
Desde antes de que el reloj marcara la hora, la historia ya se estaba contando afuera del Estadio Francisco I. Madero. Las indicaciones eran claras: puertas abiertas a las 5:30 de la tarde para el Opening Day, pero la afición de los Saraperos de Saltillo llegó mucho antes, como si temiera perderse un solo instante del regreso de su equipo.
Las calles aledañas se transformaron en una pasarela verde. Jerseys de distintas épocas, gorras desgastadas por los años y otras recién estrenadas, familias completas y grupos de amigos caminando con el mismo destino. No era solo un juego; era una cita con la memoria. El Madero comenzó su fiesta temprano, con música que marcaba el ritmo de la espera, aromas que salían de los puestos de comida y dinámicas que atrapaban a chicos y grandes.