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El Imparcial 20 May, 2026 21:16

El mayor estudio sobre pesticidas en el mundo confirma que más del 70% de las fresas y el 60% de las uvas analizadas en Europa contienen residuos químicos en su piel

Las frutas que llegan a la mesa no siempre están tan limpias como parecen. Un nuevo informe de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), retomado por el portal OkDiario, confirmó que tres de las frutas más consumidas en el mundo concentran los niveles más altos de residuos de pesticidas detectados en los controles oficiales de Europa: las uvas, las fresas y las naranjas.

El estudio analizó más de 125 mil muestras de alimentos durante 2024, lo que lo convierte en el mayor reporte mundial sobre residuos de pesticidas en productos de consumo humano. Y aunque la gran mayoría de los alimentos cumple con los límites legales que marca la Unión Europea, los datos muestran algo importante: ese cumplimiento no se reparte por igual entre todas las frutas.

Hay categorías que acumulan residuos químicos de forma sistemática, en proporciones que ya generan preocupación entre organizaciones de consumidores, grupos ecologistas y autoridades sanitarias. Y aquí es donde aparecen las tres protagonistas del reporte.

¿Cuáles son las frutas con más pesticidas según el estudio europeo?

Las uvas de mesa figuran directamente dentro del programa coordinado europeo de 2024, lo que muestra el nivel de atención especial que la EFSA presta a esta fruta. Los datos de control aplicados en España revelan que más del 60% de las muestras de uva contienen residuos de pesticidas, una de las tasas más altas entre las frutas de consumo cotidiano.

Una parte importante de esos residuos no corresponde a una sola sustancia, sino a varias detectadas al mismo tiempo dentro de una misma muestra. Esto complica el análisis toxicológico, porque la interacción entre distintos químicos puede generar efectos diferentes a los de cada sustancia por separado.

Las fresas presentan un patrón muy parecido y, en algunos casos, más alarmante. Estudios de control realizados en España registraron presencia de residuos en más del 70% de las muestras analizadas. La razón está en su biología y en su cultivo. La piel de la fresa es porosa, lo que facilita la absorción de químicos, y suele crecer en contacto directo con el suelo, donde se acumulan plaguicidas aplicados al sustrato.

Las naranjas y el resto de los cítricos completan el cuadro. Su cultivo intensivo implica el uso frecuente de fungicidas y otros plaguicidas que muchas veces se aplican después de la cosecha, directamente sobre la cáscara del fruto. Estas aplicaciones tardías no siempre se eliminan con el lavado convencional en casa, por lo que parte del residuo puede permanecer hasta el momento del consumo.

¿Qué significa que una fruta tenga residuos de pesticidas?

Aquí conviene hacer una pausa para entender el dato con calma. Que una fruta tenga residuos de pesticidas no significa automáticamente que sea peligrosa para la salud. La EFSA aclara que en la mayoría de los casos los residuos detectados están por debajo de los límites máximos permitidos por la regulación europea.

En el programa coordinado europeo, solo el 2.4% de las muestras superó los umbrales legales. En los programas nacionales aplicados por cada país miembro, el porcentaje subió al 3.3%. Es decir, más del 96% de los alimentos analizados cumple con las normas vigentes.

El problema no es tanto el incumplimiento puntual, sino la presencia generalizada de residuos en frutas que se consumen casi todos los días, y especialmente la detección de sustancias que ya están prohibidas.

¿Qué pesticidas prohibidos siguen apareciendo en los alimentos?

El dato que más inquieta a los expertos no son los excesos de pesticidas autorizados, sino la aparición recurrente de químicos que llevan años vetados en Europa. El caso más representativo es el del clorpirifós, un insecticida neurotóxico cuya autorización fue retirada en 2020 por sus efectos comprobados sobre el desarrollo cerebral de fetos y niños pequeños.

A pesar de la prohibición, este insecticida sigue apareciendo de forma reiterada en las muestras analizadas. La organización PAN Europe, que agrupa a colectivos ecologistas y de consumidores en el continente, advierte también sobre la presencia sostenida de neonicotinoides y piretroides, dos familias de insecticidas señaladas por sus efectos neurotóxicos.

La detección continua de estos químicos en frutas de consumo masivo es uno de los puntos de mayor fricción entre las autoridades sanitarias europeas y las organizaciones que reclaman una regulación más estricta y, sobre todo, mayor vigilancia en los productos importados.

¿Por qué los alimentos importados son los más problemáticos?

El análisis de los productos que vienen de fuera de la Unión Europea arroja las cifras más altas de incumplimiento. En los controles de importación, el 5.5% de las muestras superó los límites máximos de la UE, frente al 2.4 por ciento del programa coordinado europeo. De ese 5.5 por ciento, un 3.6 por ciento fue declarado no conforme y se impidió su entrada al mercado comunitario.

La explicación es directa. Los estándares agrícolas fuera de Europa no siempre coinciden con los del continente. Algunos países autorizan el uso de pesticidas que en la Unión Europea están prohibidos, lo que provoca que los productos lleguen a las fronteras con residuos incompatibles con la normativa local.

Esto no significa que toda la fruta importada sea de mala calidad. Pero sí muestra que el origen del producto importa, y que los sistemas de control fronterizos cumplen un papel clave para evitar que ciertos residuos lleguen al consumidor final.

¿Estos residuos representan un riesgo real para la salud?

La EFSA concluye en su informe que la exposición al conjunto de residuos detectados representa un riesgo bajo para la salud del consumidor promedio. Es decir, comer uvas, fresas o naranjas no implica un peligro inmediato ni a corto plazo para una persona sana.

Sin embargo, hay un punto que la propia autoridad reconoce como pendiente. Esa valoración no incluye el efecto acumulado de la exposición simultánea a varios pesticidas durante años. Es decir, qué pasa cuando una persona consume durante toda su vida pequeñas cantidades de distintos químicos a la vez, en diferentes alimentos. La ciencia todavía no tiene una respuesta cerrada sobre este tema, y es uno de los frentes abiertos de investigación.

¿Cómo puedes reducir tu exposición a los pesticidas en casa?

Aunque el informe se centra en el mercado europeo, las recomendaciones prácticas sirven para cualquier consumidor. Lavar las frutas con agua corriente reduce parte de los residuos superficiales, aunque no elimina los que están dentro de la pulpa. Usar un cepillo suave en frutas de piel firme, como las naranjas, ayuda a retirar más residuos de la cáscara.

En el caso de las fresas, conviene lavarlas justo antes de consumirlas y no dejarlas remojadas, porque pierden firmeza y nutrientes. Pelar las frutas reduce la exposición a residuos superficiales, aunque también implica perder fibra y algunos compuestos beneficiosos concentrados en la piel.

Optar por productos de agricultura ecológica certificada es otra alternativa para quienes pueden acceder a ellos, ya que estos cultivos están sujetos a regulaciones más estrictas sobre el uso de plaguicidas. Y, en general, variar el tipo de frutas que se consumen ayuda a evitar la exposición repetida a los mismos químicos.

El mensaje final del informe no es dejar de comer fruta. Al contrario, los beneficios de una alimentación rica en frutas y verduras siguen estando muy por encima de los riesgos asociados a los residuos detectados. Pero conocer qué se come, de dónde viene y cómo se cultiva es parte del derecho a una decisión informada.

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