
El accidente en Chihuahua, donde murieron dos agentes de la CIA, no sólo muestra una violación de Estados Unidos a los acuerdos de cooperación en materia de seguridad con México, sino que refleja la crisis de credibilidad por la que atraviesa Palacio Nacional. La presidenta Claudia Sheinbaum pidió ayer al gobierno de Chihuahua y a Estados Unidos explicar la operación de los agentes en territorio mexicano porque, como subrayó, “no es menor lo que sucedió”. De hecho, ella no lo sabe; es mucho más grave, delicado y profundo de lo que se puede imaginar.
Los agentes murieron en la madrugada del domingo en una carretera en la Sierra Tarahumara, al regresar de un operativo a cargo de la Agencia Estatal de Investigación (AEI) en la comunidad de El Pinal, municipio de Morelos. Viajaban a toda velocidad por la serpenteante terracería en un convoy de cinco vehículos, encabezado por un Rhino blindado, el cual es utilizado en operaciones especiales por corporaciones policiales. En una curva, el Rhino giró, pero el segundo vehículo, entre lo oscuro de la mañana y la polvareda, se siguió de frente.