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Mundiario 24 Jun, 2026 05:16

Por qué el sector marítimo se juega más de 100.000 millones de euros en Ormuz

El transporte marítimo global, ese engranaje invisible que sostiene la globalización, ha entrado en una fase de vulnerabilidad inquietante. Durante décadas se ha asumido que los océanos eran una autopista relativamente estable para el comercio internacional. Sin embargo, la sucesión de crisis geopolíticas recientes ha convertido algunos de sus puntos más estratégicos en auténticos cuellos de botella. El estrecho de Ormuz es hoy el símbolo más claro de esa fragilidad: un corredor marítimo donde se concentra una tensión capaz de sacudir la economía mundial.

Según el informe anual sobre seguridad marítima de la aseguradora Allianz Commercial, publicado este miércoles y al que ha tenido acceso EL PAÍS, el valor de los buques y cargas que atraviesan o permanecen expuestos en esta zona asciende a unos 125.000 millones de dólares (unos 109.000 millones de euros), con más de 1.150 embarcaciones implicadas. La cifra no solo ilustra la magnitud del comercio en juego, sino también la escala del riesgo sistémico que soporta la industria aseguradora, cada vez más expuesta a conflictos de alta intensidad.

Las consecuencias de esta inestabilidad no se limitan a la navegación. Las pólizas marítimas están registrando un aumento de reclamaciones por daños derivados de ataques con misiles, drones o impactos indirectos en la carga. En palabras de Régis Broudin, director global de Reclamaciones Marítimas de Allianz Commercial, la situación actual podría compararse con la guerra en Ucrania en términos de impacto asegurador, aunque con una diferencia clave: la concentración de buques atrapados en el golfo Pérsico multiplica la exposición financiera.

El riesgo, además, no es solo inmediato. El propio Broudin advierte de que, incluso si el conflicto se resolviera a corto plazo, la incertidumbre ya ha elevado de forma estructural el coste de navegar por la región. Las primas de seguro se ajustan al nivel de amenaza percibido, lo que implica que el comercio global pagará durante años el precio de esta inestabilidad. En la práctica, el riesgo geopolítico se ha convertido en un peaje invisible del comercio mundial.

Por otro lado, el estrecho de Ormuz no es una ruta más: por él transita entre el 20% y el 25% del petróleo mundial y una parte sustancial del gas natural licuado. Su cierre parcial o su simple percepción de inseguridad tiene efectos inmediatos sobre los mercados energéticos, los costes logísticos y, en última instancia, sobre el precio final de los bienes que consumen millones de personas en todo el planeta.

Un corredor estratégico bajo presión constante

La relevancia de Ormuz no puede entenderse sin su contexto geopolítico. La región se ha convertido en un tablero donde confluyen tensiones militares, intereses energéticos y estrategias de influencia global. La presencia de buques a la espera de tránsito seguro, así como la posible existencia de minas marinas, añade un componente de incertidumbre que paraliza decisiones comerciales y encarece los seguros.

En este escenario, el capitán Rahul Khanna, director global de consultoría de riesgos marítimos en Allianz Commercial, subraya que incluso una reapertura formal del estrecho no garantizaría la normalidad inmediata. Las navieras seguirían exigiendo garantías de seguridad difíciles de certificar en un entorno volátil, lo que prolonga la ineficiencia del sistema.

Un comercio mundial que depende de rutas cada vez más frágiles

Más del 80% del comercio mundial se transporta por mar. Esta dependencia convierte cualquier alteración en rutas estratégicas en un problema global. El desvío de barcos por el cabo de Buena Esperanza durante las crisis en el mar Rojo ya demostró cómo una sola amenaza puede alterar tiempos de entrega, costes energéticos y cadenas de suministro enteras.

En el caso de Ormuz, el impacto es aún más sensible por su papel energético. El encarecimiento del transporte marítimo no solo afecta a las navieras: se traslada a consumidores, industrias y gobiernos, alimentando una inflación logística que se suma a otras presiones económicas.

Hacia un nuevo orden marítimo más caro e incierto

El informe de Allianz apunta incluso a un posible cambio estructural en el modelo de navegación global. La idea de un “peaje geopolítico” empieza a consolidarse: zonas estratégicas donde la libertad de tránsito deja de ser un principio garantizado y pasa a ser un servicio condicionado por pagos, seguros y acuerdos de seguridad.

Este nuevo escenario podría redefinir la globalización tal y como se ha conocido hasta ahora. El mar, históricamente entendido como espacio común de circulación libre, se está fragmentando en áreas de riesgo donde la incertidumbre se ha convertido en un coste permanente. Y en ese mapa cada vez más inestable, Ormuz es el punto donde se concentra la mayor tensión del sistema. @mundiario

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