La guerra entre Estados Unidos e Irán entró esta semana en una de sus fases más peligrosas desde que comenzó hace más de cuatro meses.
Mientras Washington lanzó la ofensiva militar más amplia de las últimas semanas contra infraestructuras estratégicas iraníes, el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró que está dispuesto a retomar las negociaciones con Teherán, aunque advirtió que "¡el alto el fuego ha terminado!", dejando en duda cuál será el siguiente paso de su administración.
De acuerdo con The Wall Street Journal, las fuerzas estadounidenses intensificaron en los últimos dos días sus operaciones contra Irán, atacando más de 170 objetivos militares, en una de las campañas aéreas más extensas desde el inicio del conflicto.
El Pentágono confirmó que los blancos incluyeron sistemas de defensa antiaérea, depósitos de misiles y drones, radares, equipos de vigilancia costera, infraestructura logística, lanchas rápidas de la Guardia Revolucionaria y posiciones militares distribuidas a lo largo del sur de Irán, particularmente en las inmediaciones del Estrecho de Ormuz.
Analistas consultados por el WSJ consideran que la magnitud de la ofensiva representa un mensaje directo de la administración Trump al Gobierno iraní: Estados Unidos está dispuesto a ampliar nuevamente el alcance de la guerra y atacar no solo instalaciones estrictamente militares, sino también infraestructura de uso dual, con funciones tanto militares como civiles, si Teherán mantiene sus acciones contra la navegación internacional.
La nueva escalada se produjo después de que Irán atacara embarcaciones comerciales en el Estrecho de Ormuz, provocando una respuesta inmediata de Washington.
Un día después de la primera ofensiva, Estados Unidos volvió a lanzar ataques sobre territorio iraní, ampliando la operación militar mientras Teherán respondió con nuevos bombardeos contra intereses estadounidenses en la región, aumentando el riesgo de una guerra abierta.
Según el Comando Central de Estados Unidos (Centcom), la segunda ronda de operaciones incluyó ataques contra 90 objetivos militares cuyo propósito era "debilitar aún más la capacidad de Irán para atacar buques mercantes y marineros civiles inocentes en el Estrecho de Ormuz".
Entre los blancos figuraron sistemas antiaéreos, infraestructura naval, capacidades de vigilancia costera, centros logísticos e incluso puentes y vías férreas que, según funcionarios estadounidenses, eran utilizados por las fuerzas iraníes para transportar misiles, drones y equipo militar hacia el sur del país.
El Pentágono sostiene que la campaña busca impedir que Irán reconstruya rápidamente sus capacidades militares. Funcionarios estadounidenses explicaron al WSJ que la destrucción de infraestructura ferroviaria y de transporte pretende dificultar el traslado de nuevo armamento hacia las zonas de combate.
La escalada también ha alcanzado a otros países del Golfo Pérsico. De acuerdo con funcionarios estadounidenses, Irán respondió atacando Kuwait y Baréin, dos países que albergan importantes bases militares estadounidenses y que han respaldado las operaciones de Washington desde el inicio del conflicto.
Ayer, Jordania informó que interceptó ocho misiles iraníes que cruzaban su espacio aéreo. Funcionarios estadounidenses aseguraron que Estados Unidos y sus aliados lograron derribar la mayoría de los misiles iraníes.
Mientras tanto, según el WSJ, Israel compartió con Estados Unidos información de inteligencia sobre un supuesto nuevo plan iraní para asesinar al presidente Donald Trump.
De acuerdo con funcionarios citados por el diario estadounidense, la alerta fue transmitida esta semana y estaría relacionada con las amenazas de represalia que Irán mantiene desde la muerte del general Qassem Soleimani, abatido por un ataque estadounidense ordenado por Trump en enero de 2020, durante su primer mandato.
Hasta ahora no se conocen detalles sobre el método, los posibles responsables ni el grado de avance del supuesto complot.
La Casa Blanca no confirmó la existencia del plan y remitió a las declaraciones públicas realizadas por Trump.
La Embajada de Israel en Washington declinó hacer comentarios, mientras que la Misión de Irán ante la ONU no respondió a las solicitudes del WSJ.
Durante una intervención en Ankara, Trump volvió a referirse a las amenazas contra su vida. "Llevo mucho tiempo en su lista. Es a lo que nos enfrentamos", afirmó."Si me pasa algo, bombárdenlos".
Las declaraciones del Presidente fueron todavía más contundentes en una entrevista concedida al periódico The New York Post. Trump aseguró que dejó instrucciones específicas para responder en caso de que Irán consiga asesinarlo.
"He dejado instrucciones: si pasa algo, que los bombardeen literalmente a niveles que nunca antes hayan visto", declaró.
El Mandatario añadió una frase que reflejó el nivel de tensión que rodea las amenazas. "Espero que me echéis de menos".
Trump considera que, desde la muerte de Soleimani, su figura se convirtió en uno de los principales objetivos del régimen iraní.
Los funerales de Ali Jamenei también se convirtieron en escenario de llamados a la venganza. Miles de personas participaron en los actos de despedida en Teherán, donde se escucharon consignas contra Estados Unidos e Israel y llamados a vengar la muerte del líder supremo.
Según medios iraníes, un orador durante una de las ceremonias lanzó un mensaje dirigido directamente contra Trump.
"¿Por qué no deberíamos matar a quien asesinó a mi imán y a mi líder?", preguntó ante los asistentes. Después añadió: "Acabar con Trump es nuestro deber... ¿Por qué sigue vivo el hombre más despreciable del mundo?"
Las manifestaciones reflejan la presión que enfrenta el liderazgo iraní para responder militarmente tanto por la muerte de Ali Jamenei como por los recientes ataques estadounidenses.
Con el alto al fuego prácticamente roto, nuevas operaciones militares en marcha, ataques cruzados en el Golfo Pérsico y denuncias sobre un presunto complot para asesinar al Presidente estadounidense, la confrontación entre Washington y Teherán entra en una fase de máxima incertidumbre.
Aunque Trump asegura que aún existe una vía para negociar, la intensidad de los bombardeos y el endurecimiento del discurso en ambos bandos sugieren que cualquier posibilidad de desescalada dependerá de que las partes logren evitar una nueva cadena de represalias que desemboque en un conflicto regional aún más amplio.