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Publimetro 17 May, 2026 16:14

Bodega de vinos chilena es reconocida como la mejor del mundo

El vino rara vez habla solo de vino. Detrás de cada etiqueta existe una geografía, una memoria familiar, una conversación compartida alrededor de la mesa y, en algunos casos, una forma de entender el mundo.

Bajo esa idea, la histórica bodega chilena Santa Rita recibió recientemente uno de los reconocimientos más relevantes de su historia: ser nombrada como la mejor bodega del mundo por Forbes.

Para Javier Bitar, director general de la compañía desde hace año y medio, el reconocimiento tiene un valor especial porque trasciende el universo tradicional de la industria vitivinícola. “Es un premio que sale de lo habitual”, explicó durante una entrevista, al destacar que la evaluación no se limitó a la calidad de los vinos, sino a una construcción mucho más amplia alrededor de la marca y su impacto.

La publicación evaluó distintos ejes: patrimonio histórico, sustentabilidad, innovación, turismo y contribución cultural. En otras palabras, no se trató únicamente de lo que sucede dentro de una botella, sino de todo el ecosistema que la rodea. Desde una casona construida en 1880 y una capilla neogótica del siglo XIX, hasta un museo con más de cuatro mil piezas precolombinas abiertas al público, la experiencia de Santa Rita se ha construido como una narrativa completa alrededor del vino y el territorio.

La empresa vitivinícola chilena es una de las más grandes de Latinoamérica.

La dimensión turística ha sido clave en esa evolución. En los últimos años, la viña ha desarrollado experiencias que le han valido reconocimientos internacionales relacionados con hospitalidad y enoturismo. La idea, según explicó Bitar, es que las personas no solo visiten una bodega, sino que entiendan la relación entre paisaje, cultura, gastronomía e identidad.

Pero el reconocimiento también llega en un momento donde la sustentabilidad dejó de ser una tendencia aspiracional para convertirse en una necesidad urgente. Para una industria que depende directamente de la tierra, el agua y el clima, el desafío es cotidiano. Sequías prolongadas, cambios de temperatura y nuevas condiciones ambientales han obligado a replantear la forma de producir vino.

El reconocimiento obtenido valida una estrategia de largo plazo donde la compañía ha combinado tradición vitivinícola, innovación enológica, sustentabilidad y turismo patrimonial.

En respuesta, Santa Rita ha desarrollado distintas estrategias ambientales: sistemas de riego tecnificado para reducir el consumo de agua, plantas fotovoltaicas, cubiertas vegetales entre viñedos para conservar humedad y biodiversidad, además de investigaciones enfocadas en cepas más resistentes a la escasez hídrica. Actualmente, cerca del 90% de sus 2 mil 600 hectáreas cuentan con sistemas de riego eficiente.

La relación con la comunidad también forma parte esencial de esa visión. La viña desarrolla programas educativos con escuelas de la región, donde niños y jóvenes conocen de primera mano el proceso de vendimia, la fermentación y el trabajo agrícola. Más que formar futuros especialistas, la intención es generar sentido de pertenencia y orgullo por el territorio.

La bodega chilena fue fundada en 1880 en Alto Jahuel, en el Valle del Maipo, en Chile.

“Queremos que entiendan la riqueza que existe en el valle y que no vean necesariamente a la capital como el único lugar donde pueden desarrollar su vida”, explicó el directivo al hablar de las actividades que realizan con estudiantes y comunidades cercanas.

En paralelo, la industria vitivinícola chilena ha atravesado una transformación silenciosa. Lo que comenzó hace décadas como una estrategia enfocada en vinos accesibles con buena relación calidad-precio evolucionó hacia una búsqueda mucho más especializada. Hoy, la apuesta está en identificar territorios específicos donde ciertas cepas alcanzan su mejor expresión.

Santa Rita ha seguido ese camino a través de distintas regiones chilenas: desde Apalta para el Carmenere hasta zonas costeras como Leyda y Casablanca para vinos blancos. La especialización, la investigación y la comprensión del terroir se han convertido en parte central de la nueva identidad del vino chileno frente a gigantes históricos como Francia, Italia o España.

Sin embargo, uno de los desafíos más importantes está fuera de los viñedos: conectar con nuevas generaciones. En un mercado donde predominan bebidas dulces, cócteles y experiencias más inmediatas, la industria del vino busca nuevas formas de acercarse a consumidores jóvenes sin perder autenticidad.

La bodega ha destacado con propuestas innovadoras orientadas a nuevas ocasiones de consumo.

Para lograrlo, Santa Rita ha comenzado a explorar perfiles más frescos y accesibles en algunas de sus marcas, incluyendo vinos más ligeros y expresivos. No se trata de abandonar la tradición, sino de encontrar nuevas conversaciones posibles alrededor de ella.

Porque quizá ahí reside la verdadera permanencia del vino: en su capacidad de transformarse sin romper el vínculo emocional que lo convirtió, durante siglos, en parte fundamental de la mesa, la conversación y la vida cotidiana.

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