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Mundiario 06 Aug, 2026 01:59

El Niño amenaza con arrastrar al hambre a 50 millones de personas para el 2027

El fenómeno climático de El Niño vuelve a situarse en el centro de las preocupaciones internacionales. Pero esta vez no solo por las temperaturas récord, las sequías o las inundaciones. La advertencia del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas introduce una dimensión mucho más inquietante: si las previsiones meteorológicas se cumplen, entre 49 y 50 millones de personas adicionales podrían verse arrastradas a una situación de hambre aguda antes de finales de 2027, lo que eleva de forma significativa una crisis alimentaria que ya afecta a cientos de millones de personas en todo el planeta.

No se trata únicamente de una predicción climática. Detrás de esa cifra existe una compleja combinación de factores donde convergen el calentamiento global, la vulnerabilidad de los sistemas agrícolas, los conflictos armados, el aumento de los precios internacionales de los alimentos y el progresivo debilitamiento de la financiación destinada a la ayuda humanitaria. El resultado es un escenario que preocupa tanto a meteorólogos como a economistas, gobiernos y organizaciones internacionales.

El Niño es un fenómeno climático natural que se produce cuando las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial experimentan un calentamiento anómalo durante varios meses. Ese incremento de temperatura altera la circulación atmosférica global y modifica profundamente los patrones de lluvia y temperatura en numerosos continentes.

Aunque aparece de forma periódica desde hace siglos, el episodio actual presenta características especialmente preocupantes. Los modelos climáticos apuntan a una probabilidad muy elevada de que alcance una intensidad excepcional, posiblemente la mayor desde mediados del siglo XX, mientras el calentamiento global añade un efecto multiplicador sobre sus consecuencias.

Las alteraciones previstas no afectarán a todas las regiones por igual. Mientras algunos territorios recibirán precipitaciones extraordinarias e inundaciones, otros sufrirán largos periodos de sequía que comprometerán cosechas enteras.

La agricultura, primer eslabón de una cadena de crisis

El principal motivo por el que El Niño puede desencadenar una crisis alimentaria mundial reside en su impacto sobre la producción agrícola. Gran parte de la agricultura de los países más vulnerables continúa dependiendo directamente de las lluvias estacionales. Cuando los monzones llegan tarde, las precipitaciones desaparecen durante semanas o las inundaciones destruyen los cultivos, millones de pequeños agricultores pierden simultáneamente su producción y sus ingresos.

El PMA estima que el mayor deterioro proporcional de la seguridad alimentaria podría registrarse en Centroamérica, donde el número de personas afectadas aumentaría alrededor de un 83 %. En el sur de África el incremento rondaría el 75 %, mientras que América Latina y el Caribe sumarían más de 16 millones de nuevos afectados. En África oriental cerca de 18 millones de personas podrían ver comprometidos sus sistemas agrícolas, mientras que en Asia y el Pacífico unos 8,2 millones adicionales entrarían en situación de crisis debido al retraso de los monzones y a las sequías agrícolas.

Estas cifras reflejan que el problema no consiste únicamente en producir menos alimentos, sino en que millones de familias dependen exclusivamente de esas cosechas para alimentarse y obtener ingresos.

Durante los últimos años, numerosos países ya han sufrido el impacto acumulado de guerras, inflación y disrupciones comerciales. A ello se suma ahora la presión que ejercen las tensiones en Oriente Próximo sobre los costes energéticos y el transporte marítimo, elementos que terminan repercutiendo en el precio internacional de los cereales y otros productos básicos.

En otras palabras, incluso cuando algunos mercados agrícolas mantienen reservas relativamente estables, el acceso a esos alimentos puede deteriorarse rápidamente para millones de personas debido al incremento de los precios; una combinación que convierte una crisis climática en una crisis económica y social mucho más amplia.

Las agencias humanitarias denuncian que los recortes presupuestarios de numerosos países donantes han reducido considerablemente su capacidad para recopilar información sobre el terreno; de hecho, las encuestas alimentarias realizadas entre los hogares vulnerables han disminuido de forma notable respecto a años anteriores, lo que dificulta la detección temprana de nuevas crisis y retrasa la respuesta internacional.

En materia humanitaria, disponer de datos fiables resulta casi tan importante como distribuir alimentos. Detectar una sequía meses antes permite enviar semillas resistentes, realizar transferencias económicas o reforzar las reservas alimentarias antes de que aparezca una hambruna.

Mucho más que un fenómeno meteorológico

Precisamente por ello, tanto el PMA como la FAO han impulsado por primera vez un llamamiento conjunto centrado en la acción anticipatoria frente a El Niño, bajo una lógica económica muy sencilla: actuar antes del desastre resulta mucho menos costoso que intervenir cuando la crisis ya se ha desatado.

Según las estimaciones manejadas por el PMA, cada dólar invertido en medidas preventivas puede ahorrar entre tres y siete dólares en futuras operaciones de emergencia, además de reducir considerablemente las pérdidas agrícolas y evitar desplazamientos masivos de población.

Ese planteamiento explica la movilización de recursos para financiar semillas adaptadas a la sequía, sistemas de alerta temprana, reservas de agua, ayudas económicas directas y protección del ganado antes de que las condiciones climáticas empeoren. La advertencia lanzada por Naciones Unidas pone de manifiesto que El Niño ya no puede interpretarse únicamente como un episodio climático periódico.

En un contexto marcado por temperaturas oceánicas sin precedentes, conflictos internacionales, mercados extremadamente sensibles y millones de personas que ya viven al límite de la inseguridad alimentaria, cualquier alteración significativa de las lluvias puede desencadenar efectos en cascada sobre la economía mundial.

La previsión de hasta 50 millones de nuevos afectados por hambre aguda no constituye una certeza inevitable, sino un escenario elaborado a partir de los modelos climáticos actuales y del análisis de la vulnerabilidad de las regiones más expuestas. Sin embargo, la experiencia de anteriores episodios de El Niño demuestra que las consecuencias suelen prolongarse mucho más allá del momento en que desaparece el fenómeno atmosférico.

Las cosechas perdidas, el endeudamiento de los agricultores, el deterioro de los mercados locales y el aumento de los precios pueden extender sus efectos durante varias campañas agrícolas, convirtiendo un episodio climático de unos meses en una crisis alimentaria de varios años. @mundiario

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