En el futbol, el director técnico tiene a un capitán que baja las señales a la cancha. En las grandes empresas, el presidente del consejo tiene al CEO. En el gobierno de México, ¿quién opera el poder de la presidenta Claudia Sheinbaum?
¿Cuántas inversiones están detenidas porque la mandataria debe atender mil asuntos al mismo tiempo: cuidar su relación con el presidente Donald Trump, con el Ejército y con los gobernadores, además de verificar que le conecten la electricidad a una armadora en Aguascalientes?
Sheinbaum parece entender los problemas que le plantean los empresarios. Pregunta, detecta obstáculos, identifica al funcionario involucrado y da instrucciones. El lío empieza después.
Una inversión requiere un permiso de Medio Ambiente, energía de la CFE, agua de la Conagua, incentivos de Economía, recursos de Hacienda, una carretera federal, un acceso estatal y una licencia municipal.
Entonces, la orden que salió completa de Palacio Nacional llega partida en ocho pedazos a la administración pública. Cada secretario o director asegura que atiende su parte, pero nadie, salvo ella, tiene el poder para destrabar un conflicto entre muchas “jefas y jefes”.
Por eso conviene una figura que transmita la fuerza de la presidenta, coordine a las secretarías, persiga pendientes y regrese con resultados, no con explicaciones.
Esta semana apareció una respuesta que parecía apuntar en esa dirección, pero creo que quedó corta.
El gobierno publicó el nuevo Reglamento Interior de la Oficina de la Presidencia de la República. ¿El mensaje que percibo? Que todo debe seguir subiendo hasta la presidenta, quien, como todos, sólo tiene 24 horas al día.
Antes, rescato lo positivo: la arquitectura que colocaron alrededor de la Secretaría Técnica del Gabinete. Destaca la creación de una Coordinación General de Asuntos Intergubernamentales y Participación Social.
El nombre es largo y burocráticamente aburrido, pero sus facultades pueden resultar útiles.
Debe mantener comunicación con las dependencias federales, dar seguimiento a los acuerdos de la presidenta y relacionarse con gobiernos estatales y municipales para garantizar la ejecución de programas y proyectos estratégicos. Bien. Esa oficina comunica.
Porque una empresa que construye una fábrica no distingue entre una atribución federal, estatal o municipal. Necesita electricidad, agua, calles, seguridad, permisos y una fecha para empezar a operar.
Cuando una sola autoridad falla, retrasa el proyecto completo. Conviene, por tanto, que la información fluya.
Luego está la Secretaría Técnica del Gabinete, que seguirá los avances físicos y financieros de los proyectos prioritarios y reportará directamente a la presidenta. La Jefatura de la Oficina apoyará su instrumentación.
Después, la Secretaría Particular transmitirá instrucciones y podrá procurar que los asuntos sean atendidos no sólo por las oficinas presidenciales, sino también por las dependencias y entidades responsables.
La Coordinación General de Asesores reunirá información económica, política y social para ayudar a Sheinbaum a tomar decisiones. Y la nueva coordinación intergubernamental debe conectar esas decisiones con gobernadores y alcaldes.
Ahí hay muchas personas y permanece abierta una pregunta fundamental:
¿Quién manda?
El reglamento establece que las unidades de apoyo técnico de la Presidencia tienen la misma jerarquía. Así que ninguna tiene preeminencia sobre las demás y todas dependen directamente de Sheinbaum.
Sobre el papel, avanzamos, porque ya hay varias piezas. Falta que México tenga una oficina que vea el proyecto completo antes de ir a tocar la puerta presidencial.
Falta un despacho que no celebre otra “mesa de trabajo”, sino que mueva un permiso detenido desde hace seis meses, consiga una fecha para la conexión eléctrica o mueva a un municipio que no libera el uso de suelo.
Las inversiones no se destraban con porcentajes de avance en una presentación, sino cuando alguien llama al responsable y pregunta:
¿Quiúbole? ¿Qué pasó? ¿Qué te falta? La nueva estructura permite esas preguntas.
Pero ¿ante quién deben responder todos? Parece que todos vuelven a topar donde topaban.
Ojalá me equivoque y pronto veamos fluir inversiones urgentes, particularmente en infraestructura energética.