
La historia que voy a contar es real. Eso puede quitarle interés, pues la realidad suele ser poco interesante, al menos en lo general. ¿Por qué llegaron a interesar tanto hace ya años los llamados “reality shows”? Porque no eran reales. Es cierto: a veces la realidad consiste en la batalla de Waterloo, o en la Segunda Guerra Mundial, y entonces sí se pone interesante. Pero ésa es una excepción. En promedio la realidad es más aburrida que un mal sermón, y largo. Mi historia de hoy trata de dos señoras, amigas entre sí, que cierto día fueron a Las Vegas. Lo hacían frecuentemente, pues les gustaba mucho el juego. Distraían dinero del gasto; hurgaban en la cartera del marido; vendían esta joyita o aquélla; pero siempre se lograban juntar dinero para el pasaje de avión, el hotel y la jugada.