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El Diario 15 Jul, 2026 15:38

Guerra convirtió a Rusia en socio menor de China

Cuatro años de guerra en Ucrania, el endurecimiento de las sanciones occidentales y el creciente aislamiento económico han transformado la relación entre Rusia y China, dejando al Presidente Vladimir Putin en una posición de creciente dependencia frente a su homólogo Xi Jinping, quien hoy ejerce una influencia cada vez mayor sobre Moscú, de acuerdo con un análisis publicado por The Wall Street Journal.

El diario estadounidense sostiene que el equilibrio entre ambas potencias cambió de forma significativa desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania en 2022.

Aunque Beijing mantiene su respaldo político y económico al Kremlin, el vínculo se ha vuelto cada vez más asimétrico, con China imponiendo condiciones que favorecen sus propios intereses.

Como ejemplo, el WSJ señala que durante la visita que Putin realizó a Beijing en mayo con la intención de destrabar el proyecto del gasoducto Power of Siberia 2, funcionarios chinos rechazaron avanzar en el acuerdo bajo los términos propuestos por Moscú.

Según personas familiarizadas con las negociaciones citadas por el periódico, Beijing condicionó la construcción del ducto a que Rusia venda el gas a precios similares a los del mercado interno ruso, una exigencia que, en la práctica, implicaría que el Kremlin subsidie el suministro.

Aunque Putin firmó 42 acuerdos y declaraciones conjuntas durante esa visita, el proyecto energético, considerado estratégico para Rusia, quedó fuera de la lista.

Xi ha evitado repetir el trato dominante que la antigua Unión Soviética dio a China durante la Guerra Fría, procurando mostrar respeto hacia Putin en público mientras obtiene concesiones en privado.

No obstante, el Mandatario chino pasó de admirar al líder ruso -a quien incluso llegó a considerar un "modelo a seguir" tras asumir el poder en 2013- a gestionar una relación en la que Beijing marca cada vez más las condiciones.

El análisis destaca que China ha sido clave para sostener la economía rusa durante la guerra al incrementar sus compras de petróleo con descuento, suministrar componentes para la industria militar y ofrecer mecanismos financieros que ayudan a Moscú a sortear las sanciones occidentales.

Sin embargo, esa cooperación también ha generado tensiones. El Wall Street Journal señala que el ingreso masivo de productos chinos ha afectado a fabricantes rusos de automóviles, maquinaria y otros sectores, obligando al Kremlin a adoptar medidas para proteger a la industria nacional.

Asimismo, el periódico asegura que autoridades rusas han detectado un aumento de actividades de espionaje chino dirigidas a funcionarios gubernamentales de nivel medio, aunque Moscú ha evitado hacer públicas esas preocupaciones para no deteriorar la relación bilateral.

Pese a estas diferencias, el diario considera que no existen señales de un rompimiento entre ambos países. Más bien, sostiene que la alianza sigue cimentada en su oposición al liderazgo internacional encabezado por Estados Unidos, aunque con un reparto de poder que hoy favorece ampliamente a Beijing.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de China rechazó esa interpretación y afirmó al WSJ que la relación bilateral se basa en una "profunda amistad" y un "alto grado de confianza mutua".

Por su parte, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, negó que Rusia sea el socio menor de la alianza y aseguró que ambas naciones mantienen una relación basada en la igualdad y el respeto a sus intereses mutuos.

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