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AM 01 Aug, 2026 22:37

Baños Lucita: el lugar donde León iba a relajarse antes de los spas

Baños Lucita Historia 315

Esta es la historia 315 de 450 que te contaremos sobre León

Mucho antes de que León conociera los spas, los gimnasios o los clubes deportivos, miles de leoneses encontraban descanso entre el vapor de Baños Lucita. Durante ocho décadas, obreros, curtidores, peregrinos y familias enteras acudieron a este emblemático sitio para bañarse, relajarse y convivir.

Hoy, a casi un siglo de su inauguración, parte del inmueble permanece en ruinas, aunque todavía resguarda los recuerdos de uno de los espacios de convivencia más entrañables que tuvo la ciudad.

Del Ojo de Agua a Baños Lucita

Los baños públicos fueron una necesidad en el León de finales del siglo XIX. Cuando el servicio de agua potable todavía no llegaba a la mayoría de las viviendas. El 19 de junio de 1883, el jefe político Cecilio Estrada ordenó construir los primeros baños y lavaderos públicos en el Ojo de Agua, hoy Parque Hidalgo.

Acceso a baños Lucita. Foto: Luz Elena Escobar

Décadas más tarde, Don Rafael López Gomar fundó, sobre la Calzada de Guadalupe, en la colonia Obrera, los Baños del Obrero. Establecimiento inaugurado el 27 de mayo de 1931.

Un año después decidió rebautizarlos como Baños Lucita, en honor a la Virgen de la Luz, patrona de León, de quien era un ferviente devoto. El nombre “Lucita” nació como un diminutivo de Luz.

Rafael López Gomar, fundador de Baños Lucita en 1931. Foto: Cortesía de la familia

De lavaderos a baños de vapor

Rafael Vázquez López, bisnieto de Don Rafael, contó cómo nació el negocio familiar.

Mis familiares cuentan que mi bisabuelo sabía que el Parque Hidalgo se llenaba de gente para lavar ropa y después bañarse; entonces se le ocurrió construir unos lavaderos de cemento para rentarlos. Le fue bien y luego hizo baños con regaderas, que para entonces eran un lujo, porque la mayoría de las personas se bañaban con botes en sus casas”, recordó Rafael Vázquez.

Con la llegada de las calderas alimentadas con leña, Don Rafael encontró una oportunidad para transformar el negocio. Los antiguos lavaderos dieron paso a los baños de vapor, que pronto se convirtieron en el principal atractivo del establecimiento.

Exterior de taquillas Baños Lucita. Foto: Luz Elena Escobar

“Mi bisabuelo compró un terreno muy grande que era puro cerro, sobre Calzada de Guadalupe y calle Apolo, esquina Guayana. Ahí perforó el pozo con ayuda de muchos trabajadores y comenzó a construir los baños, pero fue como todos los negocios: poco a poco”, explicó Rafael.

El agua se extraía mediante bombas desde un pozo perforado dentro de la propiedad. Después era calentada en una caldera y distribuida por tuberías hacia las distintas áreas del complejo.

Recién inició el negocio, mi bisabuelo calentaba la caldera con leña; luego con chapopote. El vapor alcanzaba temperaturas muy relajantes para las personas, así que cada vez llegaban más clientes”, recordó.

Con el paso de los años, Baños Lucita llegó a contar con baños de vapor generales e individuales, regaderas, vestidores y dos albercas abiertas al público.

Lavaderos con los que se inició el negocios de Baños de Vapor. Foto: Luz Elena Escobar

Un punto de reunión para generaciones

Baños Lucita se convirtió en parte de la vida cotidiana de curtidores, obreros, oficinistas y familias enteras, que encontraban ahí un espacio para descansar después de la jornada laboral.

También era una parada obligada para cientos de sanjuaneros que atravesaban León rumbo a San Juan de los Lagos. Ahí descansaban, se bañaban y recuperaban fuerzas antes de continuar su peregrinación.

Entre los clientes existía una tradición muy peculiar. Muchos hombres llevaban huevos crudos para cocerlos sobre las tuberías calientes del vapor y, al terminar el baño, los comían con limón y salsa de botella.

Los domingos el ambiente cambiaba. Familias completas acudían para disfrutar de las albercas y pasar la tarde conviviendo.

Muere Don Rafael López

Tras la muerte de Don Rafael López Gomar, la administración quedó en manos de sus hijas Gabriela y Guadalupe López Saldado, quienes mantuvieron abierto el establecimiento hasta antes del año 2000.

Hermanas Gabriela (der) y Guadalupe (izq) López Salado. Administradoras de Baños Lucita. Al centro su mamá María Salado Torres y esposa de Rafael López Gomar. Foto: Cortesía de la familia

Posteriormente el negocio pasó a manos de otros familiares. Sin embargo, la afluencia de clientes disminuyó paulatinamente hasta que, en 2011, Baños Lucita cerró sus puertas de manera definitiva, poniendo fin a 80 años de historia.

Hoy el silencio reemplazó al vapor. La maleza invade las antiguas instalaciones; las regaderas están cubiertas de óxido y sarro, las albercas permanecen vacías y los pasillos acumulan polvo. Aun así, el inmueble sigue en pie, conservando la memoria de generaciones de leoneses que encontraron en Baños Lucita mucho más que un lugar para bañarse: un espacio de descanso, convivencia y tradición.

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