Estimadas víctimas de esta columna: desde hace casi 30 años, he reseñado historias de éxitos y de derrotas. En particular, el esfuerzo editorial que tuvimos en la Ibero León (en esos ayeres su servidor era el encargado de la investigación y de los posgrados) por 1992 para publicar la investigación sobre el inventario de los sitios arqueológicos de León. Allí se reconstruyó la ubicación de lo que comenzaba a ser una destrucción, abandono y saqueo de los vestigios arqueológicos del pasado prehispánico. En esas tres décadas, hemos acabado prácticamente con ellos. La monografía escrita junto con la Delegación Regional del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia), con autoría de Amalia Ramírez y de Jorge Ramos, inventariaba, con fines de difusión, los sitios arqueológicos de nuestro municipio. Este excelente trabajo tenía el propósito de dar a conocer los trabajos de investigación y, por tanto, del potencial de restauración de plataformas arqueológicas. Se ubicaron 35 sitios arqueológicos, desde los de Ibarrilla hasta los de San Juan de Otates, pasando por los del Alfaro, Medina y el Gigante, y terminando en un redescubrimiento único e impresionante: la pirámide del Cerrito de Jerez.
En ese espacio es donde concentramos nuestros esfuerzos la UTL y el Profesor Coppola de la Universidad de Guanajuato. El tiempo pasó y el sitio arqueológico ha sido completamente saqueado. Hay enormes excavaciones de malos mexicanos que nos robaron a todos la memoria de quienes hace siglos buscaban en ese cerrito lleno de encinos y de pinos, resguardo para vivir. La lluvia, el tiempo y el viento mismo, hicieron el resto. Se observan con facilidad los perfiles de las enormes plataformas de la pirámide rectangular a desnivel que muestra dos patios cerrados y un montículo piramidal en su parte oriente, así como una sección de terrazas con estructuras rectangulares situadas al noroeste de la plataforma mayor, que remite la presencia de unidades habitacionales probablemente chichimecas.
Cerrito de Jerez es una enorme plataforma construida por el periodo clásico tardío (650 a 900 D.C.) que fue construida por poblaciones nómadas que vieron en su privilegiada posición estratégica, un lugar desde donde detectar el arribo de extranjeros al Valle de Señora, llamado así por los españoles, pues León nuestra casa, tuvo al oriente, salidas naturales hacia el Altiplano (hoy Ciudad de México) y al norte hacia Zacatecas como antigua ruta de la plata. La pirámide de Cerrito de Jerez está totalmente destruida. Pero no fue solamente Cerrito de Jerez, el saqueo fue generalizado en los sitios arqueológicos de León. ¿Dónde están los vestigios de esas comunidades que ya no existen? ¿Dónde esas vasijas, utensilios e implementos? En la basura, en colecciones particulares y una pequeña parte, en nuestro archivo histórico. Hoy quedan rocas, rastros de cimientos, trocitos de vasijas revueltas en el piso, pero los vestigios se perdieron. ¿Cuáles fueron los factores de esta destrucción? La indiferencia de las autoridades gubernamentales; escasísimos recursos del INAH para realizar el estudio e iniciar el rescate; esfuerzos aislados de la sociedad para promover el rescate; que las estructuras arqueológicas se encuentran en propiedad privada y dependemos de la voluntad de esos particulares para efectuar el rescate; crecimiento acelerado de la mancha urbana que invade las zonas arqueológicas; poca o mínimo interés cultural como sociedad leonesa hacia nuestro pasado; falta de participación de universitarios entusiastas por desconocimiento del problema; poca visión de las autoridades encargadas del turismo para realizar el rescate y convertirlo en un polo de atracción de visitantes (librería, cafetería, museo interactivo, etc.)
En aquellos años, creamos una asociación civil, pero el tiempo nos ganó. Hoy Luis Carlín, un gran arqueólogo y Diego Palacios, un periodista de POPLAB, trabajan a través de la investigación y de un documental, la tarea de convencernos de la última oportunidad de voltear al patrimonio perdido. Si logramos concretarlo, habremos rescatado un pedazo de nuestra historia y desde ese Cerrito, desde donde se atisba todo León, nuevas generaciones sabrán de dónde vienen, para así, saber a dónde van…