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Mundiario 19 Aug, 2026 21:47

Trump deja a la ayuda humanitaria ante un dilema histórico: menos dinero y más necesidades

La emergencia humanitaria mundial afronta una paradoja cada vez más difícil de sostener: nunca hubo tantas personas necesitadas de auxilio y, al mismo tiempo, tan pocos recursos para atenderlas. El repliegue de Estados Unidos bajo Donald Trump ha acelerado una crisis de financiación que amenaza con convertir la asistencia internacional en una cuestión de prioridades imposibles.

Las cifras explican mejor que cualquier discurso la dimensión del problema. A finales de mayo de 2026, más de 252 millones de personas necesitaban asistencia humanitaria y protección, mientras los planes internacionales apenas habían recibido una cuarta parte de los fondos requeridos. De los 33.660 millones de dólares necesarios, solo se habían movilizado 8.210 millones.

El resultado no es simplemente un agujero presupuestario. Cada dólar que no llega implica decidir qué programa se mantiene y cuál se reduce: alimentos, agua potable, medicamentos, refugio o protección. Tom Fletcher, responsable de Asuntos Humanitarios de la ONU, ha resumido el dilema con crudeza: el sistema ya no está haciendo «más con menos», sino «menos con menos».

La presión se dispara además en escenarios como Gaza, Sudán, Somalia o Bangladesh, donde millones de personas dependen de una asistencia que está perdiendo capacidad para responder.

El giro de Trump deja un vacío difícil de cubrir

El cambio de Estados Unidos resulta determinante. Washington aportó en 2024 unos 14.100 millones de dólares a la ayuda humanitaria, cerca del 38% de la asistencia de emergencia registrada por Naciones Unidas. Un año después, esa cifra cayó hasta los 6.400 millones.

La reducción de la ayuda exterior estadounidense y el desmantelamiento de buena parte de USAID han tenido un efecto que va más allá de las fronteras norteamericanas. Otros grandes donantes también han reducido sus aportaciones, mientras potencias como China no han compensado el retroceso occidental mediante el sistema humanitario multilateral.

Así se configura un peligroso efecto dominó: cuando el principal financiador se retira, los demás encuentran más difícil asumir el coste de mantener una red diseñada durante décadas.

Menos recursos y más ataques contra quienes ayudan

El dinero no es el único problema. La seguridad del personal humanitario también se ha deteriorado. Al menos 326 trabajadores fueron asesinados en 21 países durante 2025, elevando a más de un millar los fallecidos en los últimos tres años.

La situación demuestra que la crisis tiene dos caras inseparables. Las organizaciones disponen de menos recursos para llegar a las víctimas y, cuando consiguen hacerlo, sus trabajadores afrontan riesgos crecientes.

Las consecuencias pueden ser enormes. Estudios citados en el texto original estiman que el retroceso de la financiación estadounidense podría traducirse en millones de muertes evitables antes de 2030, especialmente entre los niños.

El problema, por tanto, no es únicamente cuánto dinero falta. Es qué ocurre cuando la solidaridad internacional deja de considerarse una prioridad. El planeta dispone de recursos suficientes; la cuestión decisiva es cómo y dónde decide utilizarlos. @mundiario

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