Anfield vivió una de esas noches que duelen más allá del resultado. El Liverpool cayó ante el PSG y quedó eliminado de la Champions League en lo que fue también la despedida europea de Mohamed Salah con la camiseta red. La lluvia acompañó una escena cargada de emoción y final.
El equipo de Luis Enrique no especuló. Salió a competir con personalidad pese a la ventaja de la ida y resistió los momentos de mayor empuje local. Supo sufrir y elegir cuándo golpear, una virtud imprescindible en eliminatorias de este calibre.
El Liverpool reaccionó tras el descanso con más energía e intención. Empujó con orgullo, acumuló llegadas y generó sensación de peligro, pero le faltó claridad en los últimos metros. El penalti anulado por el VAR simbolizó esa frustración constante.
Cuando el partido parecía inclinarse hacia la épica inglesa, apareció el golpe definitivo. Dembélé aprovechó los espacios en transición para firmar el 0-1 y, ya en el añadido, sentenciar con el segundo. Fue el final de cualquier esperanza.
El PSG avanza con autoridad a semifinales y refuerza su candidatura al título. El Liverpool, en cambio, se despide con la sensación de haber competido, pero sin la contundencia necesaria. Y Salah, símbolo de una era, se marcha de Europa entre lágrimas. Al igual que Arne Slot, que sabe que esta eliminación marca el fin de su ciclo con los Reds, con Xabi Alonso como su más que seguro reemplazo. @mundiario