
Posponer constantemente tareas importantes; marcarnos objetivos inalcanzables que nos llevan a frustrarnos y abandonarlos; socavar nuestra confianza en nosotros mismos autocriticándonos excesiva y negativamente; rechazar oportunidades que nos podría hacer progresar; dejar las cosas hechas a medias o abandonar los proyectos antes de tiempo.
Son algunos ejemplos clásicos de autosabotaje psicológico, un comportamiento perjudicial, sobre todo para quien lo ejerce, y que consiste básicamente en aplicarse a uno mismo el concepto de sabotaje, definido como “oposición u obstrucción disimulada contra proyectos, órdenes, decisiones o ideas”.