Sabbath Queen es una crónica cinematográfica de 21 años que documenta la extraordinaria transformación de Amihai Lau-Lavie, quien pasó de ser una drag queen radical a convertirse en un influyente rabino. A través de las décadas, el filme captura su esfuerzo por reimaginar los rituales y la religión desde una perspectiva contracultural, ofreciendo la voz de un líder espiritual queer que desafía las nociones tradicionales sobre la identidad, el feminismo y la paz.
Este documental llega a nuestro país como parte de la Selección Oficial del Festival MIX México: Cine, Diversidad Sexual y de Género, un espacio vital para narrativas que, como la de Amihai, resuenan con cualquier persona que se haya sentido alguna vez como un “extraño” o fuera de lugar. La presencia de la cinta en este festival subraya su relevancia global al abordar temas universales de pertenencia y transformación, conectando con audiencias de diversas religiones que buscan un espacio propio dentro de sus comunidades sin renunciar a quienes son.
En exclusiva para Publimetro, platicamos con el director Sandi DuBowski y el protagonista Amihai Lau-Lavie sobre este viaje. Más que una simple entrevista, este encuentro revela la profunda conexión entre ambos, donde Amihai no es solo el sujeto del filme, sino el amigo y rabino de Sandi, y su misión compartida de utilizar el cine como un rayo de luz y una herramienta de catarsis emocional necesaria para romper con el miedo y elegir el amor en tiempos difíciles.
Imagen: cortesíaEl viaje de dos décadas entre pelucas, fe y la reinvención de la tradición
El documental Sabbath Queen es el resultado de un compromiso de 21 años entre una cineasta y su sujeto, una crónica que captura la evolución de un hombre que desafía todas las categorías convencionales. El director Sandi DuBowski recuerda que su fascinación comenzó en un escenario muy distinto al de una sinagoga: “Comencé con Amihai como una drag queen, y me cautivó tanto su actuación como las pelucas, la máscara y su enfoque artístico muy contracultural para reimaginar realmente el ritual y la religión“, explica sobre los inicios del proyecto.
Con el paso de los años, la relación y el registro se volvieron más profundos: “Él creció, decidió convertirse en rabino y yo estuve dispuesta a seguir ese viaje para presenciar cómo se desarrollaba la vida de alguien y cómo asumía su propio liderazgo“.
Para Amihai Lau-Lavie, el protagonista, verse en pantalla durante dos décadas es un proceso de entrega a un propósito mayor. “Sé que soy un contador de historias y estoy al servicio de la historia más grande. El relato trata sobre cómo cambiar el mundo para mejor, cómo tomar la religión que heredamos, cambiarla y cómo poner el amor al frente y al centro. Esa es mi historia". A pesar de que admite que tener su vida documentada puede ser “un poco estresante”, Amihai recalca que su agenda es clara: “cambiar el mundo a través de la narración de historias”.
Sandi refuerza esta idea al hablar sobre el impacto que espera generar en el público, destacando la singularidad de la propuesta: “Espero que la gente descubra que nunca antes ha escuchado esta voz; la voz de un líder espiritual queer que nos desafía y nos pide cuestionar tantas cosas sobre dónde estamos ahora respecto a la guerra, la paz, el feminismo y la identidad queer“, comenta el director, añadiendo que acompañar a Amihai en este recorrido es “una experiencia transformadora para muchas personas en la audiencia”.
Imagen: cortesíaLa ruptura de la objetividad y la conexión humana
La película no pretende ser un informe imparcial, sino un testimonio íntimo nacido de una profunda conexión personal. Sandi es abierto sobre este vínculo: “Él es una estrella, es un amigo y es un rabino. Enterró a mi padre y ofició mi propia boda queer interreligiosa, así que creo que existimos en todas estas capas. No existe la objetividad; la vida no es objetiva".
Amihai añade que este proceso ha sido, ante todo, una lección de humildad: “Es un poco humillante porque se trata de qué significa estar al servicio, a través del cambio y la reparación, para tantas personas que están sufriendo en el mundo gay, en el mundo judío, en Israel y Palestina”.
Uno de los pilares del documental es la responsabilidad que cada generación tiene sobre la herencia recibida. Amihai es enfático al señalar que el cambio no es solo posible, sino necesario: “Es nuestra responsabilidad tomar lo que heredamos de las generaciones anteriores, respetarlo, pero respetarlo lo suficiente como para cambiarlo. Si heredamos homofobia, misoginia y racismo, eso fue lo que nuestros padres conocieron, pero depende de nosotros cambiarlo para ser mejores ancestros“. Para él, la solución ante la división actual radica en la complejidad de la identidad: “La solución es recordar que no soy esto o aquello, blanco o negro, a favor o en contra. Lo soy todo”.
Un rayo de luz en tiempos de oscuridad
El documental también aborda el contexto actual de conflicto, integrando los eventos posteriores al 7 de octubre para ofrecer un mensaje de coexistencia. Amihai explica su postura: “Lo que ves al final de la película soy yo diciendo que apoyo tanto a Israel como a Palestina. No es un juego de suma cero. Es una respuesta al fundamentalismo, a los fanáticos religiosos y al miedo, diciendo: ‘Sí, el miedo está bien, pero elijamos el amor’“.
Sandi concluye que el filme busca ser “un rayo de luz donde, de otro modo, las cosas se sienten muy oscuras y sin esperanza”.
Finalmente, ambos coinciden en que la atracción hacia estas historias reside en el deseo universal de transformación. “Todos queremos transformarnos. Somos Cenicienta todo el tiempo, queremos ir a la fiesta”, bromea Amihai. Sandy complementa que el cine es el vehículo ideal para este proceso: “La gente busca una catarsis emocional. La gente llora y ríe a través de Sabbath Queen y salen de la sala sintiéndose cambiados. Necesitamos esa emoción para romper muchas de las cosas que estamos reteniendo en este tiempo tan difícil".