MORELIA, Mich., 30 de marzo de 2026.- José María, Chema para los cuates, tiene 50 años, es de oficio albañil, pero desde hace años también se dedica a limpiar los parabrisas de automóviles en los semáforos. Inició en la salida a Salamanca y actualmente tiene poco que lo hace en El Pípila.
El hombre de aspecto curtido por el sol y por la calle, luce delgado. Interrumpe su actividad y accede a platicar con Quadratín para contar que tiene trabajo como albañil, pero cuando escasea no puede quedarse sin sacar dinero y entonces llega a la zona del Pípila para sacar lo del día.
"Pa' qué me quejo, sí sale, echándole ganas sí sale, aquí depende de uno, si le chingas sale, si no pus es de que no sacas", expresa.
La vida en la calle es dura y cuando llegas a una zona te enfrentas a los que ya están ahí, esto le ha pasado a Chema. Ahora elimina los muchachos que había ya no están se han ido yendo o desaparecieron, expresa, "se veían pues mal, porque quién sabe, se desaparecieron o se han de haber ido allá a las orillas andaban mal los chavos, pero ya no están los chavos".
Cuando llega a estas zonas de tráfico revisa si ya hace un buen día esto depende del tráfico que haya, "ya que haya unas dos, tres o cuatro hileras ya está bueno porque a veces nomás hay de dos y ahí no, ahí en un mediodía no sacas nada", expresa.
En el todo el tiempo que lleva trabajando como lipa parabrisas nunca ha tenido problemas con nadie, dice, la gente se porta depende cómo le llegue, "porque si le llegas agresivo pus cualquier persona te va contestar agresivo, hay que trabajar bien, hacer lo que es y ya, la que quiera bien y la que no quiera pues no".
Sí hay una mejor temporada para los limpiaparaparabrisas, reconoce Chema,"cuando es el calor pues sí hay feria, pero ya cuando empiezan a llegar estos climas de que nubladito y acá, pues ya la gente dice: 'no, pues se va a ir a lavar el vidrio ya pa' qué', y ya no te dejan tanto y se baja y se baja esto, no te cae feria".
Entre sonrisas Chema confiesa que tiene varios hijos, tiene hijos casados pero también tiene algunos que dependen de él, en concreto tres: uno de 15, otro de siete y una niña de cuatro años, "gracias a Dios de aquí he sacado pa' darles de comer".
Chema reconoce el riesgo de andar entre los autos, sabe que debe de cuidar cada reflejo para evitar ser atropellado, porque si se descuida puede ser fatal. Hasta hoy no le ha pasado nada, es un trabajo difícil pero también le permite entrar a la hora que él quiera y nadie le dice nada -se ríe-
Está al pendiente porque saliendo otro trabajo del albañil, se va a ir hasta que escasee otra vez esa chamba, y entonces sabe que regresará a las calles, a sortear vehículos por monedas, y otra vez debe tomárselo con calma, tener cuidado y seguir adelante porque el hambre no sabe de esperas.
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