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Radar Inteligente
Vanguardia 13 Jul, 2026 05:00

Elogio del motel de paso

Este amigo mío trae un sentimiento que lo desazona. Solía ir hace algún tiempo en su ciudad a moteles de paso –ahora llamados “de corta estancia” o “de pago por evento”– y pagaba por su hospedaje buen dinero. No había muchos establecimientos de ésos; su escasez hacía que fuera alto el precio de las habitaciones. La ley de la oferta y la demanda opera también en el campo de lo erótico. Aun así, mi amigo debía ponerse en lista de espera, pues en ocasiones había hasta diez automóviles delante del suyo. Aquello de esperar habitación era realmente muy molesto, si se toma en cuenta la urgencia del caso y la vehemencia de los deseos que lo llevaban ahí.

Pasó el tiempo, y por razones que no viene al caso relatar, se operó en mi amigo una conversión religiosa que lo llevó a apartarse del pecado, sobre todo de los relacionados con el sexto y noveno mandamientos. Esa transformación espiritual coincidió con un boom de moteles: por todas partes y en todas las ciudades empezaron a proliferar. Aquí mismo, en Saltillo, surgieron como hongos, siendo que durante mucho tiempo el único motel de paso que había era el asiento trasero del automóvil. Alguna vez dije que ese aumento en el número de moteles de paso era prueba indiscutible del empuje de los saltillenses.

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