Desde la semana pasada, la Presidenta Sheinbaum ha estado anunciando que al concluir la Copa Mundial FIFA 2026, su Gobierno iniciará un debate para regular la Inteligencia Artificial (IA). Este lunes mencionó también que el debate se sustentará en la encíclica que emitió el Papa sobre este tema, a la que calificó como una crítica a la IA.
De entrada, regular a la IA con sustento en una carta encíclica de la Iglesia Católica sería contrario al artículo 40 constitucional, que señala que es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República laica. Para haberse inspirado supuestamente en Benito Juárez, el movimiento de la 4T ha olvidado muy rápidamente lo mucho que este personaje luchó por separar a la Iglesia del Estado, pero la congruencia en los principios nunca ha sido una prioridad para el oficialismo. Urge controlar la narrativa pública digital, y si el Papa dijo algo de utilidad para la causa, con mucho gusto le concedemos un espacio en la exposición de motivos.
La verdad es que no es difícil encontrar en la carta encíclica los párrafos que atrajeron la atención de la Presidenta, o de su equipo. En el documento, que se publicó en mayo de este año, el Papa incluyó un apartado titulado “La verdad como bien común”, en el que expone que las plataformas digitales y los sistemas de IA son herramientas que podrían favorecer el debate y la participación, pero se utilizan a menudo “para construir narrativas sesgadas y difuminar los límites entre lo verdadero y lo falso, mezclando datos y opiniones”. Según la encíclica, la “desinformación no surge con la IA, pero encuentra hoy en ella un potente multiplicador” y la “posibilidad de manipular contenidos, imágenes y videos expone a los ciudadanos a perspectivas parciales o engañosas”.
Casi puedo apostar a que es el párrafo favorito de la Presidenta. Es el soporte perfecto para todos los esfuerzos que ha hecho su Gobierno por “desmentir” a los periodistas incómodos como es el caso de Infodemia, el “Derecho de Réplica” de Luisa Alcalde, y la obligación de los medios noticiosos de distinguir la información de la opinión, como parte de los derechos de las audiencias, a cargo de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones. No hay que olvidar que “no mentirás” es un mandamiento de la Iglesia Católica, no una disposición del Código Penal. No es lo mismo rezar cinco “padres nuestros”, que enfrentar demandas instauradas por el propio Gobierno con recursos públicos, ser exhibido a nivel nacional en la conferencia mañanera, y correr el riesgo de multas millonarias, la revocación de una concesión, o incluso amenazas de muerte, como ocurre con muchos periodistas.
Si ya vamos a considerar la carta encíclica “Magnifica Humanitas” para regular la IA, entonces tal vez habría que tomar en cuenta que el Papa también se pronunció en contra de la victimización, la polarización y el resentimiento. La encíclica señala que ha reaparecido “la tentación de construir la identidad colectiva contra un enemigo, alimentando narrativas en las que cada uno se presenta como víctima legitimada para la revancha” y que “la política recurre con facilidad a la desinformación, a la ridiculización del adversario y a la construcción sistemática de miedos y resentimientos”. El Papa explica además que “existe un idealismo que, para salvar su propia visión del mundo, selecciona los hechos, los manipula, los renombra y termina habitando una realidad construida a la medida de sus propias convicciones”. Cualquier parecido con la mañanera es mera coincidencia.
La única manera de evitar el control de la narrativa por unos cuantos es permitiendo la diversidad. Sin duda se puede emitir regulación sobre la IA, pero el objetivo no debe ser definir quién controla la información, si sus desarrolladores o las autoridades, sino permitir una diversidad orgánica y espontánea de las ideas con los límites mínimos necesarios, y evitar siempre la censura.