Durante décadas, los arqueólogos han buscado la historia de las civilizaciones en templos, tumbas, fortalezas y monumentos. Sin embargo, uno de los hallazgos más reveladores sobre la vida cotidiana de los antiguos habitantes de Groenlandia ha surgido de lugares mucho menos espectaculares: sus basureros.
Lo que para aquellas comunidades fueron simples depósitos de residuos domésticos se ha convertido hoy en un archivo biológico extraordinario. Restos de comida, huesos de animales, pieles, excrementos humanos, herramientas deterioradas y otros desechos quedaron atrapados durante siglos bajo el permafrost ártico, creando unas condiciones excepcionales de conservación. Ahora, un estudio publicado en la revista Frontiers in Microbiology demuestra que estos vertederos congelados han preservado señales biológicas capaces de reconstruir más de 4.500 años de presencia humana en Groenlandia.
El trabajo no solo ofrece una nueva perspectiva sobre las sociedades que habitaron la isla más grande del mundo. También aporta información valiosa sobre la evolución de microorganismos, la adaptación humana a entornos extremos y los posibles efectos que el calentamiento global podría tener sobre estos depósitos congelados.
Los investigadores recogieron muestras en Groenlandia occidental y meridional entre 2020 y 2021. Los yacimientos estudiados abarcan un impresionante recorrido temporal que comienza alrededor del año 2500 antes de Cristo con las primeras culturas paleoesquimales y llega hasta los asentamientos coloniales de época moderna.
Entre los lugares analizados figuraban antiguos enclaves vikingos como Kapisillit y Narsarsuaq, donde además se tomaron muestras de establos invernales y áreas de pastoreo utilizadas por los colonos nórdicos durante la Edad Media. La secuenciación genética permitió identificar más de 1.200 especies bacterianas diferentes. Muchas de ellas ni siquiera habían sido descritas formalmente por la ciencia, una circunstancia que refleja hasta qué punto los ecosistemas microbianos del Ártico siguen siendo un territorio poco explorado.
El hallazgo demuestra que estos vertederos congelados funcionan como auténticas cápsulas del tiempo biológicas. Mientras otros restos arqueológicos muestran qué objetos utilizaban las antiguas poblaciones, el ADN preservado permite reconstruir aspectos mucho más íntimos de su existencia cotidiana.
Cómo vivían los antiguos pobladores de Groenlandia
Las bacterias presentes en los residuos permiten identificar hábitos alimentarios, prácticas ganaderas e incluso formas de eliminación de residuos humanos. En cierto modo, los científicos han podido reconstruir la vida cotidiana de estas poblaciones observando las huellas microscópicas que dejaron tras de sí.
Los depósitos vinculados a los primeros pueblos paleoesquimales mostraban características más próximas al suelo natural, señal de que el paso de los milenios ha ido borrando progresivamente la influencia humana sobre estos ecosistemas microbianos.
Por el contrario, los asentamientos más recientes conservan una huella mucho más visible. Los vertederos asociados a comunidades coloniales en Nuuk, por ejemplo, presentaban una elevada presencia de bacterias relacionadas con la descomposición de pieles de foca, un reflejo directo de una economía basada en la caza marina.
Otros yacimientos revelaban abundantes microorganismos procedentes de intestinos animales, lo que coincide con la presencia de restos de ganado y canales utilizadas para alimentación. En los asentamientos nórdicos aparecieron además bacterias asociadas a huesos en descomposición, lo que ha aportado información sobre la gestión de residuos y la actividad ganadera desarrollada por los descendientes de los vikingos.
La isla fue ocupada sucesivamente por diversas culturas paleoesquimales que aprendieron a sobrevivir en uno de los entornos más hostiles del planeta. Siglos después llegaron los colonos nórdicos procedentes de Islandia, que establecieron explotaciones agrícolas y ganaderas en el sur de Groenlandia.
Aquellas comunidades intentaron reproducir un modelo de vida europeo en un territorio extremadamente difícil. Los establos, los pastizales y los restos orgánicos encontrados en los vertederos muestran que la ganadería tuvo un peso importante en la economía nórdica, complementada con la caza y la explotación de recursos marinos.
Posteriormente, la colonización danesa añadió nuevas capas de actividad humana cuyos rastros permanecen igualmente conservados bajo el suelo congelado. En conjunto, los vertederos estudiados ofrecen una secuencia histórica prácticamente ininterrumpida de más de cuatro milenios, algo extraordinariamente raro en términos arqueológicos.
El temor a los patógenos antiguos
Más allá del interés histórico, la investigación responde a una preocupación creciente entre los científicos: la posibilidad de que el deshielo acelerado del Ártico libere microorganismos antiguos capaces de representar una amenaza sanitaria. El calentamiento en las regiones polares avanza entre tres y cuatro veces más rápido que la media global. A medida que el permafrost desaparece, aumenta el interés por conocer qué organismos permanecen atrapados bajo el hielo.
Los investigadores detectaron algunas bacterias potencialmente peligrosas, entre ellas especies asociadas al botulismo, la gangrena gaseosa o determinados cuadros de sepsis. También encontraron genes vinculados a la resistencia a antibióticos, algunos de los cuales han permanecido conservados durante siglos.
Sin embargo, las conclusiones del estudio son tranquilizadoras. Los análisis muestran que estos microorganismos permanecen concentrados alrededor de los antiguos vertederos y no parecen dispersarse significativamente cuando el permafrost se descongela. Además, una vez liberados al entorno, suelen ser rápidamente reemplazados por microorganismos contemporáneos presentes en el medio ambiente.
Los autores consideran por ello que el riesgo actual para la salud pública es bajo, aunque advierten de que todavía resulta imposible prever cómo evolucionará esta situación si las temperaturas continúan aumentando durante las próximas décadas. @mundiario