El fútbol de selecciones, tan propenso a los debates de barra y a las pizarras de laboratorio, suele complicarse la existencia de forma innecesaria. En este Mundial, Luis de la Fuente ha flirteado con el peligro al dejar hasta en dos ocasiones a Dani Olmo en el banquillo —ante Cabo Verde y Uruguay—, una decisión que la propia realidad del césped se ha encargado de contestar con la fuerza de un portazo. Olmo no puede ser suplente nunca más. Ni por la jerarquía técnica que atesora ni por un estado de forma que, ahora mismo, dicta el ritmo al que debe bailar la Selección.
La exhibición de fútbol de la Roja frente a la Austria de Ralf Rangnick fue, ante todo, un triunfo coral y balsámico. El bloque devoró a su rival con una solvencia que sepulta las dudas y marca la agenda del torneo. España funcionó como un reloj suizo: Pedro Porro acreditó su sintonía con Lamine Yamal en la derecha; Pau Cubarsí y Aymeric Laporte blindaron la zaga; Marc Cucurella apareció de forma providencial en cada uno de los goles y Rodri, por fin liberado de la incomodidad de las primeras citas, gobernó el mediocampo junto a un notable Pedri. Incluso arriba, Mikel Oyarzabal habló el único idioma que no admite réplica: el del gol.
Sin embargo, el elemento catalizador de toda esta sinfonía fue Dani Olmo. El egarense es el nexo que dota de sentido al sistema. Posee una dualidad competitiva que le sienta como un guante al plan de De la Fuente: es igual de letal destrozando al rival en transiciones rápidas con el equipo largo, que desactivando bloques bajos moviéndose entre líneas en espacios reducidos. En la jugada del 2-0, casi todo el fútbol pasó por sus botas. Su criterio por dentro no solo potenció la clarividencia de Álex Baena y la intensidad de Cucurella, sino que oxigenó a Pedri y liberó a Lamine para que el joven galáctico hiciera estragos en el uno contra uno.
Lo de Olmo no es solo una cuestión de talento con el balón, que lo tiene a raudales; es un asunto de personalidad y compromiso. Sin la pelota, su trabajo en el repliegue y la presión fue encomiable, vaciándose en cada ayuda defensiva como si fuera un debutante. Su fútbol ejerce de pegamento táctico, uniendo piezas que por separado son buenas, pero que junto a él se vuelven devastadoras.
La afición española congregada en territorio norteamericano ha sabido reconocer de inmediato el paso al frente del mediapunta catalán, convirtiendo su nombre en uno de los más coreados de la noche. La sintonía entre lo que demanda la grada y lo que ejecuta el futbolista sobre el verde de este Mundial de 2026 es total, elevando la confianza del grupo a niveles máximos ante el inminente inicio de la fase definitiva.
El pegamento táctico de la Roja de cara a la fase de eliminación directa
España ha triturado las dudas y ha presentado sus credenciales en este Mundial a base de brillo, intensidad y juego interior. El camino hacia la gloria ha quedado completamente despejado y los debates estériles deben pasar a mejor vida. Luis de la Fuente ha encontrado la fórmula de la felicidad, pero para que no se evapore, la premisa de cara a los octavos de final debe ser inamovible: con Dani Olmo en el campo. Ahí donde se ganan los partidos, donde debe estar siempre.
El cuerpo técnico asume ahora el reto de mantener este listón competitivo en los próximos cruces a todo o nada, donde los mínimos detalles decantan las clasificaciones. La pizarra del seleccionador nacional parece haber encontrado su estructura matriz, consolidando un ecosistema donde los jóvenes talentos se sienten respaldados por la jerarquía de los futbolistas más experimentados.
Los datos de rendimiento físico tras el compromiso en California confirman que el despliegue de los centrocampistas españoles desmanteló por completo la propuesta de presión alta de los austríacos. La capacidad para resistir los envites físicos del rival y contragolpear con precisión quirúrgica sitúa a la Roja en una posición de privilegio táctico respecto a sus competidores en el cuadro.
La expedición española ya prepara las maletas para poner rumbo a su próximo destino mundialista, concentrada en recuperar el tono físico de sus piezas vertebrales tras el enorme desgaste realizado en los dieciseisavos. El cuerpo médico monitoriza de cerca la evolución de cada internacional para garantizar que Luis de la Fuente disponga de todo su arsenal en plenas condiciones.
Con el optimismo desatado pero manteniendo los pies en el suelo, el vestuario de España se conjura para afrontar la hora de la verdad con la máxima humildad posible. El rendimiento expuesto ante la escuadra de Rangnick marca el camino a seguir: un fútbol asociativo, vertical y con un Dani Olmo desatado en tres cuartos de campo dispuesto a guiar a la Selección hacia la ansiada final. @mundiario