En un pensamiento anterior dejé dicho que Fraga se “conformó” con ser presidente de Galicia. He recibido todo tipo comentarios por parte de quienes aún lo admiran. No acostumbro a contestar, replicar ni afirmar, pero tengo la certeza de que mi concepto de “conformismo” en relación con su trayectoria política será recogido por la historia como preciso dado que su aspiración principal fue la de presidir el Estado al completo y no un trozo llamado Autonomía. Y esto viene a cuento en esta encrucijada donde tres jubilados presidentes de España, Suárez, Aznar y Zapatero, están siendo carne de cañón o subidos a los altares, en la turbulenta actualidad política del país, por sus apariciones públicas.
Fraga no llegó a la Moncloa pero en todo momento, desde los peldaños de la dictadura franquista hasta el sillón del Pazo de Raxoi actuó con la convicción de ser un “hombre de Estado” manteniendo los postulados conservadores con firmeza. Fue capaz de adaptarse a las circunstancias persiguiendo sus ideales sin añorar en público la dictadura en cuyas ubres se amamantó. Incluso debimos celebrarlo con respeto como uno de los padres de la Constitución de 1978 y supongo que en el caso de haber llegado a expresidente del Estado no habría entrado en el patético contubernio donde José María Aznar y Felipe González andan predicando desde púlpitos bendecidos por los poderes fácticos.
En alguna ocasión he afirmado que Aznar ha sido y es el personaje más dañino para la democracia hispana. Cada vez que escucho una de sus nuevas peroratas me afirmo en la idea de que es el muñidor de la derecha más reaccionaria y sigue siendo el eje sobre el cual gira la destrucción de la convivencia en paz, es la máquina que torpedea los caminos negociadores con otras fuerzas distintas a las de sus postulados y usa la conjugación totalitaria como destino universal.
Además está seguro de brillar como el mejor presidente histórico y ser capaz de regir los destinos de España desde la sede de su fundación al margen de las instituciones y poderes establecidos. Sin embargo no podrá borrar la imagen de oscuro personaje enriquecido a la sombra del poder, un megalómano capaz de casar a su hija con honores de princesa y amplios costes para la tesorería del Estado, un individuo flotando sobre las miserias del caso Gürtel y un Saturno devorador de sus sucesores.¿Por qué el PP lo mantiene en el altar de los dioses familiares?
Otro tanto sucede con Felipe González. De ser un mito socialdemócrata admirable, en la jubilación ha pasado a ser un referente de la incongruencia ideológica. Escuchándolo hoy me pregunto qué Felipe es el verdadero, aquel de “Felipe capullo queremos un hijo tuyo” o este de “Felipe calladito estás mejor”. También se ha hecho discípulo de Saturno y a medida que avanza el tiempo considero que el líder de los setenta era un falsario en cuyo Sanctasanctórum escondía cuanto ahora pone de manifiesto disparando contra Sánchez y proponiendo sottovoce una alineación confesional con la derecha capitalista.
Sigue creyéndose el abanderado de una parte importante del socialismo, también se ha enriquecido siguiendo los atajos del poder y ha abandonado los principios elementales de la distribución de la riqueza en beneficio del pueblo anónimo. ¿Por qué el PSOE lo mantiene en su seno?
Y frente a los dos presidentes anteriores contemplamos el drama de Zapatero. En horas veinticuatro ha pasado de ser referente a sospechoso pecador. Yo creo en su integridad moral pero aún faltan pasos para el final de la historia. Esperaremos. @mundiario