QUERÉTARO, Qro., 18 de abril de 2026.- Desde las alturas de la Sierra Gorda de Querétaro se extiende un paisaje que, a simple vista, parece un océano suspendido entre montañas. Sin embargo, más allá de la imagen escénica, este territorio resguarda una de las historias geológicas más antiguas de la región.
Sus cumbres, que en numerosos días sobresalen entre un mar de nubes debido a su gran altitud, están conformadas principalmente por rocas sedimentarias de origen marino, en especial calizas. Estos materiales se formaron cuando esta zona permanecía cubierta por el mar hace millones de años, en una era en la que el territorio queretano era fondo oceánico.
Con el paso del tiempo y el impulso de los movimientos tectónicos de la Sierra Madre Oriental, aquellos antiguos sedimentos fueron elevados, dando origen a sierras, cañones profundos y cimas que hoy rebasan los tres mil metros sobre el nivel del mar. En distintos puntos de la región se han localizado fósiles marinos, vestigios que confirman ese pasado sumergido que aún permanece registrado en la piedra.
La compleja orografía y la altitud favorecen la formación constante de niebla y nubes bajas, lo que genera postales en las que las montañas parecen emerger directamente del cielo. Sobre este sustrato geológico se desarrollan ecosistemas diversos, que van desde selvas hasta bosques templados, consolidando a la Sierra Gorda como una de las regiones con mayor riqueza natural del país.
De esta manera, la Sierra Gorda no solo se observa, sino que se interpreta: un territorio donde la geología, el clima y la biodiversidad convergen como testigos visibles de una historia que comenzó en el fondo del mar y que hoy se eleva hasta las nubes.
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