Veintidós días después de que los peruanos acudieran a las urnas, el proceso electoral más ajustado de la historia reciente del país ha encontrado su desenlace. La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) cerró el escrutinio al 100 % de las actas y confirmó la victoria de Keiko Fujimori en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, poniendo fin a un recuento marcado por impugnaciones, recursos y denuncias que prolongaron la incertidumbre política durante más de tres semanas.
La candidata conservadora de Fuerza Popular obtuvo el 50,135 % de los votos válidos, con 9.223.396 sufragios, frente al 49,865 % y 9.173.755 votos de Roberto Sánchez. La diferencia definitiva fue de solo 49.641 papeletas, un margen mínimo que refleja la extraordinaria polarización del electorado peruano.
Aunque el escrutinio ya ha concluido, el proceso electoral aún debe superar su último trámite institucional. El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) proclamará oficialmente los resultados y entregará las credenciales a la presidenta electa antes de su investidura, prevista para el próximo 28 de julio, coincidiendo con el Día de la Independencia del Perú.
La victoria tiene un enorme peso político y simbólico. Keiko Fujimori logra finalmente alcanzar la Presidencia tras tres derrotas consecutivas en segunda vuelta, todas ellas por márgenes inferiores al 1 %. En 2011 cayó frente a Ollanta Humala; en 2016 perdió por un estrechísimo margen ante Pedro Pablo Kuczynski; y en 2021 fue derrotada por Pedro Castillo. En las tres ocasiones, el denominado antifujimorismo —el amplio movimiento político y social surgido como reacción al legado del autócrata Alberto Fujimori— consiguió impedir su llegada al Palacio de Gobierno.
Esta vez, sin embargo, esa alianza heterogénea no logró reeditar el resultado. La propia dirigente de Fuerza Popular recibió la confirmación definitiva con un mensaje de prudencia. “Esperamos la proclamación con mucha humildad, prudencia y responsabilidad. Cada vez estamos más cerca de iniciar un camino de orden y esperanza para todos los peruanos”, escribió tras conocerse el cierre del recuento.
Una remontada construida desde el exterior
La geografía electoral explica buena parte del desenlace. Dentro del territorio peruano, Sánchez obtuvo una ligera ventaja de 32.014 votos. Sin embargo, el voto de los peruanos residentes en el extranjero alteró el resultado definitivo. En el exterior, Fujimori consiguió una diferencia favorable de 81.655 sufragios, suficiente para invertir el resultado nacional y asegurarse la Presidencia.
Ese comportamiento desigual del electorado dibuja un país partido prácticamente en dos, con fuertes diferencias territoriales y sociales que anticipan un mandato complejo para la futura jefa del Estado. No en vano, Fuerza Popular solo logró imponerse en nueve de las veinticinco regiones del país, mientras que amplias zonas del sur andino respaldaron mayoritariamente a Sánchez.
La elección incorpora además un componente histórico. Keiko Fujimori se convertirá en la primera mujer elegida mediante sufragio directo para ejercer la Presidencia de Perú. Aunque Dina Boluarte fue la primera mujer en ocupar el cargo, llegó al poder por sucesión constitucional tras la destitución de Castillo y no como resultado de unas elecciones presidenciales.
La futura presidenta ha reconocido desde el primer momento la complejidad del escenario político que hereda. “Recibimos este resultado sabiendo que nuestro país está prácticamente dividido y tenemos la gran responsabilidad de escuchar a ambos lados”, afirmó tras conocerse el resultado definitivo.
Sánchez mantiene las denuncias pese al cierre del escrutinio
El cierre oficial del recuento no ha disipado la tensión política. El izquierdista Roberto Sánchez continúa rechazando el resultado y sostiene que existieron irregularidades en la gestión del voto emitido desde el extranjero. El candidato de Juntos por el Perú cuestiona que las actas consulares no fueran digitalizadas antes de ser enviadas físicamente al país y considera que ese procedimiento pudo alterar el resultado electoral.
Sobre esa base ha anunciado recursos judiciales, una acción de amparo y la intención de acudir al sistema interamericano de derechos humanos para denunciar las supuestas irregularidades. En paralelo, un abogado vinculado al entorno político de Antauro Humala ha promovido otra acción judicial destinada a suspender la proclamación de Fujimori mientras no acredite una renuncia expresa a la nacionalidad japonesa, una iniciativa que el Poder Judicial ha admitido a trámite.
Además, JxP ha presentado una denuncia penal relacionada con el proceso electoral contra distintas autoridades y contra la propia presidenta electa. Sin embargo, la misión de observación electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA) reiteró que no detectó irregularidades en el conteo de votos, tanto dentro como fuera del territorio peruano.
Orden, seguridad y estabilidad como primeras prioridades
Con el resultado ya confirmado, Fujimori ha comenzado a perfilar las líneas maestras de su futuro Gobierno. La seguridad ciudadana, el restablecimiento del orden público y la preparación frente al fenómeno de El Niño aparecen como las primeras prioridades de su mandato.
También ha tendido la mano al diálogo parlamentario en un momento especialmente delicado para la estabilidad institucional de un país que ha conocido nueve presidentes en apenas una década y que sigue inmerso en una profunda crisis de confianza hacia sus instituciones. Su futura Administración contará con la bancada más numerosa del nuevo Congreso bicameral, aunque deberá construir consensos con otras fuerzas políticas si pretende garantizar la gobernabilidad.
Mientras tanto, las felicitaciones internacionales ya han comenzado a llegar desde distintos gobiernos de la región y desde la Organización de Estados Americanos, cuyo secretario general trasladó personalmente su felicitación a la presidenta electa y expresó su voluntad de reforzar la cooperación institucional con el nuevo Ejecutivo.
Con la proclamación oficial ya en el horizonte, Perú pone fin a uno de los procesos electorales más largos y disputados de su historia reciente. El escrutinio ha concluido, pero la verdadera prueba para Keiko Fujimori comenzará cuando asuma el poder en un país profundamente fragmentado, donde deberá demostrar que su cuarta candidatura no solo ha servido para alcanzar la Presidencia, sino también para reconstruir la estabilidad política que Perú lleva años buscando.