es fundamental hoy en día, porque la maximización crónica nunca ha sido tan fácil. En 2006, un economista calculó que las opciones de consumo a disposición de los ciudadanos de las economías modernas superaban aproximadamente en un factor de 100 millones a las de las sociedades preindustriales. Se trata de una multiplicación casi incomprensible de las opciones, que va mucho más allá de los bienes de consumo y se extiende a cuestiones como quién ser, cómo vivir, dónde trabajar y a quién amar.

Las redes sociales han intensificado el problema al funcionar como un motor de comparación infinito. Cuando se puede ver un resumen de la carrera, la relación, la casa y las vacaciones de todo el mundo, el propio concepto de “suficientemente bueno” empieza a parecer conformismo.

La idea de que puede haber algo mejor estropea el momento

La necesidad de seguir buscando algo mejor ha envenenado hasta los momentos más mundanos. Los estudios muestran que los espectadores se aburren más si ven muchos videos que si se centran en uno solo. Una forma de interpretar los resultados es que la mera idea de que puede haber algo mejor estropea el momento.

Estudios realizados en Estados Unidos y China muestran que, desde 2010 aproximadamente, los jóvenes afirman estar cada vez más aburridos. Las aplicaciones de citas han ofrecido una versión del experimento mental de Paulos, en la que los usuarios siempre se preguntan qué puede haber más allá del siguiente desliz: maximización en estado puro.

Y ahora la inteligencia artificial promete ayudarnos a optimizarlo todo: nuestros horarios, nuestras dietas, nuestros armarios, nuestra producción creativa. Si Simon tenía razón, el peligro oculto de estas herramientas es que ampliarán aún más el menú de opciones y comparaciones.

El novelista japonés Haruki Murakami captó la tragedia del maximizador en un relato corto. Un chico y una chica solitarios se conocen en una esquina y reconocen intuitivamente que son el uno para el otro. Es un milagro. Se toman de la mano y hablan durante horas. Pero entonces aparece un atisbo de duda: “¿Era bueno que un sueño se hiciese realidad con tanta facilidad?”. Deciden hacer una prueba. Si realmente son el uno para el otro, pueden separarse e inevitablemente volverán a encontrarse. Entonces lo sabrán con certeza. El chico se marcha hacia el oeste y la chica hacia el este. Realmente eran perfectos el uno para el otro. Años después, se cruzan por la calle, pero sus recuerdos se han desvanecido. Nunca vuelven a encontrarse.

A Simón no le habría sorprendido que no se volvieran a ver. Tanto si buscas un lavavajillas como una cita, fija un criterio para lo que sea suficientemente bueno. Detente cuando el criterio se cumpla. Guarda tus recursos cognitivos para las cosas que importan.

* Por David Epstein, autor de Inside the Box: How Constraints Make Us Better y Range: Why Generalists Triumph in a Specialized World.

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