La Segunda División española tiene una capacidad única para transformar certezas en dudas y sueños en angustia en apenas una semana. Pero también sucede lo contrario: a veces, en apenas 48 horas, un equipo descubre que el ascenso ya no es una posibilidad remota sino una realidad que puede tocar con las manos. Eso es exactamente lo que le ha ocurrido al Deportivo. Y, en paralelo, lo que empieza a escapársele al Almería.
La combinación de resultados del fin de semana ha alterado profundamente el paisaje emocional y competitivo de la categoría. La derrota del conjunto andaluz frente a Las Palmas en el Estadio de los Juegos Mediterráneos y la posterior remontada deportivista contra el Andorra en un Riazor abarrotado dejan una conclusión evidente: las cuentas del ascenso directo para el equipo de Rubi empiezan a parecer un cuento demasiado difícil de creer, como reconoce el diario La Voz de Almería.
El fútbol acostumbra a castigar con dureza los tropiezos en el tramo final de temporada. Y el Almería ha llegado precisamente al momento decisivo transmitiendo una sensación inquietante: la de un equipo poderoso en plantilla, ambicioso en inversión y competitivo durante buena parte del campeonato, pero incapaz de sostener la presión definitiva cuando la meta aparece en el horizonte.
El Deportivo depende de sí mismo y podría ascender la próxima jornada en Valladolid. El Almería necesita ganar todo y esperar un desplome blanquiazul improbable
El club presidido por Mohammed Al-Khereiji había diseñado la temporada con una idea muy clara: regresar cuanto antes a Primera División para evitar los riesgos deportivos y económicos de prolongar la estancia en Segunda. La apuesta era contundente. El proyecto también. Pero el fútbol español, especialmente en esta categoría, suele rebelarse contra cualquier lógica presupuestaria.
Ahora mismo la situación es diáfana. El Deportivo suma 74 puntos y el Almería se queda en 71, además de tener perdido el golaveraje particular frente al conjunto gallego. Traducido al lenguaje emocional del fútbol: el Dépor tiene más de medio ascenso en el bolsillo y el Almería empieza a mirar inevitablemente hacia el play-off.
No significa que el equipo rojiblanco esté eliminado matemáticamente de la lucha directa. Pero sí que depende ya de una combinación extremadamente improbable. Necesita ganar sus dos partidos —en Gijón frente al Sporting y en casa ante el Valladolid— y esperar que el Deportivo no gane ninguno de los dos encuentros que le quedan, precisamente contra el Valladolid en Zorriza y la UD Las Palmas, en Riazor.
Sobre el papel todavía existe vida. En la práctica, la sensación es muy distinta. Porque lo verdaderamente significativo no son únicamente las matemáticas, sino el momento psicológico de ambos equipos. El Deportivo transmite ahora mismo una energía competitiva ascendente. Ha enlazado once partidos sin perder, ha recuperado la conexión emocional con Riazor y juega con una mezcla muy poderosa de ilusión colectiva y confianza creciente, con muchio apoyo de su afición.
La remontada ante el Andorra volvió a demostrarlo. El equipo de Antonio Hidalgo sufrió durante buena parte del encuentro, fue dominado en varias fases y llegó al descanso perdiendo. Pero reaccionó con personalidad, impulsado por una grada convertida en un actor decisivo del campeonato. Los golazos de Mario Soriano y Zakaria no solo dieron tres puntos: reforzaron la sensación de que el Deportivo atraviesa uno de esos momentos emocionales que suelen acompañar a los ascensos.
En cambio, el Almería parece instalado en una dinámica mucho más pesada. Su derrota ante Las Palmas no fue solo un tropiezo clasificatorio. También dejó la impresión de un equipo agarrotado por la urgencia. El problema no es únicamente perder puntos; es perder convicción. Y ahí aparece uno de los grandes dilemas del fútbol contemporáneo: la distancia entre construir proyectos económicamente potentes y construir verdaderos equipos preparados para gestionar la presión. El Almería posee talento, profundidad de plantilla y recursos muy superiores a gran parte de la categoría. Pero la Segunda División española exige además otra clase de fortaleza: estabilidad emocional, resistencia psicológica y capacidad para sobrevivir a semanas de ansiedad extrema.
El Deportivo, paradójicamente, parece haber encontrado precisamente eso después de años de sufrimiento institucional y deportivo. Tal vez porque ha convivido demasiado tiempo con la frustración, el equipo coruñés juega ahora con una mezcla de hambre y madurez muy difícil de fabricar artificialmente. Además, el calendario alimenta todavía más esa percepción. Valladolid y Sporting afrontan la próxima jornada sin objetivos reales en juego. Sobre el papel, ambos favoritos parten con escenarios relativamente cómodos. Pero la diferencia es que el Deportivo depende exclusivamente de sí mismo. Y eso, en una categoría tan imprevisible, constituye un privilegio enorme.
Jugadores del Deportivo rodean a Zakaria Eddahchouri, autor del gol de la victoria ante el Andorra (2-1). / RCD
La semana será larguísima en A Coruña y en Almería. En Galicia se vivirá entre la ilusión contenida y el miedo inevitable a rozar nuevamente la tragedia deportiva. En Andalucía, en cambio, empieza a instalarse una resignación amarga: la de asumir que el ascenso directo, diseñado casi como una obligación estructural del proyecto, puede escaparse definitivamente.
Quedará el play-off, naturalmente. Y nadie desconoce el potencial competitivo del Almería en una eliminatoria. Pero también es cierto que la promoción de ascenso se ha convertido históricamente en un territorio de enorme desgaste, incertidumbre y sufrimiento. Un escenario peligroso para cualquier proyecto construido bajo la presión de subir rápidamente.
Bus del Deportivo de La Coruña. / RCD
Mientras tanto, el Deportivo vuelve a mirar de frente a Primera División. Y no solo por la clasificación. También por el ambiente, la comunión social y la sensación de reconstrucción histórica que empieza a respirarse en Riazor. El fútbol, al final, suele premiar a los equipos que llegan vivos mentalmente al último tramo. Y hoy el Dépor parece mucho más cerca de la felicidad que un Almería obligado ya a esperar casi un milagro. @mundiario